Maternidad

No subestimes a tu hijo

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Normalmente, intento ser consciente de que es posible que Antek entienda más de lo que creo, y por lo tanto intento no hacer cosas como hablar de lo que no quiero que oiga en su presencia. No obstante, reconozco que a veces creo que está ensimismado en algo y comento algo con Tata, creemos que no ha oído y a veces, incluso al día siguiente… ¡bam! Me suelta algo que me demuestra que sí, estaba a todo… con la antena puesta…

Otra forma de subestimar a nuestros hijos es con algunas cosas que no les dejamos hacer, porque creemos que no van a ser capaces… Si no se trata de cosas peligrosas, es mejor dejarles intentarlo al menos. Estarán contentos de haber tenido la oportunidad y a lo mejor nos sorprenden. Además, estaremos ayudando a que su refuerce su autoestima, ya que si no les dejamos hacer nada y encima les decimos que no pueden o no son capaces, evidentemente no estaremos ayudando demasiado. ¿Cómo te sentirías tú si cada vez que intentaras hacer algo alguien te dijera que no vas a ser capaz y lo hiciera por ti?

Además, a veces intentamos obligarlos a que acepten nuestras sensaciones, sin respetar las suyas. ¿A qué me refiero con esto? A cuando los obligamos a comer y a lo mejor no tienen hambre, a cuando los abrigamos y a lo mejor no tienen frío… Debemos confiar más en lo que ellos sienten. ¿Obligamos a nuestra pareja a que se ponga la bufanda y el gorro? Pues creo que a partir de cierta edad tampoco deberíamos hacerlo con nuestros hijos.

Tengo tanto anécdotas de Antek como mías propias para demostrar hasta qué punto a veces los adultos subestimamos a los niños…

  • Escenario: Antek super concentrado con sus juguetes, Tata y yo comentamos que parece que le interesan mucho las excavadoras últimamente y las que tiene en casa tienen un “cuello” muy corto y con ellas no es capaz de coger nada y se frustra. Quizá le podíamos comprar una para Navidad. Al día siguiente, por la mañana, Antek: “Mamá, ¿vamos a la tienda a comprar una excavadora para Antek?”. Yo flipando…
  • Cojo un candado con una llave para que Antek pruebe a abrirlo. Normalmente antes hago una demostración para enseñarle cómo se hace, pero por curiosidad se los doy para ver qué hace él. Coge el candado, coge la llave, la mete por el agujerito e intenta girarla. Como si fuese ya un experto, vamos…
  • Supe que estaba haciendo bien al no obligarle a poner el gorro el día que se levantó un viento y empezó a gritarme que le pusiera el gorro porque tenía frío. (La gente, incluso desconocidos, a veces lo ven y me dicen que lo abrigue… Yo no voy a pararme a explicarles que cuando tenga frío me lo va a pedir él solo… y menos en alemán…)

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    Fuente: http://www.cosas-que-pasan.com
  • Vamos a la panadería y le compro a él un precle (es pan) y para mí un donuts de chocolate (despidiéndome poco a poco de estos vicios, que sé que tengo que dejarlos si no quiero que él los tenga). Me da la impresión de que se ha dado cuenta, pero no dice nada, me pide el precle. Al rato se queda dormido. Cuando despierta, comemos, jugamos, y a la hora de merendar… “¿Dónde está el precle de chocolate?” Ay… (¡Mecachis Mama!)
  • En cuanto a recuerdos de mi infancia: tengo el recuerdo de estar en brazos de alguien de mi familia y de alguna persona que no conocía preguntándome “¿Vienes de la guardería?”. Mi guardería se llamaba “Petete” y la palabra “guardería” para mí no significaba nada (bueno, por alguna razón pensé que era una relojería que había cerca de nuestra casa…) Total, que mientras esta persona me preguntaba una y otra vez yo la miraba con cara de “¿por qué iba a venir yo de la relojería esa?” El señor o señora se pensó que yo era tímida. Yo simplemente no sabía qué responder porque la pregunta me parecía tonta.
  • Cuando era ya más grande, una niña en toda regla, mi madre me escondía las galletas para que no comiese tantas. Como era de esperar, acabé encontrando su escondite. ¿Qué hice? No se lo dije (si lo hacía cambiaría de escondite) y comía unas pocas (si comía demasiadas se daría cuenta de que había descubierto su escondite, si comía pocas pensaría que había sido mi padre). Cuando las sacaba del escondite y me daba comía más, muy contenta y sin dejar que se notase que ya había comido antes.

 

¿Y tú? ¿Recuerdas alguna experiencia de niña en la que fuiste más lista que los adultos? ¿O alguna experiencia de tus hijos en los que te demostraron que sabían más de lo que tú imaginabas?
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7 comentarios sobre “No subestimes a tu hijo

  1. Tienes toda la razón! Que sean niños no significa que no sepan lo que quieren o que podamos manipularlos…
    Yo tengo que trabajar un poco más en lo de los peligros, porque los veo por todos los lados (un reflejo de mis propios miedos e inseguridades). Muchas veces es él el que me demuestra que puede hacer las cosas y que “No pasaba nada”. Porque yo no se lo digo a él nunca, pero él bien que me lo recalca!

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    1. Buf, a mi me pasa lo mismo, hay muchas cosas que me dan miedo y a veces reacciono demasiado rápido o incluso con un grito asustada y asustando lo a él 😦 O a veces que lo ayudo cuando no lo necesita. Son cosas que intento corregir siempre que soy consciente de ellas.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo Paula. Aunque creamos que ellos no están atentos, siempre lo están y se enteran y entienden más de lo que pensamos y te podría contar mil anécdotas con mis frutitos.
    Igual con dejarles experimentar, conocer por ellos mismos y aprender equivocándose y practicando, yo es lo que hago.

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Dime qué piensas, me encantará leerte :)

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