Alemania·Emigración

Cosas que solo me han pasado aquí

(Ten post po polsku tutaj).


Los estereotipos son inevitables, y por supuesto no siempre son ciertos. Creo que en España por lo general, la imagen que tenemos de los alemanes es de unas personas frías, serias, distantes, puntuales, perfeccionistas, grandes, rubios, cabezas cuadradas… Yo me traía algunos de esos estereotipos y la verdad es que muchos de ellos yo diría que han resultado estar bastante lejos de la realidad (la puntualidad depende de dónde: en las tiendas, haciéndote llegar lo que has comprado… depende del tipo de tienda…), si bien hay otros que probablemente me atrevería a decir que sí son ciertos.

De todos modos, en esta entrada de hoy no quería hablar de estereotipos alemanes, sino de cosas que me han pasado aquí que hasta ahora no me habían pasado en ningún otro sitio. ¿Significa esto que quiero criticar a los alemanes? No, que nadie se ofenda porque no se trata de eso. En primer lugar, que me haya pasado solo aquí no significa que no me hubiera podido pasar en otro sitio (a lo mejor ha sido solo casualidad). En segundo, y muy importante, donde vivo hay muchísimos extranjeros, así que quién sabe, a lo mejor resulta que estas cosas me han pasado con personas que no eran alemanas. En cualquier caso, el hecho de que solo me hayan pasado aquí, reconozco que sí me ha hecho sospechar que algo raro pasa en este país 😛

Cosa extraña número 1:
Que los pediatras no se dirijan a Antek en ningún momento. A lo mejor más de uno me podría decir que le ha pasado lo mismo en España. No lo sé. Yo fui en dos ocasiones al pediatra en España y en ambas la pediatra se dirigió a Antek. En Polonia tuve varias pediatras (una, pero con bastante frecuencia hubo pediatras sustitutas, con lo cual conocí a unas cuantas) y yo juraría que siempre tuvieron una palabra para Antek (y eso que de aquella era un bebé y entendía mucho menos que ahora). Aquí he tenido ya experiencia con tres pediatras diferentes y ninguno le ha dicho a Antek ni siquiera “hola”. Lo peor es que cuando el pobre empieza a llorar en estado de pánico estoy yo sola luchando por tranquilizarlo, cuando a lo mejor alguna palabra dulce o alguna monería por parte del pediatra ayudaría… Que sí, que son pediatras, no payasos. (Aunque yo sigo creyendo que si se trabaja con niños cierto nivel de “payasería” habría que tener… Lo tenía yo como profe de adultos y no lo tienen los médicos de los niños??) Pero bueno, eso ya es lo de menos. Lo que más me preocupa es que ni le saluden. ¿Qué ejemplo le dan al niño viéndole y no diciéndole “hola”? A veces pienso incluso que he visto a veterinarios tratar con más cariño a mi perrita Grizzly… O mecánicos tratar con más cariño a los coches…


Cosa extraña número 2: Que Antek le ponga caritas y haga cosas graciosas mirando a otro niño que está con su madre y esta ni le sonría. Empezar a fijarme bien y darme cuenta de que tampoco le sonríe mucho a su propio hijo (???) Una vez una amiga me dijo que veía a los niños alemanes, tan felices, corriendo y riéndose, y siempre se preguntaba “¿qué les pasa de mayores?”. A lo mejor lo que les pasa es esto: la gente no les devuelve las sonrisas, entonces llega un momento en que ellos también dejan de sonreír. Ni idea. Yo soy incapaz de no sonreírle a mi hijo, especialmente cuando hace cosas graciosas (aunque no solo, a veces la sonrisa te sale sola simplemente por el hecho de que está aquí). También he empezado a darme cuenta de que yo debo de ser una besucona, porque no paro de darle besos: para mí cogerlo en brazos y no darle un beso de paso sería como no respirar, es algo que lo hago sin darme cuenta, sale solo. Aquí no suelo ver a nadie darle besos a sus hijos, ¿será que solo lo hacen en la intimidad? 


Cosa extraña número 3:
Que Antek vaya unos 15-20 minutos mandando besos en el s-bahn y nadie le haga ni caso.
De verdad, sé que tanto tiempo porque fue el lo que tardamos en llegar desde nuestra parada al centro. Increíble. Él no paraba, le mandaba besos por el aire a todo el mundo, a los que entraban, a los que salían, a los que estaban delante de él… Nada. Ya no hablo de que alguien le hablara o le hiciera algún gesto o algo, hay cosas que si no te salen no te salen y si no te gustan los niños o no se te dan bien, pues no te salen y punto. Pero… ¿qué clase de persona es capaz de ver durante más de un minuto a un bebé lanzando besos por el aire sin que se le escape una sonrisa? Ya no hablo de una sonrisa consciente, ¡es que se te escapa! Este día me quedé pensando si la gente aquí estaba muerta por dentro… Sé que suena muy fuerte esto y os aseguro que no pretendo ofender, pero me pareció MUY fuerte. Finalmente, una polaca reaccionó, dijo en polaco “mira ese niño que majo” o “qué gracioso”, no sé, no importa, pero al menos reaccionó. Menos mal que tengo unos vecinos muy majos que siempre le ríen a Antek, le hablan, le sonríen, tiene incluso una fan número uno, y por la calle nos encontramos a un montón de gente que le sonríe (cuando va él andando, por ejemplo), y me consta que muchos de ellos son alemanes. Al menos estos detalles me han quitado el susto de vivir en un país de zombies. 


Cosa extraña número 4:
“¿Por qué me sonríes? Me parece sospechoso.” (WTF!!!) En fin… Creo que esto no hace falta ni que lo comente…

Aunque debo confesar que la número 4 no debería estar en esta lista, también presencié algo así en España, así que esa solo la he puesto por ser curiosa y similar a las anteriores, pero reconozco que esa no me ha pasado solo aquí.

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