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Así lo pasamos (viernes de octubre) + Reflexión sobre el pedir perdón

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Los viernes siempre son días diferentes porque Tata vuelve antes de trabajar, pero de todos modos este viernes empezó antes de lo normal… ¡a las 5:30!

Estuve intentando que volviera a dormir (él también lo intentaba el pobre, se volvía a acostar, cambiaba de postura, pero nada…) hasta que a las 6:15 tuve que levantarme con él porque ya no aguantaba más en cama. Cuando se levantó Tata más tarde para ir a trabajar yo volví a meterme en la cama a descansar un ratito, pero ya no llegué a dormir, supongo que en parte porque sabía que iban a ser solo unos minutos hasta que saliera de casa.

Cuando marchó Tata preparé nuestro desayuno (antes lo único que pidió fue leche, no suele despertarse por hambre, simplemente se despierta, se desvela, y ya no hay manera de que vuelva a dormir, incluso si todo el tiempo que está en el salón jugando está bostezando…) Desayunamos gachas con plátano y canela. Fue la primera vez que las hacía y estaban riquísimas, a Antek le gustaron tanto que tuve que hacer una segunda ración 🙂

Hoy también fue fácil convencerlo para salir de casa, porque íbamos a “Fitness für Kinder” (Fitness para niños) con su amiga Magda. Las clases de Fitness que hay aquí están muy bien, porque no están dirigidas, que es lo que más me gusta de ellas. Creo que las clases dirigidas a estas edades no tienen mucho sentido y normalmente solo consiguen que los niños se desesperen. Es una edad demasiado temprana para pedirles que hagan cosas concretas en momentos concretos. El juego libre es lo mejor que pueden hacer ahora. En este Fitness lo que hacen es utilizar lo que hay en el gimnasio (espalderas, colchonetas, potros, bancos, camas elásticas…) para crear una especie de “parque cubierto” (lo cual está muy bien para esta época de frío y lluvias). Los niños hacen lo que les apetece, igual que en un parque. Solo hay unos momentos muy breves en los que se hace algo dirigido: al principio una canción de buenos días y unos estiramientos, al final un “recorrido en tren”, una breve representación con títeres de dedo (es siempre la misma, así los niños siempre saben qué va a pasar y también pueden interactuar al final) y una canción de despedida.

Al salir de Fitness fuimos al parque un ratito, para que pudiera jugar también un poco al aire libre antes de quedarse dormido en el carro (que era evidente que iba a pasar habiéndose levantado a las 5:30) e ir para casa.

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Columpiando el columpio

En el parque también aprovechamos para coger un par de bellotas para nuestro cuenco de otoño y hacer unos ejercicios de equilibrio 😉

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(Siesta – comida – Skype con Avó)

Hoy Tata llegó antes de la comida porque tras el madrugón que tuvimos la siesta duró casi tres horas 🙂 Así que este día comimos en familia 🙂

Después de comer fuimos a un centro comercial, porque Tata no tiene abrigo para este invierno (tiene, pero digamos que ya va siendo hora de comprar uno nuevo… y no es por vicio…) Aprovechamos para probarle a Antek un abrigo de Zara que le quedaba bien, pero no tenían el color que queríamos (ese con el que se notan menos las manchas, jeje), así que probaremos en otro Zara y si no, pues ese color. (La verdad es que soy anti-zara desde hace unos años, anti-inditex para ser exactos, pero gastarme una pasta en un abrigo que va a ser utilizado solo un invierno no me hace mucho chiste, así que quiero pensar que por una vez que deje de lado mi pequeño boicot no va a pasar nada… Quería esperar por los abrigos del Lidl pero no sé si no habrán salido ya, cuando estábamos en casa de os Avós).

En el centro comercial hubo un momentazo en el que yo casi me meo de la risa en la tienda. Estoy segura de que es de estas cosas que cuando las cuentas no tienen chiste, pero en el momento te meas. Aun así, os la cuento. Resulta que Antek ya estaba harto de entrar en tiendas y quería salir, así que me mira y me dice “Ven cariño, vamos”. Ya me da la risa solo con recordarlo. El niño de dos años llamándole “cariño” a su madre. Encima como empecé a reírme a carcajadas (los alemanes que estaban en la tienda no sé que pensarían porque discreción tuve bien poca) Antek siguió repitiéndolo una y otra vez “Vamos cariño, vamos. Venga, ven cariño” y yo no podía parar de reír. Ese fue nuestro primer momentazo del día.

Mientras paseaba tranquilamente por el pasillo o pasarela (no sé cómo llamarlo) del centro comercial, hubo una situación que me dejó bastante alucinada. No sé si la madre dijo lo que decía porque pensaba que nadie la entendía (hablaba en polaco y estamos en Alemania) o lo habría hecho igual de saber que se le entendía (probablemente, a las madres cuando nos ponemos nerviosas nos da igual lo que piense la gente). El caso es que llevaba una niña pequeña de la mano y otra más grande iba como un metro o metro y medio delante de ellas. Le grita con un cabreo que me pareció excesivo, pero que no juzgo porque todas tenemos nuestros malos días y yo nos sé qué le había pasado antes a esta madre (yo tampoco reacciono siempre como de verdad me gustaría) “¡Ven aquí! ¡Como vuelvas a ir delante de doy en el culo! Pórtate bien de una vez, ¡y sonríe!” Lo que a mí no me cuadró en absoluto en todo lo que le dijo fue el final… ¿sonríe? ¿Le echas una bronca a una niña que tampoco es que estuviera haciendo nada malo, en un tono bastante enfadado, la niña se sentirá mal además de ridiculizada (los niños no piensan “no pasa nada, nadie entiende polaco aquí”) y encima al final en el momento en que se te abraza toda triste (como diciendo “no quería enfadarte, mamá”) le gritas (sí, también era con tono de cabreo) que sonría? A mí como adulta no me saldría sonreír después de algo así, cuanto más a un niño… Pero insisto, no pretendo juzgar con esto, no sé qué le había pasado a esta madre, qué había pasado antes, qué circunstancias rodeaban esta frase, no me quedé cerca para ver si después le pedía perdón por el tipo de reacción que había tenido (que podía haber pasado), así que no pretendo juzgarla. He decidido comentar esto en un intento de que reflexionemos y veamos cómo a veces tenemos reacciones con los niños que no son muy justas ni muy agradables y, personalmente, creo que no pasa nada si las tenemos porque somos seres humanos y también podemos cometer errores, lo realmente importante aquí es saber reaccionar y saber decirle a nuestros hijos lo que hay que decir: “Perdona cariño, he reaccionado de una forma demasiado fuerte, es que estaba cansada/nerviosa por…” Con esto no solo corregimos nuestros actos, sino que les enseñamos a los niños una lección valiosísima: equivocarse es normal, los sentimientos existen y a veces nos hacen reaccionar de formas que no queremos o no nos gustan y, sobre todo, a pedir perdón si consideramos que hemos hecho algo mal. Siempre queremos que los niños pidan perdón y rara vez los adultos les piden perdón a los niños. No lo entiendo, como si pidiendo perdón a un niño pensáramos que íbamos a perder su respeto o algo. Yo creo que es al revés, lo ganamos, ven que tampoco somos perfectos, que lo reconocemos y que hacemos algo al respecto. La mejor forma de enseñarle a un niño a pedir perdón a alguien no es obligándolo, es pidiendo nosotros perdón a la gente (y a ellos) cuando podemos/debemos hacerlo.

El último lugar al que fuimos fue una tienda de juguetes donde quería comprar pinturas para Antek, que no fuesen tóxicas y que sirviesen para pintar con los dedos (aunque las usaremos también con pinceles, que no veo por qué no) y allí Antek se encontró con el segundo tren de madera del día (ya habíamos visto otro en otra tienda en la que no encontré las pinturas). Del primero logramos separarlo diciéndole que íbamos a buscar otro… De este ya no hubo manera. Ni siquiera ir a ver la figura gigante del dinosaurio, o mencionarle los trenes de Lego o las figuras de animales… Él quería jugar con el tren de madera. En el fondo fue algo bueno porque estábamos dudando si comprarle uno de regalo de Navidad o no y ahora ya lo tenemos claro 😉

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Para terminar el día, tuvo su segundo momentazo, este consecuencia de que seamos una familia bilingüe. No recuerdo por qué razón, Tata quiso recordarle que en polaco “tren” se dice “pociąg”, a lo que Antek lo corrigió hasta que…

  • Tata: pociąg.
  • Antek: tren.
  • T: pociąg.
  • A: tren.
  • T: pociąg.
  • A: vale, como quieras -y siguió jugando tan tranquilo.
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2 comentarios sobre “Así lo pasamos (viernes de octubre) + Reflexión sobre el pedir perdón

    1. Ojalá fuera una crack, para ser traductora créeme que soy normalita jejeje.
      Pues sí, yo creo que se ha inventado su propio idioma porque hay cosas que dice siempre igual que todavía no sabemos qué son, así que supongo que alguna palabra que se ha inventado…
      Un beso y gracias por pasarte y comentar 😉

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