¡Mecachis Mama!·Mi experiencia·Reflexiones

De una ex-gorda/vaca/foca/chapona

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Últimamente se habla mucho del bullying o acoso escolar. Los padres empiezan a protestar ante este problema, que encima se ha agravado con las nuevas tecnologías. El acoso ahora ya no tiene lugar solo en la escuela, sino que te persigue, porque se queda en la red, para seguir haciéndote daño cuando sales de allí, cuando llegas a casa.

Con tanto hablar del acoso escolar me he acordado de mi época escolar. No sé si lo que yo viví fue acoso, la palabra suena muy fuerte y yo no lo recuerdo como algo tan terrible, de hecho yo recuerdo mi vida en la escuela como algo bonito y feliz. En este post quiero contar mi historia, así que podrás juzgar por ti mismo/a si se trataba de acoso escolar o no.

¿Por qué yo no lo sentía como acoso? En parte porque empezó tan pronto (mi memoria lo recuerda desde los primeros años de lo que era antes EGB) que para mí ya era algo normal… Era ese ruido de fondo al que me había acostumbrado tanto, que ya ni le daba importancia (de manera consciente, supongo que inconscientemente tuvo efecto, por ejemplo en lo introvertida que era entonces o en la baja autoestima en lo que se refería a mi físico que tuve en la adolescencia).

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¿Por qué quiero contar mi historia? No estoy segura. ¿Por qué no? A lo mejor ayuda a alguien, a lo mejor no. Al menos perjudicar no creo que perjudique. Y por alguna razón que no entiendo, he sentido ganas de “hacerla pública”. ¿Serán los efectos secundarios de escribir un blog?

Los primeros efectos que recuerdo de lo que viví son esas situaciones en las que alguien me dice “Pero qué niña más guapa” y yo respondo “No soy guapa, soy gorda”. Aquí era muy pequeña, pero en breve fui lo suficientemente consciente para observar que mi reacción no era muy bien recibida y empecé a callarme y simplemente aceptar el cumplido que yo “sabía” que no era cierto. Nunca subestimes a un niño, son mucho más listos de lo que parecen.

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(Estos mofletes que nos encantan en los niños cuando somos adultos, pueden sin embargo suponer burlas de tus compañeros en la infancia. A pesar de todo, yo siempre he querido un bebé mofletudo, ji ji ji)

Recuerdo como mi nombre no siempre era Paula, sino Vaca, Gorda o Foca.

Recuerdo como en las clases de gimnasia, cuando teníamos salto de altura o de longitud (ese para el cual tienes que hacer primero un “sprint” y luego saltar), los niños de la clase, todos a coro, hacían un redoble de tambores mientras yo corría. Durante el salto, gritaban: “¡bomba!”

Mi memoria ha borrado muchas otras cosas, estoy segura. Supongo que las que más se quedaron en ella fueron las que se repetían con más frecuencia (las dos que acabo de mencionar). Yo nunca reaccionaba. Me concentraba para que en mi rostro no se pudiese apreciar lo que me dolía. A veces incluso sonreía, en un intento de fingir que me daba igual. No lo hacía porque fuese tonta, o demasiado buena, o masoquista, lo hacía porque creía que no hay cosa que más duela a alguien que quiere hacerte daño que hacerle creer que no lo ha conseguido (incluso si es mentira y lo había conseguido, lo importante era no demostrárselo).

También recuerdo que yo no era la única de la que se burlaban, había también un chico al que llamaban Mona porque tenía las orejas de soplillo, a otro Jehovita (aquí el problema era más la entonación) por ser testigo de Jehová… Todo lo que “se salía de lo habitual” era un buen motivo de burla.

A día de hoy, cuando pienso en estos casos no creo que la culpa de todo esto la tuvieran los niños, sino los padres, con sus comentarios sobre “las pintas que lleva esa o aquel”, “mira cómo se ha puesto ésta estas navidades, no ha debido de parar de comer turrón”, “mira esa, ¿no se ha visto en un espejo?” y un largo etcétera. Muchos de estos comentarios mencionados delante de los niños, pensando que estos no escuchan pero… ¡ah! ¡sorpresa! los niños lo absorben todo. ¿Y con el testigo de Jehová? Yo ni siquiera sabía qué era eso y por lo tanto no entendía por qué razón serlo era motivo de burla. A lo mejor soy una mal pensada, pero lo que yo pienso es que el niño que se burla de esto antes ha preguntado en su casa qué significa ser testigo de Jehová, a lo que probablemente habrá recibido una explicación más bien intolerante, y de ahí su reacción luego. (Que por cierto, tampoco entiendo por qué sabíamos que era testigo de Jehová, ¿se presentó así al llegar a la escuela? ¿O es que los niños se enteraron por los cotilleos en su propia casa?)

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Algo que a mí diría que me dio esta experiencia fue un nivel de empatía muy grande con los demás (o a lo mejor esto me lo dio la educación que me dieron mis padres, también puede ser). Habrá quien diga “claro, normal”. Pues no, no era normal tampoco, porque muchas de todas esas personas de las que también se burlaban se unían al las burlas contra mí. Mi teoría es que probablemente querían ponerse del otro lado con la esperanza de que las burlas contra ellos desapareciesen, con la esperanza de que todas se centrasen por fin en mí y los dejasen a ellos en paz. No funcionaba y a mí casi me hacía más daño las burlas que venían de estas personas que las de las demás. Me costaba entender que sabiendo lo que se siente me estuvieran haciendo lo mismo.

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Mira que “gorda” estaba

Cosas que, desde mi punto de vista, demostraban que los niños no eran malos, era que todos los que se burlaban de mí eran personas súper agradables conmigo cuando estaban por separado. Si nos veíamos fuera del colegio en clases extraescolares, si la profesora los sentaba conmigo a hacer un trabajo en parejas, si coincidíamos en algún lugar… entonces era niños normales, agradables, que me trataban como a una persona normal. Luego cuando se juntaban eran unos gallitos, todos juntos tenían que demostrar que eran “guays” burlándose de mí. No burlarse de mí podría suponer un riesgo, el riesgo de ser ellos los próximos de los que se burlaran, de ser ellos las próximas víctimas.

Curiosamente este tipo de comportamientos, a mí -por el contrario- me hicieron más valiente, o eso creo. Supongo que es una mezcla de este comportamiento y el hecho de que la profesora siempre me sentara con “los malos de la clase”. Nunca pude sentarme con una amiga, como el resto del mundo. ¿Que por qué? Ah, es que se me olvidaba decirte que además de la vaca, la foca y la gorda también era la chapona. Por lo tanto, desde segundo de EGB (en primero todavía no lo sabía la profesora, o a lo mejor fue porque era otra profesora con mejores métodos) hasta octavo, SIEMPRE me sentaron desde el primer día de clase con “los malos” o “los repetidores” (“para ver si les contagiaba”, “para que copiaran” -sí, estás leyendo bien-, para… para fastidiarme, vamos…)

El hecho de estar siempre sentada con esta gente supongo que también me ayudó a ser una persona más valiente y empática, porque descubría a su lado que eran niños normales, iguales que todos los demás, a los que simplemente les costaba más aprender ciertas cosas. Recuerdo en un curso en el que el “repetidor” que me pusieron al lado era la segunda vez que repetía, recuerdo que yo lo conocía de vista del recreo y que siempre me había dado miedo, tanto por lo que hacía como por su aspecto, que desde mi punto de vista era el del “típico niño malo”… Cuando me lo sentaron a mi lado no solo descubrí que era un niño normal, descubrí que era incluso simpático y hasta me pareció verle un lado… ¡cariñoso! No recuerdo por qué razón, pero recuerdo que lo vi. No era ese ser terrible que veíamos en él. Era un niño normal. Era, probablemente, un niño con unas enormes carencias de apego.

Recuerdo una vez que se estaba burlando y riendo de un niño que no quería hacer lo que él le había ordenado; el niño estaba llorando y todos los de la clase se estaban riendo a coro y le llamaban lloricas. Recuerdo que quise defenderlo, a pesar de que era uno de los que más se burlaban de mí, y me acerqué y le dije al “abusón” que lo dejara en paz, que era mejor ser un lloricas que un esclavo. Recuerdo que después de esto yo también me quedé temblando. La “semivalentía” no venía acompañada con mucha seguridad en mí misma ni con afán de protagonismo. Siempre me había gustado pasar inadvertida y hacer este tipo de acciones en las que provocaba que la atención se centrase en mí por unos segundos -y no durante una burla- me resultaba difícil a pesar de todo.

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La gorda 😛 

Otra cosa que recuerdo muy bien son las ganas que tenía de pasar del cole al instituto, con la esperanza de que las burlas desaparecieran, con la esperanza de empezar de cero y dejar de ser la vaca, la foca, la gorda y la chapona.

Afortunadamente, mi esperanza se cumplió, o al menos en aquello que más me importaba: dejé de ser la vaca/gorda/foca. Seguí siendo la chapona, pero ya no era dicho de forma tan despectiva, supongo que entre otras cosas porque a veces la gente me pedía ayuda.

No tengo recuerdos desagradables del instituto, recuerdo llevarme bien con todo el mundo, no recuerdo ya burlas. El instituto fue una etapa más feliz. Con la autoestima hecha una basura, pero al menos feliz en otros aspectos.

 

A pesar de todo, me alegré cuando llegó el momento de ir a la Universidad. Aquí no solo no fui una chapona, sino que tuve problemas hasta el punto de que en verano suspendí cinco asignaturas de ocho, jejeje. Este fracaso en el primer año no me quitó de acabar la carrera en los cinco años que duraba, aprobando todo en junio en el último año, a pesar de ser el año más difícil. No hay que obsesionarse con los suspensos, hay que superarlos y aprender de ellos en la medida de lo posible, y aprovecharlos. A veces un suspenso puede ser una oportunidad para mejorar una habilidad concreta y pasar al siguiente curso con una base más sólida que si la hubiésemos aprobado por los pelos, sin examen de recuperación.

Nunca más fui una “gorda”, una “vaca” o una “foca”, y eso que a partir de aquí sí hubo momentos en los que me puse como una bola (especialmente durante la beca Erasmus, que sin el control de los padres se me fue la mano con el dulce). A partir de aquí fui una persona como otra cualquiera.

 

¿Qué fue de la gorda/vaca/foca/chapona?

Tengo amigos geniales, de los de verdad, de los que no ven qué ropa llevas puesta ni cómo llevas el pelo, de los que te quieren como eres y no intentan cambiarte, de los que puedes estar separada durante años y cuando los ves sientes que no ha pasado el tiempo.

He vivido en Polonia más de 9 años y llevo casi 2 en Alemania. Hablo gallego, español, inglés y polaco, tengo un nivel bastante bajo de francés y entiendo el portugués 😛

Cuando tenía 23 años hice las maletas y me fui a Cracovia sin nada. En dos semanas tenía piso y trabajo en la universidad. Un año después empecé a trabajar en el Instituto Cervantes y en otra universidad (durante ese año trabajé en tres sitios diferentes, luego tuve que ir eligiendo unos y dejando otros por motivos evidentes). Más tarde conseguí una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores para trabajar en el departamento de Filología Hispánica. Cuando me quitaron la beca “por la crisis” la universidad me contrató para que siguiera trabajando para ellos.

He sido tutora de profesores en prácticas, he hecho cursos de formación para profesores, he sido examinadora de los DELE (diplomas oficiales de español como lengua extranjera), he participado en la elaboración de actividades interactivas en CD para un manual de enseñanza de la lengua española y he traducido un libro.

 

Y por si me lee alguna niña preocupada por el tema “amoríos”, porque en estos momentos el tema “trabajo y futuro” no le interesa: sí, tuve novios, incluso algún que otro rollete. Una cantidad normal (ni muchos ni pocos, suficientes). Cuando dejas de ser la vaca, la gorda y la foca te conviertes en una mujer. Cuando eres una mujer, ligar es perfectamente posible, especialmente si has superado todos los complejos y tienes confianza en ti misma.

 

¿Por qué digo todo esto? Porque quiero que quede claro que no creo que el haber sido una vaca/gorda/foca/chapona me haya perjudicado en absoluto. ¿Qué han conseguido hasta el día de hoy quienes me machacaron y se rieron de mí todos esos años? No lo sé. Estoy segura de que muchos son felices, y de verdad se lo deseo, porque sé que son buenas personas y que lo que hacían no lo hacían para hacerme daño, lo hacían por cobardía, por miedo a “qué pasará si no hago lo mismo que el resto”. A muchos los saludo cuando nos cruzamos, con algunos incluso me paro a preguntar qué tal. No siento rencor, a día de hoy siento una gran indiferencia.

¿Significa eso que no pasa nada? Claro que no. La indiferencia la siento a día de hoy, más de 15 años más tarde de los acontecimientos. No obstante, sí creo que es posible ser víctima sin convertirse en una víctima.

¿Y qué pasó con mi peso? Puede preguntarse también alguna adolescente preocupada. Pues en este tiempo he subido y bajado de peso, he llegado a estar gorda de verdad (no como cuando era niña).

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En la universidad sí que me puse como una bola y curiosamente fue cuando tuve más seguridad en mí misma (y más novios) 😛

Después de dar a luz, perdí los kilos del embarazo en semanas. A día de hoy, más de dos años después del parto, además de los kilos perdidos del embarazo he perdido 10 kilos más (sobre este tema tengo pensado un post aparte). Sigo siendo una persona con cierto sobrepeso, pero me siento bien 🙂

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Mientras tanto, algunos de los que se reían de mí en mi infancia han ganado más kilos que yo en el embarazo, otros se han quedado calvos… Espero que con los años hayan cambiado y no le den al aspecto la importancia que le daban entonces, por que si no imagino que lo estarán pasando mal ahora…

¿Qué conclusiones he sacado yo de mi experiencia como víctima del burlas en el colegio?

  • Puede ayudarnos a sacar cosas buenas, como valentía, empatía… Aunque para esto es muy importante la educación recibida en casa.
  • Suele provocar una buena cantidad de inseguridades: complejos, baja autoestima…
  • Lo más importante: nada de lo que pasa en el colegio, ninguna de esas burlas, tiene por qué tener ninguna importancia en lo que pase después. Puedes tener éxito en todo: en el trabajo, en el amor, en la vida.

¿Qué tienes que pensar, si eres un joven víctima de las burlas? Que esto es pasajero, que no es el fin del mundo, que la vida sigue. Que nada de lo que te pasa en la escuela tiene por qué tener consecuencias negativas en tu futuro si tú no lo permites. Que las personas que se burlan de ti o te hacen la vida imposible no lo hacen porque sean malvadas y tengan algo en contra de ti, sino probablemente porque están llenas de complejos e inseguridades que desgraciadamente nadie les ha ayudado a gestionar de otra forma. A lo mejor sus padres pasan de ellos, a lo mejor los castigan con demasiada frecuencia, a lo mejor están siempre gritándoles, o a lo mejor sus padres son normales y nadie sabe por qué razón se han convertido en “abusones” (¿influencia de sus compañeros en una edad o etapa débil en la que es más fácil dejarse influenciar por los demás?)… No te derrumbes por las cosas que te dicen. Alégrate pensando en todo lo que te dice la gente que de verdad importa en tu vida: tus padres, tu familia, tus amigos de verdad. Alégrate de tener a personas en tu vida gracias a las cuales no te has convertido en un infeliz bully, porque los bullies son infelices, aunque no siempre sepamos verlo. Ellos también son víctimas.

¿Qué hay que hacer? ¿Qué pueden hacer los padres? Como todo, este es un problema que se podría solucionar con una buena educación y, sobre todo, UN BUEN EJEMPLO. Si nosotros, como padres, no nos reímos de otra gente “y esa, ¿no se ha mirado al espejo antes de salir de casa?”, “yo no soy racista PERO”, “por favor, pero mira qué pintas tiene”, “no me extraña que esté así como está, con lo que come…” y muchos otros comentarios que desgraciadamente los adultos realizan con más frecuencia de la que deberían y, aunque crean que no, los niños los oyen, los captan y, lo que es peor, APRENDEN.

ADULTO, deja de juzgar a otros, deja de hacer comentarios de ese tipo, no los hagas nunca delante de un niño, incluso si te parece que no está atendiendo. Los niños están en todo, tienen una capacidad de división de la atención mucho mejor que la nuestra. Absorben todo y aprenden de todo. Incluso el comentario más inocente, la broma más tonta, puede darle a un niño luz verde a burlarse de sus compañeros. Cuida lo que dices en presencia de los niños. Cuida lo que haces también.

¿Qué hacer con los casos que ya existen, los de aquellos niños que ya se han convertido en bullies y ya tienen a sus víctimas? ¿Cómo hay que actuar? A mí personalmente me ha gustado mucho el ejemplo de Finlandia, país que en lo que se refiere al sistema educativo va siempre a un millón de años luz por delante del nuestro… Allí no solo hablan y trabajan con los “abusones” y con “las víctimas”, allí hablan también con los espectadores, que son un factor clave. Si los espectadores no se ríen, si el “abusón” pierde a su público, la burla pierde la razón de ser.

¿Y tú, tienes alguna idea de cómo podríamos intentar solucionar este problema? ¿Has sido bully o víctima en tu infancia? ¿Te apetece contar tu historia o ya lo has hecho y quieres dejar enlace a tu blog?

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20 comentarios sobre “De una ex-gorda/vaca/foca/chapona

  1. Madre mia…. menudo post!!! Deberían imprimirlo todos los colegios e institutos para que la gente lo leyese!
    ¡¡Qué manera de escribir!!
    Enhorabuena por tu espíritu de superación, por no recordar esa etapa como una época negativa y por ¡saber perdonar a los que te hicieron daño!
    Y…Un oleeee enorme por la grandisima profesional en la que te has convertido!
    Ha sido maravilloso leerte!
    Un fuerte abrazo 😘

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    1. Madre mía me voy a poner rojisima! Gracias! No me esperaba este tipo de comentarios jeje 😘
      Realmente no siento que los he “perdonado” porque nunca llegué a enfadarme. No me gustaba que me hicieran esas cosas pero nunca sentí rabia nin rencor hacia ninguno. Entonces no había necesidad de “perdonar”. Voy a tener que pedirles a mis padres el truco para educar a mi hijo de forma que no sienta esas rabias o rencores jeje.
      Muchas gracias por ser capaz de leerte un post que me quedó tan largo que pensé que nadie leería 😉
      Un abrazo fuerte

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  2. Magnífico post! Bravo! Me he sentido muy identificada porque durante mi infancia y adolescencia sufrí ese “acoso” por parte de mis compañeros. Lo cierto es que sufrí bastante por ello, sobre todo en la primera adolescencia, entre los 12 y 14 años… Aún así no recuerdo aquella época con rencor sino como algo que me fortaleció y me dio más seguridad para afrontar los problemas de la vida adulta.

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    1. A mí me pasa lo mismo, no lo recuerdo con rencor ni con pena. Me gusta la persona en la que me he convertido y esa persona es fruto de todas mis vivencias, las mejores y las peores. Sin ellas no sería quien soy ahora. Un abrazo

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  3. Deberían hacer una lectura sobre este post en escuelas e institutos. Eres todo un ejemplo a seguir. Y, te doy toda la razón, la culpa la tienen los padres, no deberían permitir que sus hijos trataran así a la gente. Eras una niña preciosa y se perdieron a una maravillosa persona. Eres una mujer y mamá ejemplar. Felicidades por todo lo logrado. Te mereces lo mejor.

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    1. Gracias por tus palabras. Creo que los adultos no somos conscientes del daño que hacemos a muchos niños, muchas veces sin siquiera darnos cuenta, con el ejemplo que le damos especialmente cuando creemos que no nos están observando. Si queremos que sean un tipo de persona, la única forma de lograrlo es siéndolo nosotros. Ellos nos imitarán. Gracias por leer y comentar 😊

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  4. Independientemente de que pueda leer este post alguien que esté en una situación similar,creo que conocer las experiencias de otras personas,sus puntos de vista y sus reflexiones, permite abrir más la mente. Con esto quiero responder a la pregunta que te haces acerca de si con esta historia ayudarás a alguien. Sí, ayudarás a cualquiera que lo lea,le ayudarás a tener un horizonte más amplio. Me ha gustado mucho saber un poco más de la valoración que haces de tu historia. Cada experiencia es única y todas merecen ser contadas.

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    1. Gracias, yo también creo que es importante conocer diferentes experiencias. Me da pena que he tenido que borrar un comentario de una persona que tuvo una situación similar pero muy diferente al mismo tiempo, porque no contaba con apoyo en su casa sino que se podría decir que, en cierto modo, en su casa la cosa no cambiaba, ya que le daban la razón a los compañeros que se burlaban y además añadían comentarios del tipo “ya sabes lo que tienes que hacer”. Creo que ahí el mayor daño ya no es el que hacen los compañeros, sino la propia familia, pues las cosas duelen más cuando vienen de seres queridos. Habrá tantas historias como personas. Yo también creo que está bien conocerlas. Por eso también me gusta hablar de mi experiencia en otras cosas (como el parto, por ejemplo). Y como tú dices, es un texto para leer cualquiera, no solo quienes estén en esta situación o la presencien, también para adultos (creo que no somos conscientes de la influencia que tienen nuestros actos en los niños).

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  5. Siento que hayas pasado por este tipo de comentarios cuando eras pequeña. Yo recuerdo perfectamente quiénes eran los abusones de mi colegio y lo que sentías si alguna vez la situación podía ir contigo.
    Estoy completamente de acuerdo en lo que dices sobre que la culpa de que un niño actúe así se debe a las carencias afectivas y al ejemplo que ha recibido en casa.
    Muy buen post. Tengo que intentar sacar más tiempo para leerte más (soy muy mala en la planificación de mi tiempo libre, ya podías hacer un post sobre cómo te da tiempo a escribir tanto!!)

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    1. Jajajajajajajaja, me ha hecho mucha gracia tu último comentario, que maja 😉 Yo soy absolutamente pésima con la planificación del tiempo, cuando escribo lo hago a costa de no hacer otras cosas (como aprender alemán, que llevamos aquí casi dos años). Pero acabo de encontrarme con este post y he dicho “tengo que ponérselo a Leila en el comentario” jajaja. Total, que yo ese tipo de post no lo puedo escribir porque soy pésima, pero aquí tienes uno de Jessica Gestoso 😉 https://jessicagestoso.com/5-claves-sobre-gestion-del-tiempo-para-madres-emprendedoras/

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  6. Un post 10! Por contarnos tu experiencia sin tapujos, por conseguir ser una niña felíz a pesar de las burlas, por convertirte en una gran mujer y no permitir que lo que la gente piense conduzca tu vida. Me ha gustado mucho.
    Y tienes mucha razon que todo esto al final es responsabilidad de los adultos.
    Tuve la suerte de ir a un cole en el que se hacían muchas convivencias con los padres y se hablaba de todo así que había mucho respeto entre compañeros.
    El bullying es un tema muy duro que ojalá todos los padres nos tomáramos más en serio.

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    1. Muchas gracias por pasarte y por tus palabras. Yo también creo que los padres tienen un papel crucial, porque incluso si tu hijo no es de los que acosan o una víctima, si es un espectador también conviene que haya recibido un tipo de educación que lo haga consciente de que reírse de esas cosas no es agradable. A veces creo que en general el mundo tiene poca empatía, parece que nos cuesta ponernos en la piel del otro…
      Ahora además con las redes sociales tiene que ser terrible. Ojalá se hiciera algo al respecto como en Finlandia!

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  7. Me ha gustado mucho leer tu post y sobretodo la actitud que demuestras! Haber pasado por eso no habrá sido fácil pero mira en quien te has convertido, es lo realmente importante. Un beso

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