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Mi experiencia con la cesárea

(Recomiendo la lectura de esta entrada si estás embarazada o crees que lo estarás algún día. La información sobre estos temas es importante porque es mejor estar informada y preparada que dejar que todo nos coja por sorpresa y entonces asustarnos. No uses esta información para asustarte, sino más bien para saber -si te encuentras algún día en esa situación- que hay cosas que son normales y que todo va a salir bien. Si a pesar de todo crees que esta entrada puede asustarte, no la leas, si eso puedes leerla en el futuro si te encuentras en esta situación y tienen que hacerte una cesárea; entonces puedes volver al blog y leerla 😉 ).

Durante mi preparación psicológica para el parto, por supuesto la cesárea se me pasó por la cabeza. Sabía que era una opción. Sin embargo, yo, llena de optimismo y convencida de que si pensaba en positivo sería capaz de conseguir todo lo que quisiera, incluso un parto natural, decidí hacer con el parto lo mismo que hice con la lactancia (hablé de esto aquí) y pensar en positivo. Desgraciadamente, con la cesárea no funciona igual. Madres que no pueden dar el pecho no hay muchas (hablo de las que de verdad no pueden; si quieres saber por qué digo esto, lee la entrada sobre la lactancia); no obstante, partos que acaban en cesárea hai unos cuantos. Yo estaba convencida de que algunos de ellos tenían lugar por culpa de los hospitales, para acabar antes y punto… Todavía creo que hay muchos hospitales que funcionan así y por eso cuando elegí el hospital para dar a luz me fijé en cuál era el que realizaba menos cesáreas al año (en Cracovia). Quería estar segura de que si al final había que hacerme una cesárea esta fuese de verdad necesaria y no el capricho del hospital o de un médico. A pesar de todo mi esfuerzo y mi optimismo, mi parto acabó en cesárea, después de 15 horas intentando que fuese natural.

Como decía (“a veces” me voy por las ramas) yo creía que con la cesárea podía hacer lo mismo que con la lactancia, es decir, si estaba convencida de que podía tener un parto natural y no permitía que nada ni nadie me convenciera de lo contrario, podría traer a Antek al mundo de manera natural. Me convencí de tal manera que la cesárea para mí no era una opción. Ahora veo mi error. Puesto que no tuve en cuenta esta opción, no me informé. Sabía que era posible, pero no me lo tomé en serio porque estaba convencida de que tenía que pensar en positivo y pensaba que informarme sobre ese tema sería como reconocer que era posible, como dudar que sería capaz de tener un parto natural, y no quería dejar lugar a las dudas. Por supuesto, esta actitud fue totalmente errónea, porque a veces no importa lo positivos que seamos, puede haber otros factores ajenos a nosotros, especialmente durante un parto. En mi caso, esos factores fueron que no había dilatado lo suficiente (8 centímetros, ¡me faltaban dos!) y sobre todo que dilataba muy lentamente (8 centímetros en 15 horas) y cuando por fin llegué a esos 8 centímetros y ya estaba tan cerca resultó que a Antek le empezaron a caer las pulsaciones. No sabían por qué y no les pareció seguro esperar a que dilatara los 10 centímetros y luego encima todo el proceso del parto (porque no, no es como en las pelis “empuja, empuja, oh, ya veo la cabeza, oh, ya lo tengo, ¡aquí lo tienes!”; no, desde que empieza el parto hasta el momento en el que el niño sale por completo puede pasar incluso una hora en un parto de una madre primeriza). Así que había que sacar a Antek lo antes posible.

No voy a contar cómo me comunicaron que había que hacer cesárea o cómo la hicieron, eso lo dejo para otra entrada, la que escribiré sobre el parto (tranquilo todo el mundo, no tengo intenciones de escribir cosas asquerosas en ella). Esta entrada es más bien para ayudar a quienes tengan que pasar una cesárea en el futuro, para que no les pase lo que a mí (soy tan tonta que no sabía que iba a ser como fue…) Es decir, no quiero hablar de cómo me hicieron el corte ni nada por el estilo, eso probablemente todo el mundo se lo imagina. Quiero comentar aquellas cosas que no me esperaba (todo culpa de Hollywood, seguro… o eso o yo soy super ingenua… también puede ser…)

Se trata de que a veces olvidamos que la cesárea es un tipo de operación (nos abren y luego nos cierran). Estamos acostumbrados a hablar de la cesárea como un “tipo de parto” y se nos olvida que también es un “tipo de operación”. Yo tuve ese problema, se me olvidó pensar en el hecho de que después de la cesárea durante varios días no podría casi moverme, necesitaría ayuda para levantarme de la cama y el dolor sería a pesar de todo terrible…

Creo que probablemente no soy la única ingenua, porque en varias ocasiones alguna madre me ha dicho después de parir de forma natural que quizá prefería la cesárea e incluso la madre que llegó a mi habitación el día que yo me iba me lo dijo. Yo le dije “sabes qué, seguro que el parto fue terrible, pero ya ha pasado, estás aquí y en breve te vas a sentir bien; mira yo cómo ando [todavía me costaba un montón levantarme de la cama, tenía que usar el botón que me levantaba una parte de la cama para poder adoptar la posición de sentada y luego andar me costaba muchísimo] y mi parto fue hace tres días”. Se quedó flipando (ella ya era capaz de andar mucho mejor que yo y acababa de parir). Si todavía tenéis dudas y creéis que la cesárea es mejor que el parto natural, también puedo añadir que he conocido a madres de dos hijos que parieron uno natural y otro de cesárea y dijeron que preferían el natural mil veces antes que la cesárea. 

Nunca me habían tenido que operar, por suerte, y eso también aumentó mi ignorancia e ingenuidad. El dolor donde me hicieron el corte era terrible, durante varios días levantarme de la cama era muy doloroso, incluso cuando lo hacía con ayuda, incluso cuando era la cama la que me levantaba al levantarse la parte de atrás con un botón (en el hospital). En casa no tenía ese tipo de cama y necesitaba ayuda para levantarme porque sola no había manera. En ese momento una se da cuenta de la importancia que tienen los músculos abdominales en un gesto tan cotidiano como el de adoptar la posición sentada (desde la posición tumbada). Durante varios días (todos los del hospital y algunos en casa) tuve que tomar constantemente paracetamol para el dolor.

Parece que esta entrada me está quedando terrible y que voy a acabar asustando más que “ayudando”. La verdad es que no pretendo asustar, solo que sepáis que es así porque a mí lo que más me “descolocó” fue el hecho de que como no lo sabía, no sabía cuánto iba a durar y me sentía desesperar. Había momentos en los que creía que me iba a quedar ya así (a ver, no, no lo creía, pero hay momentos de desesperación en los que cualquier cosa te viene a la cabeza, sobre todo cuando el tiempo y los días pasan y tienes la impresión de seguir igual). Esto lo escribo para que sepáis que es normal y que son unos días, y que después de que esos días pasan, volvéis a ser personas normales, sin dolor y con un bebé al que adorar sin límites.



Sí, lo pasé mal esos días, pero también estaba super contenta de tener a Antek y verlo hacía que el dolor me diera igual. Como veis, lo recuerdo todo muy bien y, a pesar de todo, y aun sabiendo que si vuelvo a tener un hijo las posibilidades de que sea por cesárea son enormes, lo volvería a hacer. Los que me conocéis sabéis que no soy masoquista. Así que no le tengáis miedo a nada que sea temporal y pasajero. Y los dolores tras la cesárea lo son.

(Continuará).

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