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Antek y el avión


Antek, que todavía no ha cumplido los dos años, ya ha viajado más en avión que muchas personas que conozco. De hecho ya ha viajado tantas veces que no me apetece contarlas, pero me gustaría hacer un breve resumen de cómo ha ido cambiando la cosa. Antes de la primera vez, leí algunos consejos en otras páginas y blogs. No todos me resultaron útiles. Entre ellos estaban los de llevarles, evidentemente, cosas para comer, sus juguetes preferidos, una manta por si en el avión tenían puesto el aire acondicionado muy alto, facturar el carro y no llevarlo en la zona de embarque… Al principio los seguí todos y, poco a poco, he ido pasando de algunos de ellos.

El primer viaje fue cuando tenía 5 meses, en diciembre del año pasado, para pasar las navidades en casa con mi familia. Como nunca había viajado con él en avión, me daba miedo y le pedí a mi madre que viniera unos días a Polonia y luego volvíamos juntas. Al estar en Polonia, teníamos que coger dos aviones, lo que suponía varias horas de espera en Madrid. Para entrar en el avión, pensábamos que al tener un niño pequeño tendríamos prioridad, pero resulta que con Ryanair eso no pasa (con Lufthansa tienes prioridad, no sé con otras líneas). De todos modos le preguntamos a una señora que estaba al principio de la cola si nos dejaba ponernos con ella y nos dijo que sí. Embarcamos casi de primeras, lo que supuso pasar mucho tiempo en el avión mientras el resto de la gente no entraba y ocupaba su sitio. Además, al entrar de primeras no nos quitaron el equipaje de mano. Doble error: estar en el avión desde el principio significa estar más tiempo en el avión del necesario; ir cargadas con el equipaje de mano y con un bebé es ir como burras de manera innecesaria. El vuelo fue bastante bueno, durmió un poco, fue un poco despierto, hubo momentos en los que protestó un poco, pero se le pasó rápido. Si no recuerdo mal, sus juguetes no sirvieron para nada en este vuelo, la manta tampoco. En aquella época solo tomaba teta, por lo tanto tampoco me hizo falta llevar nada de comer. En cuanto al pañuelo, sí fue una buena idea, porque se quedó dormido en él en Madrid y se echó una buena siesta. Cuando despertó, nos fuimos a la zona para bebés que hay en el aeropuerto, que está genial, y en ella Antek se lo pasó pipa simplemente tumbado en una colchoneta (debía de estar harto de tantos brazos el pobre) y también mirando algunos juguetes que había para niños más grandes (mirando cómo los usábamos mi madre o yo). Fue irónico que para el siguiente vuelo teníamos embarque prioritario que nos había tocado de forma aleatoria, pero después de la primera experiencia no lo aprovechamos. Entramos de últimas en el avión y les dejamos que nos llevaran las maletas también: así pasamos menos tiempo dentro del avión y llevamos mucha menos carga. De hecho si no tienes razones como tener prisa por salir de aeropuerto o cosas en la maleta que pueden romper, que se lleven tu maleta es genial porque te están dando gratis un servicio por el que Ryanair cobra (sí, para quienes no han viajado con Ryanair, facturar la maleta cuesta dinero). En fin, puedo decir que por lo general la experiencia fue positiva. 


La vuelta fue con Tata y fue similar, tanto en el avión como en Madrid. La zona para bebés está muy muy bien, además de la zona para jugar, con colchonetas, juguetes, piscina de bolas, mesa con sillas, corral para bebés más pequeños, etc.; también tiene una habitación donde se puede poner una cuna de viaje para poner al bebé a dormir, un baño con váteres bajitos para niños, una bañera, un cambiador, una cocina con microondas y calienta-biberones… Está muy bien. Hablo de ella en este otro post. Cuando volvía con Tata también descubrimos que en Madrid había sillitas, y Antek fue muy contento en estas porque nunca había ido en el carro mirando hacia delante, entonces para él era como descubrir un mundo nuevo.

La segunda vez que viajamos con él fue a finales de febrero. Tenía entonces casi 8 meses y fue terrible. Fue a Alemania, por suerte solo hora y media de vuelo. Durmió todo el viaje desde el pueblo de Tata hasta el aeropuerto, algo más de una hora, es posible que aun durmiera un poco más en el Maxi Cosi, porque lo sacamos durmiendo del coche. La verdad es que no estoy totalmente segura, no lo recuerdo del todo bien. La cuestión es que en el avión no estaba nada contento, intentamos entretenerlo con sus juguetes, pero nada, resulta que quería dormir, pero no era capaz, y no paraba de llorar. Cuando por fin se quedó dormido en mis brazos, durante el aterrizaje, se despertó (no durmió ni cinco minutos) de muy buen humor. Fue un viaje agotador porque lloró un montón. Incluso estando los dos (Tata y yo) acabamos agotados. Aquí tampoco nos ayudaron ni los juguetes ni nos sirvió la manta. El carro lo facturamos y nos lo rayaron un poco y llegó sin algunas ruedas, que aparecieron más tarde en una caja, por suerte. No reclamamos las ralladuras porque estábamos cansadísimos y lo único que queríamos era llegar y descansar.

El siguiente viaje fue en junio, cuando tenía 11 meses. Este era el primer viaje que hacíamos los dos solos. Yo estaba acojonada, nerviosísima, tenía muchísimo miedo… y es posible que se lo transmitiera a Antek. No lo sé. Además de eso, cometí un error garrafal: lo dormí antes del vuelo. Después de lo que pasó volando a Alemania, que quería dormir en el avión pero no era capaz, pensé que lo mejor sería que durmiera antes del vuelo, para que así durante el vuelo estuviera tranquilo… ¡Qué ingenua! Todo el vuelo protestando, porque no quería ir en mis brazos, quería gatear y hacer cosas y no estar sentado en mi regazo. Fue peor que el vuelo a Alemania, y encima estaba sola con él y duraba una hora más. El único momento en el que estuvo tranquilo fue mientras comió, y durante el resto del vuelo fue protestando. Los juguetes que le llevaba para entretenerlo, ni caso. La manta, otra vez no la usé. Fue un viaje agotador.

A la vuelta, intenté aprender de los errores que cometí en la ida. Lo primero, me tranquilicé. Decidí que pasara lo que pasara, incluso si iba todo el vuelo protestando, eran dos hora y media, dos horas y media que aunque mientras duran parecen interminables, son dos horas y media que pasan. Hay muchas cosas peores en el mundo que un niño protestando dos horas y media. Lo segundo y más importante: intentar que no durmiera antes del vuelo. Lo de tranquilizarme lo conseguí, estaba super tranquila. Lo de que no durmiera no fue posible, porque se quedó dormido en el viaje hasta el aeropuerto, que duró más o menos hora y media. Por suerte no durmió todo el viaje, solo la mitad. La otra mitad fue protestando… Pero me pareció mejor que protestara en el coche que en el avión (con esto no quiero decir que yo provocara sus protestas o que no intentara hacer nada al respecto). En el aeropuerto, después de que nos despedimos del abuelo, paseamos un rato con la silla que tienen allí también para llevar a los bebés, igual que en Madrid, y luego estuvo caminando otro rato al lado de la puerta de embarque, hasta que llegó el momento de embarcar. Conseguí mi objetivo de cansarlo: se durmió antes de despegar y se despertó después de aterrizar 🙂 El mejor vuelo que hemos tenido hasta ahora.

El siguiente vuelo fue a finales de septiembre, con casi 15 meses. A este vuelo le tenía algo de miedo por el hecho de que estaba en pleno momento “obsesión por “andar y no sabía si iba a ser capaz de meterlo en la mochila. Por suerte, es un niño muy listo y se dio cuenta de que era necesario y se portó muy bien. La verdad es que no recuerdo muy bien ya estos vuelos, ni la ida ni la vuelta, pero eso por lo general significa que fueron buenos vuelos, sin problemas. Si no recuerdo mal, en uno de ellos no conseguía dormirse, pero lo intentaba, entonces estaba tranquilo, simplemente intentando dormir. Esta vez no llevé juguetes, solo un cuento que le gustaba mucho (ahora destrozado). Sin embargo, no le hizo mucho caso: cuando no dormía curioseaba a su alrededor, la información de qué hacer en caso de emergencia, la “mesita” que se sube y se baja del respaldo del asiento de delante, el botón para bajar el respaldo… Le encantó el hecho de poder sentarse en un sitio él solo, gracias a que no había nadie al lado. 


En diciembre volvimos a volar, esta vez a Polonia. El vuelo una hora más corto, quizá incluso más, pero mucho más intenso. Aunque se moría de sueño, estaba muy interesado en el avión y prefirió pasarse la hora y media jugando con la mesa o mirando las indicaciones de qué hacer en caso de emergencia, o cualquier otra cosa excepto dormir. Por suerte, durante este vuelo estábamos Tata y yo, así que entre los dos fue más fácil. La vuelta fue exactamente igual. Una vez más, ni llevamos sus juguetes, ni hizo falta la manta (que la llevo siempre por si acaso, pero todavía no la he utilizado ni una sola vez; sí me ha pasado que Antek tenga calor y sude y se ponga todo rojo, nunca que pase frío y necesite la manta).

Volvió a volar después, pero no pasó nada diferente, nada que merezca la pena mencionar. 

Las conclusiones a las que yo he llegado después de todos estos vuelos:

1. Si es posible, que no duerma antes del vuelo y que se canse mucho (si ya anda, dejar que ande todo lo que quiera/pueda). No nos engañemos, la mejor forma de llevar el viaje es que se quede dormido.

2. En cuanto a los juguetes, probablemente dependa de cada niño, pero yo diría que normalmente le va a hacer mas gracia todo lo que tenga alrededor en el avión que cualquier juguete que ya conoce. Yo decidí no llevar nada y, en el caso de necesitar un salvavidas, echar mano del móvil (ocupa poco y encima es algo que voy a llevar conmigo sí o sí). 


3. El tema de la manta, como veis yo no la he usado nunca, pero como dice Tata: mejor tenerla y no necesitarla, que necesitarla y no tenerla (aunque estoy casi segura de que si hace falta una manta se le puede pedir al personar del avión).

4. La comida es imprescindible, Antek a no ser que duerma siempre come algo en el avión o en el aeropuerto antes de entrar. Nunca os olvidéis de llevarle algo.

5. El carro. Si tenéis a alguien que os preste un carro en el lugar de destino, no llevéis el vuestro, siempre lo dañan un poco. Si tenéis uno de esos baratos que se pliegan fácilmente, llevad ese. Si no lo tenéis y voláis con frecuencia, yo casi me compraría uno de esos de segunda mano para llevar en los viajes en avión. En el aeropuerto se puede llevar un fular o mochila. En algunos aeropuertos incluso tienen carros para usar en la zona de embarque.


6. Entrar de últimos en el avión, para estar dentro el menor tiempo posible.

7. Si viajo con Ryanair y en el equipaje de cabina no llevo nada que pueda romper y no tengo prisa por salir del aeropuerto, dejar que se lo lleven y cogerlo al final con las demás maletas. Así tendré menos bultos a los que atender.

Esto es lo que puedo decir a día de hoy en cuanto a viajar en avión con un niño menor de 2 años.

¿Y vosotros/as? ¿Tenéis en cuenta algo más? ¿Algún otro consejo que a mí no se me haya ocurrido o que se me haya olvidado mencionar?

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