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Lentejas (BLW)

(Tutaj masz ten post po polsku!)
 
Esta entrada estrena dos tipos de entradas diferentes: por una parte, las recetas fáciles o recetas para torpes, que cualquiera puede hacer sin necesidad de saber cocinar; por otra parte, las recetas con “BLW” entre paréntesis, lo que significa que son aptas para hacer si tienes un “bebé/niño BLW” en casa. (Explico brevemente de que va lo de BLW en esta entrada, en el cuarto párrafo). Con ellos pretendo, siguiendo en cierto modo la línea de Cristina Madre y Autónoma, compartir la idea de que no hace falta saber cocinar de manera espectacular para alimentar a un bebé/niño, ofreciendo algunas recetas fáciles como ejemplo (es posible que también ponga recetas más elaboradas en un futuro, pero creo que será fácil ver la diferencia y, además, las fáciles tendrán la etiqueta de “Recetas para torpes” 😀 ).
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En español·Maternidad·Niños·Reflexiones

La guardería y la reacción de los niños, especialmente cuando empiezan

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Mis padres me han dicho que cuando empecé a ir a la guardería los fines de semana tenía pánico de salir de casa, por miedo a que me llevaran allí otra vez (¿y yo qué sabía que los fines de semana no se iba?) A veces nos olvidamos de que la forma que tienen de entender el mundo los niños no tiene nada que ver con la forma de entenderla que tenemos nosotros… Yo a veces me pregunto qué pensará Antek del hecho de que Tata (“papá” en polaco) se vaya de casa por la mañana y no vuelva hasta la tarde. Lo que está claro es que no piensa “ah, claro, papá va a trabajar, porque es necesario para ganar dinero y así poder vivir”, sería un monstruito superdotado si pensara algo así (digo monstruito porque personalmente me daría miedo que con solo 14 meses fuese tan inteligente…) Una de las cosas que yo imagino que piensa es que Tata se va a un parque super chachi a tirarse por toboganes y jugar con columpios (una de las razones por las que a Antek le gusta salir de casa es para ir al parque y supongo que él no pensará que Tata se va de casa a hacer algo que no le gusta, entonces seguro que es algo que le gusta, entonces seguro que es para ir al parque). ¿Qué piensa un niño cuando lo dejamos en una guardería? Ni idea, pero una cosa es segura, al menos los primeros días no está seguro de si vamos a volver a por ellos o no, y por eso lloran y sienten pánico ante esa separación. Un niño, si por él fuera, no se separaría en todo el día de sus padres, por lo tanto él no entenderá que un padre quiera (él no sabe que no se trata de querer sino de tener que) separarse de él.

En el libro Comer, Amar, Mamar, Carlos González menciona como algunas reacciones típicas ante la separación son pegarse como una lapa a la madre y exigir atención continua, mostrarse aparentemente tranquilo y colaborador cuando está en la guardería, desmoronarse en cuanto sale de ella… No obstante, con frecuencia tendemos a pensar que si el niño no llora mientras está en la guardería, es que ya está adaptado y todas las reacciones que puedan aparecer antes o después de la guardería (pegarse como una lapa, desmoronarse, etc.) son más bien un intento de llamar la atención o incluso “tomar el pelo”. Quizá deberíamos plantearnos, antes de llegar a semejantes conclusiones, si nosotros lloramos siempre cuando tenemos que hacer algo que no nos gusta o, en caso de estar muy tristes y tener un motivo para llorar, lo haríamos sin parar durante, por ejemplo, dos horas, o lloraríamos un poco y luego pararíamos (no porque el motivo hubiese desaparecido, sino porque nadie se pasa llorando horas). Tal y como dice Carlos González, “el que dejen de llorar, incluso el que ‘saquen pecho’ e intenten soportar con entereza su situación, no significa que dejen de sufrir”. Y es que los niños, nos guste o no, no entienden por qué los dejamos en la guardería (o al menos no lo entienden hasta llegada cierta edad, que dudo que sea antes de los 3 o incluso 4 o 5 años).

Con esta entrada no pretendo decir que no dejemos a los niños en la guardería, ya que a veces no hay otro remedio, sino que es necesario que seamos conscientes de que los niños no lo entienden y quizá deberíamos intentar compersarle esas horas de incomprensible separación con algún paseo, jugando con ellos, dándoles muchos abrazos y besos… que al fin y al cabo es lo único que nos piden para ser felices (y nosotros ingenuos a veces gastando el dinero en otras cosas…) Dejemos de pensar que “nos toman el pelo” porque los niños no son así, esa mezquindad desgraciadamente nos llega en la edad adulta. Los niños lloran cuando nos separamos de ellos porque nos quieren, quieren estar con nosotros y no pueden imaginar la vida sin nosotros (literalmente, no en plan frase romántica como se lo dice alguien a su pareja).

En español·Maternidad·Reflexiones

Los castigos, ¿son necesarios en la educación de nuestros hijos?

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Hoy otro poco de reflexión de madre: los castigos. La verdad es que es un tema que creo que puede dar para mucho, así que me va a ser difícil ir al grano y no enrollarme y es muy probable que me queden cosas en el tintero.

Una vez más mencionaré a Carlos González y las citas suyas que incluya en esta entrada también serán de su libro Creciendo juntos. He de decir que no es que lo que escribe me haya abierto los ojos, sino más bien confirma lo que yo ya pensaba, por si tenía dudas, después de ver en tantas películas y series de televisión a padres castigando a sus hijos sin postre, sin salir, sin ver la tele, sin consola… ¿De verdad esto tiene efecto? Personalmente, no lo creo. ¿Por qué? Porque a mí mis padres nunca me castigaron y la verdad es que yo me siento muy orgullosa con el modo de educarme que tuvieron mis padres (ojalá pueda hacerlo la mitad de bien con Antek): nunca me he metido en líos chungos, nunca he probado el tabaco, nunca he probado ninguna droga, el alcohol lo consumí porque algo tenía que caer, pero fui consciente en el momento en que empezaba a pasarme, decidí poner freno al asunto y lo puse. Además, soy respestuosa, tolerante y nunca le hago a nadie daño a propósito (todos podemos hacer daño sin querer y eso es normal). Creo que soy bastante trabajadora, aunque tampoco en exceso, también tengo mis momentos vagos. En fin, que creo que por no castigarme no crearon un monstruito, por lo tanto mi postura es anticastigos, como ya supondríais.

Carlos González también empieza su capítulo sobre los castigos explicando que a él tampoco lo castigaron nunca y que él tampoco ha castigado a sus hijos. No obstante, una página más adelante menciona que sí recibió castigos, en la escuela, y me parece muy curioso lo que comenta:

“Sí que recibí castigos en la escuela. Algunos deberes extra, algunos reglazos, algunos minutos sin recreo. No recuerdo que ninguno de esos castigos me impulsase a portarme mejor; al contrario, cuando sentía que el castigo era injusto, cuando por ejemplo castigaban a toda la clase por un jaleo en el que yo no había participado, pensaba ‘ahora tengo derecho a hablar en clase, porque ya he pagado el precio’. Por cierto, lo de poner deberes extra (una redacción, cinco multiplicaciones…) como castigo nunca lo he entendido. Un castigo, por definición, debe ser algo malo. Y los deberes se supone que son buenos (o al menos eso opinan los profesores que ponen deberes; yo no estoy muy seguro). ¿Cómo puedes pretender que los alumnos hagan los deberes contentos, si al mismo tiempo les estás diciendo que es un castigo? No se puede castigar a los niños a hacer los deberes, como no se les puede castigar a leer, a comer fruta o a recoger la habitación, porque les estaríamos diciendo que esas cosas son malas.

Tampoco me impulsaban los castigos a respetar más al profesor. Siempre preferí a los profesores que no castigaban. Muy pronto me di cuenta de que los mejores profesores no castigaban, porque sabían imponer su autoridad sin recurrir al castigo. Los mejores no necesitaban ni siquiera gritar, amenazar o reñir; simplemente los respetábamos.”

Por otra parte, la relación de los castigos con la comida merecería una entrada diferente, del mismo modo que mereció un libro diferente por parte de Carlos González (Mi niño no me come, que también recomiendo a toda madre, tanto si tiene el problema como si no, de hecho lo ideal es leerlo antes de que el niño empiece con la alimentación complementaria, aunque creo que también puede ayudar mucho después). No obstante, dejo aquí la mención que hace en Creciendo juntos, por si alguien quiere empezar a reflexionar sobre el tema:

“Un último ejemplo: la comida. (…) Cuando su hijo no quiera comer, pues que no coma. Y así experimentará las consecuencias: dentro de unas horas, tendrá más hambre. Si no ha comido, ya merendará, o ya cenará. Pero, una vez más, eso no es una técnica de modificación de conducta. O, al menos, no de modificación de la conducta del niño. Porque la conducta del niño es la correcta: si no tengo hambre, no como; si tengo hambre, sí como. Si todo el mundo hiciera lo mismo, habría en el mundo mucha menos obesidad y mucha menos anorexia y bulimia. Es la conducta de los padres la que era inadecuada, es absurdo hacer comer a un niño que no tiene hambre o poner el abrigo a uno que no tiene frío”.

Sé que hay muchos padres que tienen miedo de que su hijo no coma suficiente e intentan obligarlo a comer cuando no quiere, creando las típicas escenitas de la cuchara avión, de “venga, venga, que se lo va a comer Menganito”, de poner dibujos para que coma sin ser consciente de que come… Cuando probablemente lo mejor sería dejar que no comiera. Más tarde tendrá hambre. Si más tarde puede comer, comerá. Si no puede, entenderá que tenía que haber comido más antes y quizá lo entienda para la próxima ocasión. Lo bueno que tienen los niños en este aspecto es que no viven bajo presiones sociales o siguiendo horarios como nosotros. Ellos no saben que por la mañana hay que desayunar, al mediodía comer y por la noche cenar. No saben que es posible tomar algo a media mañana o para merender. ¿Cómo entienden ellos esto? Tengo hambre, como; no tengo hambre, no como. Realmente tiene lógica. Los horarios, las palabras como “desayuno”, “comida”, “cena”, surgieron de la necesidad de crear un horario para las comidas porque no se podía comer en el trabajo (mientras se trabajaba), o al menos eso es lo que yo me imagino. Pero realmente lo natural es comer cuando tenemos hambre y, tal y como dice Carlos González, si así hiciéramos todos, habría menos obesidad y menos anorexia. Bueno, había dicho que no me extendería con el tema de la comida y menudo párrafo que me está quedando… Así que lo dejo aquí.

Para terminar, dejo un último párrafo de Carlos González, en el que habla del perdón, que ya he puesto en mi muro de facebook. Por si alguien no lo ha visto:

“¿En qué libro moderno sobre educación de los hijos han leído que se les pueda perdonar? Todo lo que yo leo trata de venganzas, digo ‘castigos’, digo consecuencias, o, en el mejor de los casos, de otras técnicas de modificación de conducta, de estrategias destinadas a lograr que el hijo obedezca, que no repita su falta. ¿Realmente modificar la conducta de nuestro hijo es más importante que quererlo con locura?”

Y una viñeta que he sacado del grupo polaco de facebook “Ocenianie zabija potencjał“:

[Traducción: Hijo, cuando seas mayor, me gustaría que fueras asertivo, seguro de ti mismo y valiente. Pero ahora, mientras eres pequeño, quiero que seas pasivo, educado y sumiso.]

cocina·En español·Galletas·repostería

Galletas crujientes de almendra

(Ten post nie będzie po polsku bo przepis jest tutaj).

Ayer hice unas galletas crujientes deliciosas, con mucha almendra, es decir, para los amantes de la almendra. La receta no ha salido probablemente como tenía que salir, porque se suponía que tenía que poder amasar y cortar, pero quedó más bien pegajosa y no era posible amasar. Como a mí amasar no me gusta mucho, pasé de echarle más harina y ponerla “amasable” y lo que hice fue meterla a cucharazos en la bandeja del horno, a ver qué salía. El resultado: unas deliciosas galletas finitas y crujientes de almendra (yo en el horno metí bolas, pero con la calor se derritieron y quedaron como láminas). La receta la saqué de un paquete de azúcar polaco, Diamant, la receta está también en internet, por si a alguien le interesa, aquí.

Ingredientes:
– 160 g de azúcar glas
– 150 g de mantequilla fría
– 200 g de almendras (no tengo muy claro qué quería decir la palabra que aparecía aquí en polaco, seguro que no eran enteras, pero tampoco eran molidas; yo lo que hice fue meterlas en esto que venía con la batidora, que si le das fuerte las deja “hechas polvo” y si le das menos las trocea, de manera que quedaran mitad y mitad, es decir, había parte de la almendra en plan polvo y parte en trozos de diferentes tamaños. Personalmente me encanta el efecto que le dio a la galleta el hecho de que la almendra estuviera en diferentes tamaños).
– 100 g de harina
– una pizca de sal
– 2 yemas (yo metí un huevo entero y una yema, para que no me quedara una clara colgando, porque la clara sobrante, como veis, es el siguiente ingrediente)
– una clara para “pincelar” las galletas
– un poco de azúcar para echar por encima de la clara, después de pincelarlas
Pasos:
1. Meter todos los ingredientes excepto los dos últimos en un bol.
2. Amasar.
3. Meter la masa (hecha una bola) en la nevera durante media hora (yo para la primera fuente pasé de esperar y para la segunda la tuve creo que unas dos horas en la nevera…)
4. Si te ha quedado una masa “amasable”, pues amasa, corta las galletas y ponlas en una fuente para el horno. La fuente puedes engrasarla con mantequilla o poner papel de hornear que es más cómodo. Si te ha pasado como a mí, coge dos cucharas y vete poniendo la masa en plan bolitas/pegotes en la fuente.
5. “Pincela” las galletas con la clara batida y luego espolvorea un poquito de azúcar (no te pases, que ya son bastante dulces las galletas).
6. Mete la fuente en el horno previamente calentado a 180º durante 12-15 minutos.
¡Que aproveche!
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"Anotaciones de una madre autónoma"

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No sé si esto es normal, pero hoy he decidido hablar en mi blog de otro blog (!) Entre otras cosas, porque creo que va a haber muchas cosas de las que podría haber escrito que ya no escribiré, porque están todas ahí (!!!)


Lo he descubierto hace unos días y me ha encantado, estoy por leérmelo entero, desde sus entradas más antiguas hasta sus últimas entradas, como quien se lee un libro. 

Las entradas que “conquistaron mi corazón” ya las puse en el facebook, pero por si no las habéis visto o por si no os apetecía leerlas os las comento brevemente y voy al grano del por qué me ha “cautivado” tanto este blog. 

Descubrí el blog por medio de un grupo en el que estoy en facebook, BLW de buen rollo, grupo en el que es posible hacer preguntas sobre dudas relacionadas con BLW sin que se te tiren a la chepa (que se agradece). Este blog aparecía en un archivo con páginas web donde es posible encontrar recetas BLW (a todo esto, BLW son las siglas de Baby Lead Weaning, un método de alimentación complementaria para bebés mediante el cual, resumiendo muy muy resumido, lo que haces es que no le das purés al bebé y dejas que coma él solo; además, por lo general, la gente que practica el BLW intenta ser muy consciente de lo que le da a su bebé, evitando el exceso de sal, el azúcar, los alimentos supérfluos o precocinados, etc. Si alguien quiere más información sobre el método que lo escriba en los comentarios o que ponga BLW en Google, “la enciclopedia del siglo XXI”). Anda que… el paréntesis ocupa más que la información en sí de este párrafo, ¡sí que me ha quedado bonito!

La primera entrada que me cautivó de este blog fue “Soy una madre vaga“, en la que me sentí especialmente identificada en las frases siguientes:

“Soy una madre vaga: duermo con M. porque me niego a levantarme por las noches a atenderlo.”
“Soy una madre vaga: no le hago una comida diferente porque no me apetece cocinar dos veces. Le ofrezco la misma comida que nosotros y que él vaya cogiendo lo que quiera.”
“Soy una madre vaga: amamanto a mi hijo para no tener que limpiar, preparar ni calentar biberones”.
“Soy una madre vaga: dejo que M. decida a qué jugar (y si se entretiene solo, mucho mejor), porque no me apetece pensar a mí en eso.”

Luego, me llamó mucho la atención el título “Hay noches y noches“, especialmente porque desde hace unas semanas, las noches preferidas de Antek son aquellas en las que decide montar una fiesta él solo en nuestra cama. (Bueno, empezar esto empezó hace meses, pero a veces hay intervalos en los que duerme bien otra vez, y otros en los que vuelve a “salir de fiesta” con frecuencia). En general las noches que menciona en este post coinciden con las noches que he tenido con Antek, pero la de la juerga me encantó y sobre todo me encantó ver que, tal y como imaginaba, era una fase por la que pasan probablemente la mayoría de los bebés:

“Noches de juerga: M. duerme hasta que se despierta con ganas de fiesta, se pone a gatear, a levantarse y a parlotear. Si intento enchufarlo para que se duerma, voy lista. Hay que esperar a que se agote del todo (suele tardar entre hora y media y dos horas). (…) Al final M. suele dormir hasta más tarde para compensar, con el peligro de acabar con un “síndrome del estudiante”: dormir más de día para irse de juerga por la noche.”

Es que casi me atrevería a decir que ha usado las mismas palabras que yo uso para describir las noches de juerga de Antek y todo. ¡Ya no tengo que escribir sobre eso! Puedo añadir que en una ocasión Antek incluso tardó 3 horas en volverse a dormir, o que hay ocasiones en las que quizá me quedo yo a dormir antes que él… porque no recuerdo cómo ni cuándo se quedó dormido (!)

Para terminar, porque tampoco voy a poneros aquí todo el blog (si os gusta ya iréis a leerlo vosotras mismas aquí -digo vosotras porque ahora mismo no se me ocurre ningún padre que pueda leer esto, yo tengo sobre todo contacto con madres-), la entrada sobre los juguetes, con la que me reí un montón, “10 juguetes caseros“, en la que, al contrario de los textos que había visto hasta ahora con este tipo de título, no se trata de manualidades, sino de aquellas cosas que tu hijo utilizará como juguetes y que lo entretendrán muchísimo más que aquellos juguetes que le has comprado / le han regalado con tanta ilusión. Los juguetes además vienen con puntuación de poder hipnotizador incluido (¡me encanta!) Os dejo los ejemplos de los que más me han gustado, por coincidir con Antek:

“PINZAS PARA LA ROPA. Sacarlas una a una, todo un arte. Poder hipnotizador: 6”

“MÓVIL VIEJO. Sin batería, para evitar disgustos. Poder hipnotizador: 4 (Uno nuevo encendido tiene un poder hipnotizador de 500 […] )”

“BOTELLA DE AGUA CON AGUA. Sonajero bueno, bonito y barato. Si le echas imaginación, hasta puedes sentir que estás en la playa. Poder hipnotizador: 7”

“MANDO A DISTANCIA. Porque hubo un tiempo en el que quien tuviera el mando tenía el poder. Algo debe quedar de eso. Poder hipnotizador: 5”
Maternidad·Reflexiones

Sobre la estimulación de los bebés

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Hoy en día se oye mucho hablar a la gente sobre la estimulación de los bebés. Bueno, al menos es algo que oyes mucho si tienes un bebé. Por eso he decidido escribir hoy un poco sobre este tema, también citando bastante a Carlos González, con quien estoy de acuerdo (y que además tiene información de estudios que apoyan su opinión). De este modo, si alguien tenía pensado darme ideas de cómo estimular a mi bebé o pensaba preguntarme por qué no hago esto o lo otro con él, o como es posible que tiene casi 14 meses y aun no anda solo y no estoy preocupada o intentando estimularlo… pues espero que esta entrada le ayude a entenderlo.

Tampoco es que pretenda convencer a nadie para que opine de manera diferente, cada uno con sus hijos lo hace como cree que es mejor y yo creo que todas las formas, siempre y cuando sean respetuosas de cara a los niños y hechas con cariño, son buenas. Simplemente escribo hoy esto en un intento de que se entienda mi postura. Sigue leyendo “Sobre la estimulación de los bebés”