2 años·Así lo pasamos

Así lo pasamos (19.10.2016)

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Últimamente estoy intentando hacer cambios en el blog. Probablemente muchos ni siquiera se notan, otros no llego a hacerlos porque después de pasar tiempo preparándolos decido que no me gustan y lo vuelvo a dejar como estaba. Por culpa de eso estoy publicando menos, pero intento al menos publicar cositas en Facebook, Twitter e Instagram, para quienes lo tenéis y me seguís ahí. Si tenéis cuenta en alguna de esas redes sociales os invito a que me sigáis allí también 🙂

Ayer empezamos el día como todos, aprendiendo palabras de alemán. Se trata de mí aprendiendo palabras de los libros de vocabulario de Antek, como es vocabulario muy básico me pareció un buen añadido para mi aprendizaje (también uso otros libros, tranquilos, esa no es mi única manera de estudiar alemán, es la única que hago con Antek). Antek normalmente pasa de mí mientras aprendo palabras con su cuento, se pone a jugar solo o juega conmigo (y ahí estoy yo en plan multitarea), aunque sí me ha sorprendido en una ocasión diciendo antes que yo “wassermelone” cuando señalaba la sandía 🙂

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Ayer estuvimos jugando en casa por la mañana mucho tiempo antes de salir, entre otras cosas porque llovía y ya puestos decidí esperar a la hora de la merienda de media mañana o “segundo desayuno” (así lo llaman en polaco) para que lo tomara en casa y así no tener que llevarlo en la mochila. Se empeñó en que le hiciera una papilla, porque Antek es un “niño BLW” raro: después de estar meses tomando la fruta entera, un día, ya grande, descubrió los potitos (por alguna razón le dimos algunos, no recuerdo por qué) y desde entonces es un adicto, así que muchas veces le hago papillas de fruta en casa para evitar que se vuelva loco cuando los ve en la tienda… Además no vamos a comparar, las caseras son muchísimo mejores. El único problema que tienen es que Antek tiene poca paciencia y cuando pide una la quiere YA y normalmente mientras se la preparo lo tengo protestando… Pero bueno, por suerte cada vez soy más rápida 😉 Ayer le hice una de manzana y plátano y se la tomó entera, no me dejó nada para mí, jeje (sí, lo confieso, a mí las caseras me encantan, son fruta y la fruta me gusta, así que ¿por qué no me iban a gustar?) Es curioso, hoy merendó lo mismo, plátano y manzana, pero hoy no tuve que triturarlos, hoy tenía ganas de masticar! 🙂 (por eso no me preocupa cuando las toma, la mayor parte de la fruta que consume la toma entera).

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Después de la merienda quiso hacer una pirámide con algunos vasos de yogures que he ido lavando y apartando. Últimamente le encanta y tenemos que hacer por lo menos una pirámide al día. Creo que una de las razones por las que le gusta tanto es que es capaz de hacerla. La primera vez que hice con él una no era capaz porque ponía un vaso encima del otro, no era capaz de entender que había que apoyarlo en dos, se frustraba muchísimo y lo pasaba fatal, de modo que lo aparté durante un tiempo. Ahora que sabe hacerla le encanta. Y sabe que lo de poner uno encima del otro es al final, cuando los vamos a recoger 😉 (Ya, podría pintar los yogures para que fuese más bonito, lo sé, pero es que soy un poco vaga…)

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Luego se empeñó en que nos sentáramos en unas sillas que nos habían traído el día anterior los vecinos. Tenemos probablemente unos de los mejores vecinos en el mundo. No solo no protestan por el ruido que hace Antek con sus gritos y su no parar de correr (viven debajo) sino que además nos han dado ya una bicicleta de esas sin pedales de su hija y ayer nos trajeron una mesa con dos sillas para Antek.

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Pues Antek ayer se ve que quería usarlas pero no de la forma convencional. Cogió las sillas y puso una enfrente de la otra (pegadas), se sentó en una y me pidió que me sentara yo en la otra, jajaja. Me senté y se quedó un poco sorprendido, como si no se esperase que íbamos a estar tan cerca (mis piernas lo rodeaban, básicamente, jajaja). Después de un rato observando la situación decidió levantarse (para lo cual tuvo que apartar una de mis piernas) y cambiar el sitio de las sillas. Las volvió a levantar y las puso en frente del tobogán de Little People, por el que estuvimos echando una especie de “piñita” (no sé qué es realmente, no había visto antes algo así) que nos trajimos para el cuenco de otoño (pero que me está costando que entienda que tiene que quedarse en el cuenco…).

Una cosa que me sorprendió de estos juegos con las sillas, a parte de los propios juegos en sí donde parecía que las protagonistas eran las sillas, fue el hecho de que cada vez que las cambiaba de sitio o posición las levantaba 🙂 Hace ya bastante tiempo que le había explicado que era mejor que no las arrastrase, sino que las levantase, pero no me había parecido que le quedase muy claro… ¡Y sin embargo hoy me sorprendió demostrándome que sí!

Después de estos juegos decidí que era mejor salir y el resto de la merienda, que no había tomado en casa, se lo metí en un taper. Llevábamos días sin salir de casa porque estuvo con fiebre, así que quería salir un ratito y si no lo hacíamos ya, luego iba a ser demasiado tarde y se me iba a quedar dormido. Metí el último trozo de un bizcocho de zanahoria que hice hace un par de días y salimos.

Pues resulta que Antek estaba cansadísimo y se me quedó dormido como a los 15 minutos de salir de casa en el carro, mientras hacía la compra en el super (que normalmente es algo que lo espabila…) Así que nada, me vine corriendo a casa porque yo cuando duerme me relajo (y enciendo el ordenador, que intento tenerlo apagado cuando está despierto…)

(Siesta – comida)

Después de comer llegó el momento estrella del día para Antek, ¡encontramos un charco! Bueno, había muchos por el camino, pero encontró uno en el parque que le llamó especialmente la atención, no sé por qué exactamente, quizá por las hojas secas o quizá porque fue un sitio en el que se quiso bajar del carro porque había otros niños que al final se fueron… Total, que me mira con cara de incertidumbre y me dice “charco, ¿pisar?” jajaja, a veces forma tan bien las frases y otras se me pone en plan Tarzán como en los principios 😉 Y yo le dije “sí, hoy tienes las botas y con ellas puedes pisar los charcos” y empezó a pisarlo, a cada paso que daba más emoción. Le encantó, se lo pasó tan bien que empiezo a pensar que al final se lo va a pasar mejor en otoño y en invierno de lo que se lo pasó en verano, jejeje. Desgraciadamente las botas era el primer día que las poníamos y no superaron el examen, después de un buen rato me dijo “Y ahora, quita el agua”, jajaja, igual que me dice siempre con las arenas que se le meten en los zapatos. Así que tuve que sentarlo en el carro, quitarle botas y calcetines y poner calcetines secos… Y como nos quedamos ya sin botas, que esas estaban mojadas, nos fuimos para casa. Tenemos que comprar otras botas para charcos porque ahora que lo ha probado no habrá quien lo pare 😉

Ya en casa merendamos yogur líquido de pera. Personalmente no he sido capaz de encontrar en el super un solo yogur líquido sin azúcares añadidos. ¿Y tú? ¡No hay problema! Hacerlo en casa es tan fácil como coger un yogur natural no azucarado, una pera troceada (u otra fruta), triturar y servir. A Antek le encanta y la pera le da tal dulzor que no hace falta azúcar. Además, si no endulzas los yogures de tu hijo y no lo acostumbras al sabor azucarado tomará yogures naturales sin azúcar encantado.

Después de la merienda leímos ¿Puedo mirar tu pañal? Le encanta, de hecho ahora ya lo lee él, a mí me manda callar 😉

Poco después llegó Tata y Mama se fue al gimnasio 🙂

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