Así lo pasamos·Reflexiones·Sábados

Así lo pasamos (Sábado 22.10.2016) + Breve reflexión sobre las discusiones de pareja

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No fue un día especial, no hicimos nada especial. ¿Por qué cuento entonces qué hicimos este día? Porque creo que también es súper importante que los niños tengan este tipo de días, días en los que no se hace nada especial, en los que estamos en casa, o vamos a la tienda, o hay que hacer cosas de esas que hay que hacerlas (porque no tenemos criados, por ejemplo). También es necesario que se aburran, que no tengan qué hacer y tengan que pensar ellos algo… Todo esto también es importante y por esa razón me he decidido a describir nuestro día sosete del ayer 🙂

Después de desayunar, empezamos ya “bien”. Tata le puso la tele, entre otras cosas unos dibujos que él veía cuando era pequeño (no sé si los conocéis, yo no, así que o son dibujos de Europa del Este o en Polonia los pusieron en una época diferente que en España, que también pudo pasar).

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He puesto entre comillas el “bien” del párrafo anterior porque yo no soporto que Tata le ponga la televisión a Antek. Este es un tema que tengo guardado para un post aparte, así que no quiero extenderme, pero puedo decir que no soporto na televisión, no soporto lo atontado hipnotizado que se queda con ella, no soporto el efecto que tiene en los niños pequeños (bueno, en los adultos tampoco mucho), no me gusta pensar en todo lo que deja de hacer mientras la está viendo… En fin, es algo que no soporto.

Si alguien se pregunta por qué no hago nada al respecto, también tengo una respuesta: hago y no hago. Hago “balanza” teniéndola apagada durante todo el tiempo en el que Tata no está en casa, mientras no vuelve del trabajo, en un intento de compensar todo el tiempo que estará encendida cuando llegue. No hago porque ya lo he hecho, ya he dicho todo lo que pensaba de la tele, hubo una época en la que lo convencí y Antek estuvo sin verla en absoluto durante cuatro meses, pero desde el último viaje a Polonia, donde hubo tele por un tubo, ha sido muy difícil no volver a ponérsela porque no hace más que pedirla. Cuando Tata se va a trabajar yo le he explicado que entonces no la encendemos y lo ha aceptado, espera a que llegue (eso sí, cuando llega se la pide a gritos…) También digo que no hago porque no veo sentido a insistir en algo que ya no voy a volver a conseguir y en acabar por culpa de este tema discutiendo con Tata. Antek realmente no ve tanta televisión, suele llegar un punto en el que le aburre y él mismo se levanta y se pone a jugar. ¿Merecería la pena que discutiéramos para quitar esos minutos de tele al día? ¿Qué es peor para el niño, unos minutos de tele o que sus padres discutan? Yo creo que lo segundo es peor, y por eso hay batallas en las que suelo dejarme vencer.

Esta es una reflexión que escuché por primera vez en una conferencia de Julio Basulto, nutricionista, persona que odia la Nutella como cualquier buen nutricionista. Y a pesar de todo en su conferencia comentó la anécdota de una madre que le pidió que le dijera algo con lo que pudiera convencer a su marido para que no le diera Nutella a su hijo, a lo que respondió que para su hijo era peor que sus padres estuvieran discutiendo sobre la Nutella que tomarse la Nutella. Me pareció un formidable consejo. ¿Cuántas veces los padres discuten por estupideces? ¿Cómo creemos que se sienten los hijos? Si nosotros nos sentimos “raros” (por llamarlo de alguna manera) cuando estamos presentes en una discusión ajena, imaginaos cómo se sienten los niños cuando están presentes en una discusión entre las personas que más adoran en el mundo. Si encima son niños “grandes” que ya saben lo que es el divorcio y tienen amigos hijos de padres divorciados, estas cosas encima pueden darles mucho miedo. Discutir por tonterías no tiene sentido. A veces hay que perder una batalla para poder ganar la guerra.

 

Hace dos posts os comentaba que ya habíamos decidido qué regalarle a Antek estas navidades… Sí, el tren con las vías de madera… Pues bien, resulta que encontramos uno de oferta muy completo, con muchas piezas, a muy buen precio, y decidimos comprarlo… Yo me preguntaba si seríamos capaces de aguantar hasta las navidades sin dárselo. La respuesta ya os la puedo dar: no. Jajajajajajaja. Se lo dimos el mismo día que llegó (encima él estaba despierto cuando llegó el paquete y se empeñó en abrirlo, conseguí que esperara al menos hasta que llegara Tata para hacerlo…) He descubierto que ya no podemos hablar de cosas que no queremos que sepa delante de él, ¡ya lo entiende todo! Sabía de sobra lo que había dentro de la caja, no se mostró en absoluto sorprendido, incluso se puso a buscar el “tranvía” del que nos había oído hablar en más de una ocasión (hasta ahora todos los juegos de vías de tren de madera con los que había jugado tenían trenes, así que a ver cómo sabía que este tenía un tranvía si no por habérnoslo oído decir a nosotros…) Total, que gracias al tren dejó rapidito la televisión, porque ahora está obsesionado y se pasa el día jugando: si no es moviendo los coches o tranvías por las vías es cambiando las vías de sitio, formando circuitos nuevos, “subiendo los pasajeros al tranvía”, colocando las señales de tráfico por toda la casa… Le encanta.

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Podo después Tata se puso a correr con él por casa. Tenemos una casa que por suerte tiene espacio para correr. Digo por suerte porque a Antek le encanta y no sé qué haríamos si la casa fuese más pequeña o no tuviese espacio para correr. Hacía mucho que no jugaban a “listos ya” (como lo llama Antek) y la idea le encantó. De hecho mientras corría decía “Antek se olvidó”, jajaja. ¡Se había olvidado de ese juego! Hubo una temporada que era lo primero que hacía cuando Tata volvía del trabajo. Ayer iba tan rápido que casi no me sale en la foto 😉

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Sobre las 10 me fui al gimnasio y cuando volví seguían jugando con el tren de madera 🙂 Y cuando salí de la ducha también 🙂 Eso sí, vino a decirme que estaba cansado y quería dormir (!)

(Siesta – Comida – Skype con os Avós)

La comida la hizo Tata 🙂 Sopa, de la cual aprovechamos todas las verduras para hacer una ensaladilla XXL. Tata no sabe hacer comida para tres. Habrá que traer un hermano/a para Antek, a ver si así las cantidades de comida que hace se corresponden con el número de comensales… Estos so los ingredientes, y faltan los huevos y los guisantes (y cortar todo, por supuesto):

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La ensaladilla la dejamos para la cena. Para la comida: la sopa (de tomate) y los zancos de pollo de la sopa rebozados (todo muy polaco, fue una comida y cena como las de su casa).

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Después de comer, por supuesto, otra vez a jugar con el tren. Tata tuvo que deshacer el circuito que le había hecho y hacer uno más pequeño, porque a él le encanta unir las vías y después de hacerle aquel circuito le habían quedado pocas vías y no hacía más que buscar más (en la caja, en otra caja…) Así que le hizo un circuito sencillito para cuando le apeteciera pasar los trenes por las vías y dejó al lado las vías sueltas para que construyera él 🙂

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Todo el día estuvo lloviendo, así que lo único que hicimos fuera de casa fue ir a la tienda. A Antek le encanta… Le encanta la rampa mecánica que hay para subir al piso de arriba con el carro, a la que llama “tobogán”; le encanta el botellón gigante con vasos de papel para que los clientes beban agua mientras hacen la compra (él siempre tiene que ir a tomar un sorbito); le encanta ir a la sección de juguetes y probar unos cuantos (en primavera-verano siempre cogía una bicicleta y recorría toda la tienda; la bici que le regalamos en su cumple la ha usado solo una vez, ejem…); le encanta coger la fruta, pesarla, pulsar el botón correspondiente a la fruta que es en la pesa para que salga la etiqueta…; le encanta coger el pan y darle al botoncito que lo corta en rebanadas después de que Mama lo ha colocado en la máquina (cosas alemanas, a mí me gusta, que conste, ya te lo llevas cortado para casa, evidentemente se trata de panes más compactos y anchos, no de barras de pan)…

En la tienda compramos un paquetito que traía dos pegamentos de barra, porque he pensado que podíamos usarlo estos días de lluvia para hacer “collage”. Aunque para eso necesito hacerme con papeles (mejor si son de colores, para que sea más bonito) u otros materiales (como hojas secas) y recortarlos de formas diferentes (los papeles; creo que todavía es demasiado pronto para enseñarle a usar las tijeras a él). De todos modos, en cuanto llegamos a casa Antek quiso probar ya el pegamento y tuve que improvisar rápidamente unos recortes. Por suerte en la tienda habíamos cogido un catálogo de Playmobil del que pude recortar algunas cosas. Estuvo un rato recortando hasta que me dijo que tenía sueño, que quería poner el pijama, bailar con Tata e ir a dormir (!) Aunque ya han sido varias las veces que me ha dicho que quiere dormir a mí sigue impresionándome. Me encanta no tener que luchar para que vaya a dormir, jeje, pero no deja de alucinarme el hecho de que sea así 😉

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