Así lo pasamos·Malamadre

Así lo pasamos (sábado de noviembre) – Esos días en los que no eres la madre que quieres ser…

collages-5El de ayer no fue un día del que esté orgullosa lo más mínimo. ¿Por qué voy a hablar de él? Porque creo que hablar solo de los días buenos y de lo bueno sería como mostrar una imagen de perfección que no existe. Como ya he dicho en varias ocasiones no soy una madre perfecta ni falta que hace. A veces tengo días malos, a veces semanas malas… Dicen que “mal de muchos, consuelo de tontos”, llámame tonta, pero a mí me consuela cuando leo en otros posts de madres que han tenido un mal día, que han tenido una reacción que no les gusta tener, o incluso que han discutido con su pareja. No es que me alegre de que les pase eso, simplemente me alegro de saber que no soy la única y que es normal tener de vez en cuando días así. Por esa razón he querido también compartir mi mal día…

Llevaba ya unos días de bastante mal humor, desanimada… Ya antes de eso tenía intenciones de hacer un nuevo post de “Así lo pasamos” sobre este sábado, así que decidí no cambiar de opinión solo por tener un mal día. Los malos días existen y no debemos negarlos.

El día empezó a las 5:30 (empezamos bien…) Yo medio zombie, no era capaz casi de reaccionar a las cosas que Antek quería hacer. De hecho no estoy segura de recordar bien qué es lo que pasó durante esas primeras horas del día. Recuerdo que cogió un cuento de estos para niños más pequeños, con animales y sus nombres, y lo estuvimos viendo un rato. Él mismo preguntaba:

– ¿Dónde está el elefante? -por ejemplo.

Y él mismo lo señalaba con un alegre:

– ¡Ahí está!

Vamos, que por suerte se supo entretener a sí mismo durante un rato. También se entretuvo con un cuento pop-up que tiene y más tarde construyendo un tobogán con una tabla para los coches.

Al cabo de un rato me dijo que quería hacer potito (papilla de frutas y yogur, las llama “potito” o “potito casero”), pero como para el “potito” hace falta la batidora, que hace mucho ruido para las horas que eran, le preparé unas gachas con plátano. Mientras las preparaba estaba tan emocionado que empezó a hablar en voz muy alta, casi a gritos. Le pedí que bajara el tono porque los vecinos y Tata estaban durmiendo, pero no me hacía caso y empecé a ponerme nerviosa (aquí empezaron esas reacciones de las que no estoy orgullosa). Ya el día anterior no había tenido yo muy buen humor y la cosa no estaba mejorando, imagino que el madrugón y un dolor que parecía ser de ovarios no ayudaban… Le hice un “ssshhh” que tuvo más fuerza y más “rabia” por mi parte de la que suele tener (normalmente se lo hago de forma suave y con una sonrisa) y el pobre se me echó a llorar 😦 Tuve que consolarlo un rato. Últimamente noto mucho que le afecta cuando me enfado o me pongo nerviosa 😦

Con tanto ruido al rato despertó Tata. Entonces me puse a hacer el desayuno mientras él se iba con Antek al salón. Mi estado de ánimo y mi humor iban de mal en peor, así que necesitaba un poco de separación, aunque solo fuese de una habitación a otra.

Después del desayuno Antek estuvo jugando con Tata. Estuvieron jugando a la pelota (tenemos un piso bastante espacioso porque como es probable que cualquier día tengamos que mudarnos no compramos muchas cosas/muebles) y tenemos unas pelotas que no hacen mucho ruido, entre ellas una que es como de esponja que nos encanta porque es la más silenciosa de todas.

Al cabo de un rato, empezó a insistir que quería hacer potito y fui a hacerlo con él (porque ahora que lo haga yo sola ya no es una opción). Yo cortaba y le daba trozos grandes que él cortaba en trozos más pequeños y los echaba en el vaso de la batidora. Una vez hecho el “potito” fue a tomarlo con Tata al salón mientras yo hacía unas cosas en el ordenador…

Cuando acabó la papilla dijo que quería ir a la tienda, así que como teníamos que ir y no nos venía mal salir y dejar ya la compra hecha antes de lo normal, nos vestimos y marchamos.

En la tienda su comportamiento fue más o menos como siempre (con alguna que otra escapadita, pero siempre acababa volviendo cuando lo llamaba, no me hizo falta ir detrás de él) hasta el final, cuando era evidente que estaba muerto de sueño y empezó a hacerse difícil, de modo que tuvimos que apurar el paso… A pesar de mi comprensión (yo sabía que él estaba muy cansado y tenía sueño porque había madrugado), mi estado de humor, sumado al dolor de ovarios y el cansancio provocado por el madrugón, no me dejaba ser el tipo de madre que me gusta ser. No tenía paciencia. Solo quería llegar a casa y ponerlo a dormir la siesta 😦

Por supuesto cuando llegamos a casa ya estaba pasadísimo de rosca y no quería dormir. Conmigo no quiso y yo no tenía paciencia, así que tuve que huir para que no me diera un ataque de nervios 😦 Lo durmió Tata. Lloró porque decía que quería venir a estar conmigo, pero en unos segundos ya lo tenía profundamente dormido.

(Siesta)

Se despertó de muy buen humor y a mí el descanso me sentó bien. Comimos el zurek (sopa de harina fermentada, lo sé, suena fatal, pero está riquísima) que hizo Tata.

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Después de comer ya no volvimos a salir. Ahora aquí ya anochece antes de las cinco y entre eso y que no paró de llover en todo el día, no había muchas ganas de salir. Yo le pregunté a Antek varias veces si quería salir y todas dijo que no, así que pasé de insistir y tuvimos una tarde de casa.

Últimamente en casa se lo pasa muy bien y él solo decide a qué quiere jugar, no hace falta proponerle nada ni inventar nada para entretenerlo.

Estuvo jugando con su juego de legoquenoeslego, con el que últimamente se entretiene un montón.

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Poco después decidió jugar con el tren de madera. El tren de madera es la mejor compra-juguete que hemos hecho hasta ahora con Antek. No hay ni un solo juguete con el que haya jugado absolutamente todos los días, varias veces al día, desde que se lo dimos (hace ya un par de semanas por lo menos). Sí, es el que iba a ser un regalo de Navidad pero se lo dimos… No me arrepiento. Me encanta verlo jugar, verlo formar nuevos circuitos con las vías, poner luego los trenes y moverlos… Es increíble lo mucho que le gusta, lo mucho que se concentra. La mejor compra hasta el momento con creces.

Poco después se puso a jugar al escondite con Tata. Fue muy gracioso porque él le decía a Tata dónde tenía que esconderse “Ahora esconde en habitación” jajaja. Otra cosa que hacía era que le decía que se escondiera y mientras tanto miraba para él para ver dónde se escondía, jajaja. Nos costó un poco hacer que entendiera que tenía que taparse los ojos mientras Tata se escondía y luego buscarlo 😉 Tata a veces le hacía caso y se escondía donde le había dicho, pero otras veces se escondía en otros sitios. El preferido de Antek fue en el sillón debajo de la manta, le gustó tanto que luego quería que se escondiera allí seguido, jajaja. Fue muy divertido jugar al escondite 🙂

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Después del escondite, otra vez quiso jugar con el tren de madera y estuvo un buen rato jugando solo. Esta vez hizo varios circuitos separados y pequeños, en vez de hacer uno grande.

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Luego otra vez volvió a jugar con legoquenoeslego.

Más tarde, no recuerdo por qué, le propuse yo un “juego”. Cogí un candado que tengo de una maleta y su llave y se los di. Primero sin explicar nada, porque tenía curiosidad por comprobar qué iba a hacer con ellos. Pues resulta que ya sabía muy bien qué era, cogió la llave y la metió en el agujerito del candado sin dudarlo. Le costó un poco abrirlo porque había que hacer fuerza, pero una vez le enseñé cómo hacerlo, no le volvió a costar trabajo y siguió abriéndolo y cerrándolo como si llevara toda su vida haciéndolo.

Luego le pregunté si quería pintar un poco y por supuesto me dijo que sí, así que preparamos la mesa. Él fue a coger una hoja en blanco mientras yo preparaba el resto. Creo que la próxima vez que pinte le voy a quitar el vasito de agua que le pongo para que “limpie” el pincel, porque es un concepto que no entiende en absoluto y lo único que hace es que moja el pincel en todas las pinturas, luego en el agua, y luego pinta. Jejeje. Por esa razón el papel queda siempre super aguado y se arruga todo. Entonces o le quito el agua o voy a tener que comprar unos lienzos que no se estropeen con el agua 😉 Le expliqué el primer día que el agua la ponía por si quería limpiar el pincel entre un color y otro. También lo hice yo misma mientras yo pintaba. Pero o no lo entiende o no le gusta la idea, porque a él el agua le chifla… Así que no volví a insistir y dejo que pinte como quiera, entre otras cosas porque algo he aprendido leyendo este post buenísimo de De mi casa al mundo, que te recomiendo que leas si tienes contacto con niños que crean (con pintura, plastilina o lo que sea).

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Poco después tuvimos un momentazo con Antek, muy gracioso. Tata se puso a leerme una noticia que acababa de ver en internet y mientras me la leía Antek se puso como a hacer una “interpretación simultánea” en su propio idioma. Jajajajajaja. Casi todo palabras inventadas de esas suyas, graciosísimo. Por supuesto cuando intenté grabarlo paró 😉

Después de cenar, cuando quise ponerle el pijama, pasó lo que pasa últimamente todos los días. ¡A saltar en cama! No hay manera de ponerle el pijama… En cuanto se ve encima de la cama se pone a saltar y escapa… Después de todo el día, mi humor y mi estado de ánimo volvían a estar por los suelos. Además ahora ya estaba confirmado que había mucho de hormonal en él porque mi querida amiga la señora de Rojo ya se había presentado… De repente me vi no siendo capaz de hacer casi nada por conseguir ponerle el pijama. Tampoco era capaz de sentir nada. No me hacía gracia. No me molestaba. No se me acababa la paciencia si quiera. De repente me sentí como si fuera un robot sin sentimientos. Incluso cuando le puse el body, mientras se lo abrochaba y le daba un ataque de risa porque tenía cosquillas yo no era capaz de sentir nada, cuando normalmente en esos momentos me contagia y acabamos meándonos de risa los dos. Estar así me parecía deprimente y empezó a preocuparme. Me sentía total y absolutamente como un robot. No era capaz de sentir nada 😦

Cuando por fin fui capaz de ponerle el pijama con ayuda de Tata nos sentamos a leer unos cuentos. Luego fue a bailar con Tata su canción de buenas noches y luego lo acosté.

Cuando se quedó dormido y le expliqué a Tata cómo me había sentido me dijo que era normal, que eso era el cansancio sumado a las hormonas de la regla y que no le diera más vueltas… 😦 A pesar de que había cosas que quería hacer, me limité a tirarme en el sofá y poner una serie.

Hoy, ya pasado el medio día, puedo decir que me he sentido bien todo el tiempo hasta ahora, otra vez como yo misma, ya no siento esas cosas que sentí los últimos días (porque no fue solo ayer). Tampoco está esa sensación de “no sentir nada”. Así que supongo que sí, que fue una mezcla del cansancio y las hormonas que nos hacen una visita mensual… Qué cruz tenemos las mujeres con esto, ¿no? Pero bueno, yo por mi parte no lo quito, si es el precio que hay que pagar por poder llevar a una personita dentro, por poder crearla y traerla al mundo y luego alimentarla y ser su consuelo… Me encanta ser mujer 🙂

¿Y tú? ¿Qué haces esos días en los que no eres como quieres ser?

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2 comentarios sobre “Así lo pasamos (sábado de noviembre) – Esos días en los que no eres la madre que quieres ser…

  1. Me encanta que escribas las cosas tal como son, sin disfrazar la realidad ni decorarla. La maternidad está llena de momentos en los que somos súper madres cariñosas y atentas pero también existen esos días y ratos en los que ni nosotras mismas nos aguantamos, en los que estamos demasiado cansadas para tener paciencia. Pienso que lo mejor es pasarlos, respirar y, si es posible, dejar al peque un rato con su padre o jugando a su aire para no pagar con él nuestro mal humor y nuestras hormonas revolucionadas. Y oye, que si alguna vez hablamos demasiado alto o somos un poquito injustas tampoco deberíamos fustigarnos mucho, que somos madres pero también humanas, y nuestros hijos no van a querernos menos por ello. Siempre está en nuestra mano decir “lo siento, mamá no tiene un buen día” y regalarle un beso.

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