Maternidad·Reflexiones

Sobre la estimulación de los bebés

(Ten post po polsku tutaj).

Hoy en día se oye mucho hablar a la gente sobre la estimulación de los bebés. Bueno, al menos es algo que oyes mucho si tienes un bebé. Por eso he decidido escribir hoy un poco sobre este tema, también citando bastante a Carlos González, con quien estoy de acuerdo (y que además tiene información de estudios que apoyan su opinión). De este modo, si alguien tenía pensado darme ideas de cómo estimular a mi bebé o pensaba preguntarme por qué no hago esto o lo otro con él, o como es posible que tiene casi 14 meses y aun no anda solo y no estoy preocupada o intentando estimularlo… pues espero que esta entrada le ayude a entenderlo.

Tampoco es que pretenda convencer a nadie para que opine de manera diferente, cada uno con sus hijos lo hace como cree que es mejor y yo creo que todas las formas, siempre y cuando sean respetuosas de cara a los niños y hechas con cariño, son buenas. Simplemente escribo hoy esto en un intento de que se entienda mi postura.

Empiezo citando a Carlos González, directamente, porque él siempre lo explica todo de una forma muy clara. Una vez más, he extraído estos fragmentos de su último libro Creciendo juntos:


“En 2011, reafirmando previas recomendaciones de 1999, la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomendó que los niños menores de dos años no vean la tele (ni vídeos, ni ordenadores u otras pantallas). Y aquí enlazamos con el tema de la hiperestimulación. Hay programas de televisión y DVD presuntamente educativos, que se promocionan como especialmente dirigidos a los bebés. Y al respecto, esto es lo que dice la AAP:

El tiempo de juego no estructurado es más valioso para el cerebro en desarrollo que la exposición a cualquier medio electrónico.

Juego no estructurado. Juego en el que el niño puede hacer lo que quiere, como quiere, cuando quiere, sin tener que seguir las absurdas reglas de los adultos. Porque el juego es demasiado importante en el desarrollo del niño.


Hace décadas se vio que los niños poco estimulados tenían serios retrasos en su desarrollo psicomotor. Ese ‘poco estimulados’ se refería a niños semiabandonados, en orfanatos con poco personal (en los buenos orfanatos, los niños están suficientemente estimulados). Se refería a la ausencia de la estimulación normal, la que cualquier niño recibe cada día. Por desgracia, la idea fue pasando de boca en boca y deformándose, hasta convertirse en algo así como ‘si estimulas mucho a tu bebé, se convertirá en un genio’.

No, lo que necesita el bebé no es una vorágine de luces y sonidos sin sentido que le ponga las neuronas de punta. Necesita calma, y tiempo, y situaciones reales, y cosas que cambian poco a poco, y tiempo para reflexionar sobre ellas, y la presencia de sus padres, que le responden y lo guían y lo ayudan a interpretar el mundo. Y no piense que usted no sabe hacer esas cosas y que necesitará leer un libro o hacer un cursillo sobre estimulación psicomotriz, porque es facilísimo y todo el mundo lo sabe hacer. Lo hicieron nuestros abuelos y lo hicieron los tatarabuelos de nuestros tatarabuelos: al principio solo abrazaban a sus hijos y los mecían y les susurraban y les cantaban, más adelante les mostraban cosas y les sonreían y los animaban, luego les contaban cuentos y les enseñaban dibujos y le ponían subtítulos al mundo. Pero solo un ratito. Sobre todo, estaban allí, y dejaban que el niño siguiera su ritmo.

A ratos el bebé y el niño necesitan que sus padres estén con ellos, a su lado, diciéndole cosas y mirándolos e interaccionando de forma directa, y otras veces lo que necesitan es que les dejen en paz. No que los dejen solos, sino que les dejen en paz. Que los llevemos en brazos en silencio, o que estemos cerca, disponibles, tal vez diciéndoles algo de vez en cuando, pero dejando que exploren el mundo, o que mediten.


Hay ahora como un miedo al vacío, como una necesidad de llenar cada una de las horas del niño. ¡Que no se aburra! ¡Que no pierda el tiempo! Pero aburrirse y perder el tiempo son cosas importantes. Recuerdo haber pasado horas felices de mi infancia viendo resbalar las gotas de lluvia sobre los cristales, o escuchando el sonido del viento en las copas de los árboles. ‘Ya está otra vez pensando en las musarañas’, decía mi padre, o ‘estás en Babia’, pero por suerte no tenía presupuesto para apuntarme a ninguna actividad. Por cierto, tardé décadas en enterarme de que la musaraña es el mamífero más pequeño y Babia una comarca de León.

Catherine L’Ecuyer, en su libro Educar en el asombro, argumenta que no resulta muy lógico pretender ‘estimular’ todo el rato a los bebés y niños pequeños, y luego sorprendernos de que no se estén quietos.”

Hoy he puesto un buen fragmento y no he quitado casi nada. Eran un par de páginas del libro que me gustaron mucho. Yo, personalmente, al ser madre primeriza, a veces me preguntaba si estaba “estimulando” poco a Antek; a veces teníamos silencios que no tenía muy claro si eran buenos, pero es que estaba cansada y ya no sabía qué decirle o qué hacer con él; a veces se ponía a jugar él solo y por una parte pensaba que quizá debía sentarme con él y acompañarlo…

A lo mejor todo esto que dice Carlos suena muy obvio para algunas personas, pero a mí me sirvió para no sentirme mal por los silencios o por las veces que dejaba que jugara él solo. A lo mejor hay gente para la que todas estas cosas son muy obvias, pero a mí de verdad hay muchas cosas de los libros de Carlos que me han ayudado a sentirme más segura y más tranquila como madre (no es que me haya dicho qué tenía que hacer o cómo ser madre, más bien me han servido para ver que ya lo estaba haciendo bastante bien o, al menos, que no lo estaba haciendo tan mal: me han dado seguridad en mí misma).

Además, ahora me doy cuenta de que realmente para un bebé todo es nuevo, por lo tanto todo es estimulación. Salir a pasear es estimulación. Verme hacer la comida es estimulación. Verme hablar con otras personas es estimulación. Verme hacer la compra es estimulación. Ver cómo compro un billete para el s-bahn (lo que yo llamaba al principio el metro que no es metro), subirnos a él, ir hasta Frankfurt, salir de él… es estimulación. Comer con sus manos, tocar la comida con la forma que tiene (es decir, sin triturar), es estimulación. Tocar la arena en el parque es estimulación. Para un bebé, que hace poco que ha llegado al mundo y que todavía no es capaz de entender todo lo que en él pasa, todo es estimulación. Por eso no veo razón para darle más estimulación de la que ya recibe constantemente. Creo que la estimulación que recibe observando todo lo que pasa a su alrededor es suficiente.

En cuanto a los medios electrónicos, no tengo muy claro hasta qué punto son desaconsejables. No sé si se trata de un “en absoluto”, o de un “no tengas al niño todo el día delante de una pantalla”. Espero que sea el segundo, porque creo que hoy en día es muy difícil hacer lo primero. Los adultos usamos constantemente los teléfonos móviles y a los niños les llaman la atención, porque claro, les llama la atención todo lo que hacemos. Yo no puedo evitar que Antek de vez en cuando coja el teléfono, no lo quiero evitar entre otras razones porque si yo lo cojo y a él no se lo doy nunca creo que cada vez el teléfono puede ser más y más atractivo para él. Prefiero que lo coja, vea que no es para tanto y él mismo decida pasar de él.

Por otra parte, al estar fuera, la forma de contacto que tengo con mi familia es el Skype, entonces tampoco puedo/quiero evitar dicha exposición a la pantalla del ordenador, porque quiero que hable con su familia que está lejos. Y bueno, canciones en la tele a veces le ponemos, sí, en parte porque no tenemos radio ni nada donde se pueda poner solo música, pero por suerte pasado un rato en el que sí, es cierto, se queda hipnotizado, él mismo deja de mirar para la tele y se pone a jugar.

Volviendo a lo de la estimulación, es posible que Antek todavía no ande solo, pero por lo que he leído es normal hasta los 18 meses (a partir de ahí quizá hay que preocuparse ya, pero no lo sé, a lo mejor también es información errónea, no recuerdo dónde lo leí). En general él ha ido bastante lento en el desarrollo motor, también empezó tarde a gatear. Pero por otra parte, veo que hay otras cosas que aprende rápido, como a meter las piezas con formas diferentes en su cubilete con los agujeros para cada pieza, o a crear “torres” con las piezas de “Lego gigante” que tiene, o que cuando le digo que me dé un libro u otro sabe cuál le estoy pidiendo y me trae exactamente el libro que le he pedido, nunca se confunde, o cuando mete la cuchara en la boca. Todo esto son cosas que aprende y que demuestran que se va desarrollando. No hace falta que ande ya solo, ya lo hará cuando se sienta seguro y preparado. Está claro que todavía no es así y no pasa nada porque sé que en cualquier día se va a soltar y va a echar a andar riéndose a carcajadas por el camino, como él hace.

* He dejado esta entrada guardada en el borrador, porque quería publicarla hoy por la noche, y resulta que por la tarde, después de comer, ha empezado a andar solo, jajaja. Y sí, lo ha hecho riéndose a carcajadas por el camino.

** En el fondo todo lo que he venido diciendo en esta entrada está muy relacionado con la entrada El sistema educativo y la manía de la sociedad de que todos los niños sean iguales. Creo que lo de sorprenderse de que un niño no ande con X meses, o no haga esto o lo otro, es por culpa de esa manía de esperar que todos los niños sean iguales y se desarrollen del mismo modo y en el mismo momento. Cada niño es diferente, y que un niño sea capaz de andar con 7 u 8 meses (¡o antes!) no es razón para estresar a otro niño que a lo mejor necesita el doble. Yo no tengo prisa, tengo mucha paciencia, y estoy dispuesta a esperar a que Antek haga las cosas cuando se sienta preparado para hacerlas. No creo que lo importante sea hacerlas cuanto antes, sobre todo cuando hablamos de cosas que, como andar, va a acabar haciendo sí o sí.

*** Dejo unas fotos de Antek descubriendo el mundo él solito 😉 La primera hecha por Karol Nowakowski. ¡Gracias Karol! 😀

 

 

 

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Un comentario sobre “Sobre la estimulación de los bebés

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