Cuando_no_tenía_blog·Reflexiones

Cuando_no_tenía_blog – ¡Qué infantil eres!

Antes de ser bloguera, ya me gustaba escribir. Supongo que es una de las razones por las que me hice bloguera, claro. Hoy he decidido abrir una nueva sección del blog en la que publicar aquellas cosas que escribí cuando aún no tenía un blog. Este texto lo publiqué en enero de 2009 en el facebook, no sé si lo escribí entonces o antes. Haré alguna pequeña modificación, porque siempre hay algo que apetece cambiar cuando se relee algo antiguo, pero como no quiero cambiarlo por completo, solo haré cambios pequeños (si hay párrafos enteros que hoy por hoy no me convencen, no los voy a borrar de todos modos, por respeto a la versión original).

 

“¡QUÉ INFANTIL ERES!” -alguien dijo.

Y entonces, de repente, empecé a pensar… A pensar que “infantil”, según la RAE, se trata del “comportamiento parecido al de un niño en un adulto”… Efectivamente, de ese modo se usa normalmente este adjetivo, “infantil”. No es que esto no lo supiera antes, lo que pasa es que en los últimos días lo que he empezado a plantearme es por qué la gente dirá “eres un infantil” como si eso fuese algo malo… En eso es en lo que he empezado a reflexionar… A pensar en cómo son los niños y cómo es su comportamiento…
A pensar que un niño es, sobre todo, inocente, que no tiene malicia, no hace las cosas nunca para hacer daño a otra persona, sino para llamar la atención, o para demostrarle a otros (por ejemplo a sus papás) que es capaz de hacer tal cosa o tal otra, o para imitar lo que hacen sus papás o sus hermanos mayores o alguna otra persona que admira y tiene como ejemplo en su vida y en su existencia… Y por lo tanto un niño no es culpable, porque un niño no sabe cómo es la vida más allá de su hogar o su pueblo… Por eso un niño es inocente. Por eso no tiene la culpa de nada. Por eso cuando algo va mal con un niño, los culpables son sus padres o las personas que lo han educado… Es decir: los adultos… ¡Qué bonito sería que todos fuésemos inocentes! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!
A pensar que un niño es fiel y confía en sus amigos y en su familia, que un niño nunca piensa “quizá me está mintiendo”, “quizá me está engañando”, no se le pasa por la cabeza que alguien pueda mentirle. ¿Por qué? ¿Para qué? ¡Menuda tontería! Por eso un niño se lo cree todo, y si sus padres le dicen que un ratón llegará por la noche, cogerá su diente de debajo de la almohada y le dejará en su lugar una moneda (hoy en día videojuegos…) el niño se lo va a creer, claro. ¿Por qué iban a mentirle sus padres? Un niño confía y nunca imagina que nadie le va a decir una mentira, del mismo modo que él nunca va a decir una mentira a nadie, y si estás gorda, tienes unos zapatos horribles o la comida que has hecho está malísima, te lo va a decir, porque un niño, al igual que confía, no miente, y no entiende por qué habría que hacerlo… E incluso si lo que te dice no es muy bonito, como los ejemplos anteriores, sabes que no te lo está diciendo con malas intenciones, que no quiere herirte, simplemente es sincero, probablemente espera que lo escuches y hagas algo al respecto (adelgaces, cambies de zapatos o aprendas a cocinar…) ¡Qué bonito sería si todos confiásemos en la gente, si nadie dijese mentiras! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!
A pensar que un niño siempre perdona, que si está enfadado con una persona tantísimo que los morros llegan dos horas antes que él, lo máximo que puede durar un enfado como ese es un día… Porque al día siguiente ya se le ha olvidado todo y se va a reír otra vez con esa persona, a jugar y a divertirse como si no hubiese pasado nada. Porque a veces es suficiente con esperar unos minutos para que se le olvide que estaba enfadado y le vuelva a entrar la risa por la menor tontería posible. Porque a veces es suficiente con un caramelo, para que te vuelva a sonreír y dar un beso y un abrazo fortísimo… ¿Os imagináis un adulto perdonando a otro al día siguiente? ¿O en el mismo día con un caramelo? ¡Qué bonito sería si todos pudiésemos perdonar tan rápido los errores de los demás! ¡Qué bonito sería que los demás perdonasen tan rápido nuestros errores! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!
A pensar que un niño se puede reír con cualquier tontería, y que con cualquier tontería puede sufrir un ataque de risa tan fuerte que haya que calmarlo porque le falte el aire… Que un niño puede emocionarse con cosas tan simples como una mariposa con alas de colores, una rana saltando en un estanque, una ola que le ha mojado los pies por sorpresa o una pelota que bota y bota y bota… ¡Qué bonito sería si todos nos riésemos más! ¡Qué bonito sería si todos nos emocionásemos con más facilidad! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!
A pensar que los niños nunca tienen estrés, porque no tienen preocupaciones… Que los niños, como bien dice el señor Linh (del libro La nieta del señor Linh), corren de forma diferente a la de los adultos. Los niños corren riendo, corren jugando, corren persiguiendo a alguien o algo que les gusta… No como los adultos, que corren porque viven con prisas, con estrés, corren con esa cara de agobio, de “no llego”… ¡Qué bonito sería si nadie tuviese estrés! ¡Qué bonito si no tuviésemos más preocupaciones que “¿qué tendré para merendar?” o “ojalá que hoy no haya coliflor para comer”! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!
A pensar que las guerras de los niños son un “¡PUM PUM!” con el dedo, fingir que se recibe un disparo y retorcerse de la forma más lenta posible… Y luego ir a merendar el delicioso bocadillo que nos ha hecho mamá o esas galletas que saben tan bien cuando se mojan en la leche caliente… ¡Qué bonitas serían las guerras si todas fuesen como las de los niños! ¡Qué bonito si después de fingir los disparos y la muerte nos fuésemos con nuestro “enemigo” a tomar una buena merienda! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!

A pensar que los trabajos más deseados por los niños son los de policías, bomberos, astronautas, exploradores… No por su sueldo, vacaciones, régimen de la Seguridad Social, horario de trabajo… Sino para poder ayudar a la gente, descubrir nuevos horizontes o vivir aventuras… Porque lo importante es ser feliz con lo que se hace y porque hacer algo que no les gusta como trabajo es algo que ni se les podría pasar por la cabeza… ¡Qué bonito sería si a todos les gustase su trabajo! ¡Qué bonito sería si los que tienen que ayudar ayudasen, qué bonito si no llegase ese día en que lo que importase fuese simplemente ganar más y más! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!

 

A pensar que los niños son tolerantes, que no le dan mucha importancia al hecho de que dos niños se besen o dos niñas se cojan de la mano. Porque cuando eres niño puedes tener novio o cuando eres niña puedes tener novia porque… ¿Por qué no? Pues claro, porque simplemente no ves ningún motivo para que eso pueda estar prohibido… Porque te gusta esa persona y punto. Porque no le haces daño a nadie y si no le haces daño a nadie significa que eres bueno y te portas bien, y eso es lo importante cuando eres niño… Porque cuando ves un negro en la calle gritas “¡un negro!”, pero lo gritas con fascinación porque nunca antes habías visto uno y estás impresionado, pero no se te pasa por la cabeza que esa persona, por tener otro color de piel, deba vivir en un lugar diferente al tuyo. ¡Qué bonito sería si todos fuésemos más tolerantes! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!
A pensar que a los niños les gustan las plantas, la naturaleza y los animales. Que nunca se les pasa por la cabeza dañarlos sino todo lo contrario. Les gusta plantar árboles y ayudar a animales enfermos (por eso muchos niños quieren ser también veterinarios). ¡Qué bonito si todos nos preocupásemos más por el planeta, sin el que no podemos vivir (¡y cuidado, porque el sin nosotros sí que puede!)! ¡Qué bonito si todos fuésemos como niños!
En fin… son tantas las cosas que pensé y las que todavía podría seguir pensando… Tantas las cosas que hacen mejores a los niños que a los adultos… Que en los últimos días no he podido evitar pensar: por qué el ser infantil se utiliza con desprecio, a veces intentando incluso que suene como un insulto… Por qué, si ser infantil es lo mejor que le puede pasar a una persona. Porque si todos fuésemos como niños, seríamos inocentes, no tendríamos malicia, seríamos fieles y no desconfiaríamos de la gente, no habría ninguna necesidad porque todos diríamos la verdad, nadie sabría mentir, sabríamos perdonar, nos reiríamos más, nos emocionaríamos con tonterías, no tendríamos tanto estrés ni preocupaciones, las guerras serían solo un juego y en nuestros trabajos sonreiríamos porque estaríamos haciendo lo que queremos y no lo que “deberíamos”, nos gustaría ayudar a los demás, seríamos más tolerantes, cuidaríamos de nuestro planeta… y un muy muy largo etcétera. Por ese motivo he decidido que ser infantil no solo no es un insulto, no solo no es algo malo, sino que es lo mejor que nos podría pasar a todos y que el mundo sería mejor si todos fuésemos como niños.
Y si no estás de acuerdo…
¡Qué adulto eres!
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