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¿Por qué nos cuesta tanto tener empatía con los niños?

(Ten post po polsku tutaj).

Ayer fui al pediatra con Antek y, como estaba lleno (nos dieron cita porque Antek está enfermo) tuvimos que esperar más de una hora y, como Antek se sentía mal, no pudimos ir a dar un paseo y nos quedamos esperando en la sala de espera (donde por suerte tenían juguetes). Mientras esperábamos, algunos niños con sus respectivas madres iban entrando y saliendo. Hubo uno que estuvo todo el tiempo, con nosotros, probablemente porque su hermana también estaba enferma y tuvo que esperar mucho. Incluso cuando le tocó, él siguió esperando fuera con la abuela, entonces estuvimos todo el tiempo los cuatro. (Mientras otros pacientes iban y venían).

¿Por qué esta historia ha resultado digna de una entrada? Porque me hizo pensar bastante… El niño, a simple vista, podía parecer el típico pillo, o travieso, o quizá un gamberrillo… Jugaba con los juguetes de una forma un poco bruta, a cada dos por tres le llamaban la atención, no paraba quieto… Con el paso del tiempo, ya que una hora da para mucho, fui viendo que nada más lejos de la realidad, era un niño, como todos, que lo que quería era que le prestaran atención. A los niños les gusta que les presten atención y, si no lo consiguen por las buenas, lo consiguen por las malas. Lo que tenemos que aprender los adultos es a prestarles atención mientras lo están haciendo por las buenas. Este niño lo tenía difícil, porque su madre estaba con su hermanita pequeña (un bebé que aun ni se sentaba) y su abuela con el teléfono… No me parece que sea justificable la falta de atención por parte de ninguna de las dos, a decir verdad, la segunda está claro por qué, la primera aunque estuviera atendiendo al bebé enfermo, alguna palabra podía dirigirle de vez en cuando… Alguna más que de reprovación, quiero decir. Que no es que entendiera el idioma, pero el tono y la cara de ella y la reacción de él lo dejaban claro.

¿En qué momento me di cuenta de que este niño en realidad no era ni tan pillo ni tan travieso ni tan gamberrillo y lo único que quería era un poco de atención? Pues cuando después de verme con mala cara desde que entré con Antek (probablemente porque le prohibían hacer cosas para no “hacerle daño” o porque “es pequeño, déjale  jugar a él”, frases bastante típicas), en un momento en que me puse a tararear una melodía inventada a la vez que medio bailaba, mientras Antek movía su huevito maraca, el niño empezó a cantar una canción usando un trozo de vía de un tren como micrófono y de repente su carita se iluminó. Estaba super contento cantando, yo mientras tarareaba le sonreía porque me parecía super tierno y super gracioso y estaba aguantando la risa, la verdad, y él estaba super contento y me miraba super sonriente seguido. En la sala de espera había otra madre con su hija cuando esto pasó, además de la abuela del niño (la madre ya había entrado con su hermanita), y mientras yo y la otra madre sonreíamos al ver al niño tan feliz cantando, la abuela no sabía cómo reaccionar (?) Tardó un montón de tiempo en sonreírle, al final pareció como si lo hiciera por no quedar mal, ya que yo y la otra madre le estábamos sonriendo. Esto duró hasta que la abuela le prohibió seguir cantando y él se enfadó. Dejó de cantar un rato pero luego empezó otra vez. Ya no recuerdo si acabó porque la abuela se lo prohibió otra vez o porque yo dejé de tararear porque tuve que cambiar de estrategia con Antek.

Más tarde salieron al patio, yo pensé que porque el niño quería salir porque ya estaba harto de estar en la sala de espera, luego vi a la abuela encender un cigarro… El niño se asomó por la ventana y yo puse cara de sorprendida y se rió. Entró en la sala de espera otra vez para asomarse por la ventana y ver a su abuela que se había quedado fuera, pero esta ni siquiera estaba mirando porque se había alejado de la mientras fumaba…

En fin, no voy a seguir describiendo lo que pasó, no lo veo necesario. Solo decir que al final, en un momento sin que pareciera que venía a cuento de nada, el niño se acercó a su abuela, se abrazó a ella y empezó a llorar desconsoladamente. La abuela tuvo que abrazarlo y consolarlo y estuvo un buen rato porque el niño no podía parar de llorar.


No escribo esta entrada con ánimo de crítica, sino con la esperanza de que reflexionemos. Los niños necesitan atención, y atención a veces es solo mirarlos y sonreír (mientras cantaba estaba super feliz y era lo único que hacíamos, lo mirábamos y sonreíamos). ¿Por qué prohibirle hacer a un niño algo que no molesta a nadie y con lo que el niño está feliz? Estaba claro que no nos molestaba que el niño cantara, le estábamos sonriendo, y el niño era evidentemente feliz. ¿Por qué tenía que parar? Creo que un gran porcentaje de adultos, desgraciadamente la gran mayoría, tiene una enorme falta de empatía hacia los niños, es incapaz de ponerse en su piel y entender por qué hacen algunas cosas, por qué lloran, por qué tienen miedo…


(A lo mejor lo que tenemos que hacer los adultos es dejarnos de tonterías, coger un objeto alargado, usarlo de micrófono, y ponernos a cantar…)

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