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Así lo pasamos (11.10.2016)

collages

El día de ayer quizá no fue tan interesante y de hecho hubo alguna que otra rabieta. Pero en general creo que también estuvo bastante bien.

Empezamos el día observando cómo trabajaba una excavadora. Esto ya casi forma parte de nuestra rutina diaria, la observamos desde que llegamos de casa de los Avós (abuelos), cuando todavía estaba destruyendo la casa que había antes donde ahora hay un hueco enorme. 

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Después de desayunar cogió su caja de “legoquenoesLego” y se puso a jugar con las piezas él solo (ya no le quedan muchas después de construir el día anterior con Tata).

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Tras satisfacer sus ganas de jugar con legoquenoesLego, nos vestimos y le dije:

  • ¿Vamos al parque?
  • No, al parque no, Mama, a la tienda.
  • ¿Qué quieres comprar? -le pregunté sorprendida ante su respuesta.
  • Plátanos, tomates, ciruelas y naranjas.

¿Puede estar una madre más orgullosa de la lista de la compra de su hijo? 😀

Salimos de casa y, mientras él se comía su plátano de merienda de media mañana, fuimos a dos tiendas. En una no compramos nada porque no había lo que quería, pero él paseó muy feliz porque tenían uno de esos carritos pequeños para los niños. En la otra compramos unas cajas para seguir poniendo orden en casa (ya hay muchas zonas con orden, pero todavía quedan algunas a las que les hace falta…)

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Aprovechamos que estábamos cerca de un parque al que no vamos mucho, pero que queda cerca de esas tiendas, y fuimos ahí. Es bastante grande (aunque muchísimo menos que el del tractor) y variar de parque siempre se agradece. Antek se lo pasó pipa con los columpios, lo que yo llamo “pinchi-pinchi” (¿cómo lo llamáis vosotros? ese en el que cada uno se sienta a un lado y va para arriba y abajo), el tobogán, unas rocas que hay en el parque, los columpios de mayores (moviéndolos)…

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Como decía ayer, una de las aficiones que tiene ahora es recoger cosas y dármelas a mí. El lunes fueron las piedritas, ayer fue esto:

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Estuvimos casi todo el tiempo solos en el parque. Al principio llegaron cuatro niños con sus dos cuidadoras, pero estuvieron muy poquito tiempo y marcharon. Más tarde, llegó un grupo de un cole (entre 3 y 5 años) y todo iba bien hasta que un niño apareció con una hoja gigante (de un árbol del parque, de verdad gigante, del tamaño de una cabeza, pero como no sé de árboles no sé deciros qué árbol era y se me olvidó hacer una foto para demostrar que no exagero, jeje) y Antek se empeñó en que él también quería una. Estuvimos buscando por el suelo entre las caídas pero ninguna le gustaba (la del niño era verde, como si la hubiera arrancado de una rama, lo cual me parece bastante imposible porque eran ramas altas, así que ni idea). Se acercaba una posible rabieta, así que saqué mi arma secreta, que ahora llevo siempre en el carro, y todo se solucionó 🙂

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¡Pelota!

Se lo pasa genial con la pelota, tanto en casa como fuera, pero como fuera hemos empezado a llevarla la semana pasada, es toda una novedad y le chifla 🙂

Cuando era la hora de su siesta le dije que teníamos que marchar. Dijo “Última Mama, última”. Lanzó la pelota una última vez, la cogió, la guardó en el cesto del carro y dijo “Ahora marchamos”. A veces me dan ganas de comérmelo a besos (que digo a veces, ¡casi todo el tiempo!)

Se quedó dormido en el carro, como siempre por la semana. Cuando despertó comimos y luego conversación por Skype con os Avós.

Después de comer, como llovía, le pregunté si quería ir a la biblioteca. Hacía tantísimo tiempo que no íbamos que no se lo pensó dos veces. Fuimos a la biblioteca, estuvimos allí un rato “leyendo” y nos trajimos tres libros de vuelta a casa 🙂

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Ayer era uno de esos días en los que yo tenía que irme sola a la biblioteca a estudiar alemán cuando llegara Tata del trabajo, pero me sentía cansadísima (Antek se había despertado por la mañana antes de las 6:30) y no me parecía que fuese a tener mucho provecho hacer eso, así que al final decidí quedarme en casa y descansar hacer un bizcocho y unas croquetas frías de garbanzos (ahí Mama, ¡descansando a tope!)

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Le eché coco rallado en lugar de almendra molida y no le eché sésamo porque no tenía. Tenéis la receta original en el enlace de arriba.

El día no terminó sin que Antek no derramara un poco de agua y fuera corriendo a la cocina gritando “¡Servilleta! ¡Servilleta!”, para coger una servilleta y secar la mesa 🙂

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Últimamente para que vaya a dormir es una lucha, se muere de ganas de quedar con nosotros a jugar, por supuesto. La técnica que utilizo estos días es decirle que le voy a poner el pijama a su muñeco. Entonces viene, le tengo que poner el pijama (su pijama) a su muñeco y luego ya le pongo a él otro pijama. Ayer, además, después del pijama se negaba a “bailar con Tata” la canción que bailan juntos todos los días antes de ir a dormir (para bajarle un poco el ritmo y las pulsaciones antes de intentar que duerma) así que dije que si él no quería lo hacía yo. Esta táctica ya la había usado y al vernos bailar juntos había venido a separarnos gritando “¡Antek! ¡Antek!”, pero ayer no pasó, se quedó mirándonos y nos dejó bailar la canción entera (ahí nuestro hijo ayudando a que tengamos momentos de pareja, jaja) y cuando terminó dijo “Ahora Antek” jajaja. Y venga otra vez, esta vez los dos 🙂

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