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Mi experiencia con la lactancia (1)

(Ten post po polsku tutaj).

Este espero que sea una de esas entradas que pueden ayudar a futuras madres. No porque yo sea una experta ni mucho menos, sino porque creo que está bien conocer las historias reales relacionadas con este tema de personas que empezaron sin tener mucha idea del tema. Creo que está bien saber que no es tan fácil como lo pintan en algunas pelis: “lo ponen al pecho, lo coge, y ya está”; ni tan imposible como lo pintan hoy en día las leyendas urbanas: “es que hay mujeres a las que no le sube la leche”. Seguro que esta última la habéis oído muchísimas veces e incluso os la habéis creído (yo también lo hice en su momento). Pues resulta que esa frase es una solemne tontería que personalmente me imagino que habrán difundido las marcas de leche en polvo, porque no hay mejor manera de conseguir que algo como la lactancia fracase, que convencer a las protagonistas (las madres) de que lo más probable es que no lo consigan. ¿Creéis que los grandes deportistas que van a las olimpiadas han llegado hasta ahí porque estaban rodeados de gente que les decía “no lo vas a conseguir, piensa cuántos deportistas consiguen llegar a las olimpiadas y, encima, ganar algo, casi ninguno; pues tú no vas a ser diferente”? Cuando a alguien le dices que no va a conseguir algo estás llevándolo poco a poco al fracaso. Esto pasa con la lactancia materna. ¿Estoy diciendo con esto que no hay madres a las que no les sube la leche? No. Existen las madres a las que les pasa esto, pero es tan probable como que una persona sea ciega o muda: es posible, pero no es lo normal, como nos quieren hacer creer. Si fuera lo normal, hace tiempo que nos habríamos extinguido, porque la leche de fórmula existe desde hace muy poco.

¿Qué puedo decir que fue lo que más me ayudó a mí para conseguir tener éxito con la lactancia? Lo primero yo diría que fue ser realista. Antes de tener a Antek, antes incluso de quedarme embarazada, creo que hablé de este tema prestando atención con dos personas (es posible que hablara del tema en otros momentos en los que no me interesara tanto y no prestara atención…) De una saqué la conclusión de que dar la teta era difícil y doloroso; no obstante, me fijé muy bien en la actitud que tenía esta chica: constantemente decía que no era capaz, que probablemente no tenía suficiente, que a su hija no le gustaba… A mí me pareció que todos estos sentimientos negativos no podían estar ayudándole y, probablemente, unidos a las opiniones de la gente a su alrededor, que le daría la razón y la animaría a darle biberón (personal sanitario incluido), ayudaron a que la lactancia fracasara. De la segunda persona con la que hablé, saqué que era difícil, la lactancia y en general el primer mes del bebé, que era muy duro. No obstante, ella se veía feliz (y agotada) e incluso después de confesarme que durante el primer mes llegó a plantearse si había sido una buena decisión tener un hijo, que quizás eso no era para ella, luego y creo que sin darse cuenta me dijo “que a veces echaba de menos ese primer mes, cuando era tan pequeñito”. Me pareció por una parte genial su sinceridad, dejándome claro que no todo era super bonito y perfecto y, por otro, super tierno que incluso la época que acababa de describir como horrible fuera una época que echaba de menos.

Entonces, como decía, yo decidí ser realista y consciente de que no iba a ser fácil, pero que eso (el pecho) era lo que quería darle a mi hijo y por lo tanto no iba a parar hasta conseguirlo, iba a ser constante, iba a hacer caso al personal sanitario y, si fuera necesario, buscaría algún grupo de lactancia que me ayudase. Pero, sobre todo, iba a saber que podía hacerlo.

¿Qué fue lo que pasó? Tras un parto de cesárea (tras la que dicen que suele costar más que suba la leche) yo ya estaba dándole el pecho de forma normal (tomas bastante seguidas y largas) en menos de 48 horas.

¿Fue fácil? No, claro que no, que lo consiguiera rápido no significa que fuera fácil. Significa que fui persistente, que no me di por vencida, ni siquiera ante una matrona estúpida poco agradable que me intentó convencer de que aun no era capaz de darle y era mejor darle biberón.

Reconozco que una de las cosas que más me empujó a conseguir mi objetivo lo más rápido posible fue el hecho de que a Antek le estaban dando biberón desde el primer día… Se lo daban las matronas en otra habitación. Yo, como madre primeriza e ignorante, pensaba que esto era normal. Me dijeron que el niño tenía que comer y si yo no tenía en el pecho había que darle fórmula. Yo no sabía entonces que los bebés nacen con reservas, porque la naturaleza es inteligente y sabe que una madre no tiene mucha leche desde el momento en que da a luz, que es normal que los primeros días pierdan peso por esa razón, pero que luego lo recuperan rápidamente en cuanto la lactancia empieza a normalizarse… No sabía nada de esto y por eso permití que le dieran fórmula (como madre ignorante no me parecía normal decirles “no, de eso nada, a mi hijo ténganlo muerto de hambre hasta que yo no sea capaz de sacar leche”). Como creía que no permitir que le dieran biberón sería cruel por mi parte, decidí que tenía que activar la lactancia cuanto antes para que tuviera el menor número de tomas de biberón posible. Así que me puse manos a la obra.

¿Qué fue lo que hice exactamente? Pues básicamente intentaba ponérmelo al pecho cada vez tenía la ocasión, con la ayuda de otras matronas más simpáticas que mi “matrona némesis” (tuve otro incidente con ella). La leche no subía y a Antek le costaba cogerlo (yo pensaba, en parte porque ma lo sugerían las matronas, que era porque al no tener aun leche no le molaba; luego descubrí con el tiempo que a los bebés les gusta tirar del pecho aunque no estén comiendo, por la calor, la seguridad, la cercanía que este le ofrece), entonces le dije a Mateusz que tenía que traerme el sacaleches, para “activar” la lactancia por medio de este y así, cuando ya hubiera leche, Antek lo cogería con más ganas seguro.

Mateusz me trajo el sacaleches al día siguiente y ahí me pasé yo el sábado intentando que saliera algo (salían unas gotitas de nada, tan poco que yo pensaba: “no me extraña que Antek pase, ¡esto está seco!”). Después de estar como media hora con el sacaleches había sacado tan poco que incluso me era difícil ver en las rayitas de la botella qué cantidad había sacado, porque creo que no llegaba ni a lo mínimo que mostraban las rayitas…

No me importó. Sabía que esto era normal, especialmente después de una cesárea, y seguí intentándolo cada cierto tiempo, sacando cada vez un poquito más.

Antek nació un viernes por la tarde y el domingo de madrugada (lo que algunos conocen como la noche del sábado) ya le estaba dando el pecho de manera exclusiva. ¡Misión cumplida!

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(Seguiré con mi experiencia con la lactancia en otra entrada, que no quiero que esta se haga eterna).

¿Cómo fue tu experiencia con la lactancia? ¿La compartes para que otras madres sepan que diferentes escenarios se pueden encontrar?

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Dime qué piensas, me encantará leerte :)

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