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Lunes lunero #5. ¿Hemos perdido la capacidad de disfrutar de la vida?

 

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Sé que en el Lunes Lunero la idea era publicar algo que nos saque una sonrisa a golpe de lunes, pero cuando he leído el fragmento que os quiero presentar hoy no he parado de reflexionar sobre la felicidad y el hecho de que ella no está en ningún lugar esperando que la encontremos, sino que está en nuestras cabezas esperando que aprendamos a disfrutarla. Espero que os guste este fragmento y que os ayude a llevar mejor los Lunes Luneros. Yo ya siento que me ha ayudado 🙂

Quienes me seguís quizá recordéis que antes de las Navidades escribí un post en el que dejaba una lista de libros que quería leer. Quienes me seguís en Instagram sabéis también que me regalaron dos de ellos:

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Ahora mismo estoy leyendo El concepto del Continuum y aunque estoy en el principio porque estos días Antek no me suelta ni cuando voy al baño (sea lo que sea lo que vaya a hacer…), lo poco que he leído ya me tiene prendada, con muchas ganas de seguir leyendo, con ganas de cambiar, de ser mejor persona y de ser más feliz y, lo que es mejor, me ha hecho ver que la felicidad está al alcance de cualquiera, porque no depende de lo que tenemos o de lo que nos pasa, sino de cómo nos lo tomamos.

Sin más introducciones os dejo con el fragmento de lo que le sucedió a la autora en una de sus expediciones a la selva venezolana:

“Habíamos cambiado nuestra canoa de aluminio que se nos había quedado un poco pequeña por una piragua mucho mayor. En esta embarcación tallada de un solo árbol habían viajado en una ocasión diecisiete indios con nosotros. A pesar de todo el equipaje que ellos habían añadido al nuestro y de todas las personas que había a bordo, la gran canoa seguía estando medio vacía. Transportarla, esta vez con solo cuatro o cinco indios como ayuda, a lo largo de un trayecto de casi un kilómetro cubierto de cantos rodados que discurría junto a una gran cascada, era deprimente de contemplar. Para arrastrarla, tuvimos que colocar debajo de la misma diversos troncos atravesados para que rodara sobre ellos y avanzara lentamente bajo un sol abrasador, resbalando inevitablemente dentro de las grietas que había entre las piedras cada vez que la canoa se giraba sin que pudiéramos evitarlo y rasguñándonos las espinillas, los tobillos o cualquier otra parte del cuerpo al caer sobre el granito. Antes ya lo habíamos hecho con la canoa pequeña y los dos italianos y yo, sabiendo lo que nos esperaba, habíamos pasado varios días imaginando con horror el duro trabajo y el sufrimiento que representaba. El mismo día que llegamos a las cataratas del Arepuchi ya estábamos preparados para sufrir, y empezamos a arrastrar, con expresión de disgusto y odio, la canoa sobre las rocas.

Cuando se inclinaba hacia uno de los lados, la maldita piragua era tan pesada que en varias ocasiones alguno de nosotros quedó atrapado en la embarcación y las ardientes rocas hasta que los demás consiguieron sacarlo de allí. Después de recorrer un cuarto del camino, los tobillos nos sangraban. En parte para escaparme, aunque fuera un minuto, salté a una roca elevada para fotografiar la escena. Desde mi estratégico punto y con mi momentáneo descanso, descubrí un hecho interesantísimo. Ante mí tenía a varios hombres ocupados en una sola tarea. Dos de ellos, italianos, estaban tensos, tenían el ceño fruncido, se enojaban por cualquier cosa y renegaban constantemente en la forma típica de los toscanos; el resto, los indios, se lo estaban pasando en grande

Se reían de la inmanejable canoa convirtiendo aquella lucha en un juego. Cada vez que el grupo se detenía para descansar un poco, ellos se relajaban, se reían de sus propios arañazos; se divirtieron mucho cuando la canoa, al tambalearse hacia delante, aprisionó debajo a uno de ellos y después a otro. Cuando el indio que había quedado con la espalda desnuda presionada contra el abrasador granito pudo volver a respirar fue el que se rió más fuerte disfrutando del alivio que sentía. 

Todos hacíamos el mismo trabajo, todos experimentábamos tensión y dolor. Unos y otros nos encontrábamos en la misma situación; la única diferencia era que nuestra cultura nos había condicionado a creer que esta combinación de circunstancias se encontraba a un nivel muy bajo en la escala del bienestar e ignorábamos que pudiéramos afrontar la situación de otro modo. En cambio, los indios, aunque tampoco sabían que podían afrontar la situación de otra forma, estaban muy alegres, y este estado de ánimo se revelaba en la camadería que reinaba entre ellos. Y en los días anteriores, como es natural, tampoco se habían amargado la vida esperando la llegada de esta situación. Para ellos, cada vez que la canoa avanzaba era una pequeña victoria.

No sé a vosotros, pero a mí me dejó reflexionando un montón sobre cómo, efectivamente, nuestra sociedad y nuestra cultura nos educan de esa manera en la que hay cosas que nos molestan, cosas que nos irritan, en la que sólo si nos encontramos en un nivel “aceptable” en la escala del bienestar podemos tener buena cara y si bajamos debemos quejarnos y sentirnos infelices… La verdad es que después de leer este fragmento (y otros) me entraron muchas ganas de ser más india y menos “civilizada” (entre comillas, porque me río yo de ese término…) Ojalá todos fuéramos más como los indios, más capaces de reírnos en situaciones adversas, más capaces de disfrutar de todo, sobre todo del presente. Ojalá pudiéramos alcanzar ese control en el que pudiéramos reírnos de todo, en el que los Lunes Luneros ya no fuesen necesarios, pero los siguiésemos escribiendo por el puro placer de compartir cosas graciosas.

Yo ya he empezado a reírme por todo, ¿y tú? ¿Te animas?

– Me he reído de una chaqueta que he deformado al colgar mal de un perchero (en tres sitios diferentes).

– Me he reído de haber dejado el pañal con caca de Antek ambientando la habitación poco antes de acostarlo.

 

Si este Lunes lunero no te ha convencido y lo que querías era algo que te sacara una sonrisa, te invito a leer la anécdota de esta foto o a ver esta otra 😀

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¡Feliz #Luneslunero y feliz semana!

El Lunes es, por regla general, el día de la semana que menos me gusta. Primer día después del fin de semana, toca madrugar de nuevo, vuelta a la rutina y encima tenemos 5 largos días por delante para volver a disfrutar, de nuevo, del ansiado fin de semana.

Para hacer más amenos los lunes, se me ha ocurrido llenar nuestros blogs de alegría. Todo aquel que quiera sumarse a este carnaval del “Lunes Lunero” deberá hacer un post con una de estas opciones:

  1. Una foto, gif o mini vídeo de sus vistas del lunes, de su camino al trabajo, de algo curioso con lo que se tropiece o de alguna cosa que le haga sonreír.
  2. Una frase, una reflexión, una poesía, un trozo de la letra de una canción, un pequeño diálogo de una película… en definitiva que compartas un pequeño texto (de algo que te guste o de creación propia) que te haga sonreír y hacer afrontar el lunes con buen rollo y nos transmita esto mismo a tus lectores.
  3. Una canción que te de energía para empezar la semana con alegría.

¿Te animas a participar en este carnaval y transmitir buen rollo y alegría para empezar la semana con energía y una gran sonrisa?

Te dejo aquí enlace al post original de 30 y… y mama.

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9 comentarios sobre “Lunes lunero #5. ¿Hemos perdido la capacidad de disfrutar de la vida?

  1. Maravilloso #Luneslunero /aplausos atronadores, vítores…) me encanta tu reflexión #Luneslunera, la primera vez que vi este libro fue precisamente gracias a ti y ya entonces me llamó mucho la atención, pero después de poder disfrutar de este trozo del mismo, mis ganas se han multiplicado por 1000 y en cuanto tenga la oportunidad lo compraré.

    La verdad es que yo soy un poco “india” o “disfrutona” como me dicen mis amigas, prefiero tomarme la vida así y reírme de todo.

    Muchísimas gracias por regalarnos este “Lunes lunero” tan bonito. Gracias, gracias, gracias por formar parte de esto y subirte de nuevo a este carnaval,

    ¡¡¡¡¡¡Feliz lunes, feliz semana y feliz nueva vida “india”!!!!!!

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    1. Yo me estoy dando cuenta de que era más “india” antes de lo que soy ahora. No sé qué ha cambiado, pero me he dado cuenta de que no tengo tanta paciencia con Antek como tenía antes y eso me molesta, por eso he empezado a leer vídeos y ver vídeos que me ayuden a recuperar esa paz perdida, que no sé en qué momento se me cayó 😉
      Me alegro de que te haya gustado, tenía mis dudas al no ser algo gracioso, pero al mismo tiempo me parecía que tenía sentido como Lunes lunero 😉
      ¡Feliz “todo” para ti también! Besos

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  2. Me encanta esta reflexión, la verdad es que como Efe, yo también soy muy de reírme de todo, no me gusta tomarme las cosas muy en serio porque de esta manera la vida es más ligera. Obviamente hay momentos de sufrimiento pero eso es cuando la vida te golpea muy fuerte y aunque cueste reponerse, uno mismo debe conseguir levantarse y, como los indios del texto, reírse de los rasguños y a otra cosa mariposa 🙂

    Pero sí que es verdad que últimamente detecto a mi alrededor mucha negatividad. No sé si es que la gente que se altera contagia a los demás o es que la sociedad está tan enferma que la gente se ha olvidado de disfrutar.

    Espero que recuperes ese bienestar interior, veo que vas haciendo progresos. Disfrutar de las pequeñas cosas es el mejor regalo que puedas hacerte.

    ¡Feliz lunes preciosa! 😘😘😘

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    1. Yo también soy (era?) de reírme por todo, siempre he sido por un lado super tranquila y por otro positiva (creo que cualquiera de mis alumnos podría confirmarlo, incluso los que no les gustase como profe, nadie podría negar que yo era super tranquila y positiva, incluso un poco payaso como profe) sin embargo desde que Antek cumplió los 2 años no sé por qué me cambió el chip, empezaron a molestarme más cosas, a hacérsele difícil, lo que antes me tomaba con humor y risas empezó a molestarme y a ponerme nerviosa… No sé si fue que empezó a hacerse difícil, especialmente sin tribu, nunca una miserable ayuda, o si influyó también que empecé a sentir la presión del segundo para que no se llevasen muchos años, o a lo mejor las dos cosas (seguro). El caso es que soy consciente de que he tenido un cambio a peor y quiero volver a ser como era, pero me está costando, por eso me estoy ayudando con la lectura de libros, con conferencias de Youtube y me he apuntado a un curso de Mindfullness. Lo peor que nos puede pasar cuando tenemos algún tipo de crisis es no reconocerla, porque entonces no reaccionamos para acabar con ella. Recuérdalo por si algún día te pasa (ojalá que no), que es normal 😊
      Ah y yo con lo de disfrutar de las pequeñas cosas siempre he sido muy fan, nunca me ha costado nada. Una vez escribí un pequeño texto sobre eso, a ver si lo recupero, podría estar bien para otro Lunes Lunero! 😀
      Besos y feliz semana!

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      1. ¡Claro que me puede pasar! Le puede pasar a cualquiera. En la vida hay todo tipo de situaciones.
        Esa persona positiva y tranquila sigue viviendo dentro de ti, solo que el estrés y la presión pueden con todo. Hace unos días decías que habías vuelto de vacaciones y que necesitabas precisamente unas vacaciones.
        Creo que ahí está el quid de la cuestión.
        Ojalá pudiera hacer que se te pasara este malestar. De momento te mando un abrazo bien fuerte y muchos ánimos, quién sabe, quizá el segundo está más cerca de lo que parece 😉

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      2. Jajajajajajaja, eso que conste que lo dije en plan chiste (que sí, que es cierto, pero no lo decía en plan queja real sino queja chiste). Simplemente el cansancio es continuo, pero a pesar de todo compensa con creces 🙂 No por ello dejaría de visitar a mi familia ni de irme de vacaciones 🙂
        Yo sé que esa persona sigue dentro, por eso la estoy buscando 😉 Ahora mismo estoy mucho mejor de lo que estuve hace no tanto tiempo, de hecho ya noto que reacciono mejor a las críticas y todas esas cosas que antes me encendían 😛
        Yo sé que es normal tener altibajos, especialmente cuando estás sola, porque como ya he dicho en otro post, creo que la maternidad es algo para hacer en tribu, que así lo ha sido siempre en nuestra “especie”, pero que intentando ser más “modernos” y más “independientes” en algunos casos o por razones del destino en otros, acabamos solos y teniendo que hacer una tarea de tribu entre dos (o uno y medio). Seguro que en el trabajo si tuviera que hacer una sola persona una tarea que estaba pensada en principio para hacer un equipo, también esa persona podría tener un momento de ánimo con el proyecto en el que estuviese llena de fuerzas, luego un momento en el que se diera cuenta de que necesitaba ayuda pero no podía pedirla en el que tendría un bajón, y luego acabaría saliendo del problema porque no le quedaría otra, y volvería a ser quien era… Todo es cuestión de ir adaptándose poco a poco, pero a veces esa adaptación requiere un tiempo 🙂
        Un abrazo!

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  3. Me encantó ese libro. Precisamente hace un par de días comentaba con mi marido que la gente, en general, vive en un estado de frustración y enfado permanentes. Estábamos en un centro comercial y una mujer se sintió muy molesta porque la golpeamos, accidentalmente por supuesto, con el carrito del bebé. Aunque nos disculpamos inmediatamente y estaba claro que había sido sin ninguna intención, la señora siguió mirándonos con gesto ofendido y murmurando. Me hizo sentir incómoda y nos alejamos de ella rápidamente (encima nos olvidamos de comprar una cosa necesaria que estaba en el pasillo del incidente). Realmente si nos centráramos menos en todo lo que nos molesta y lo asumiéramos de forma más natural, quitándole importancia, llegaríamos a ser más felices. Yo llevo tiempo trabajando esto y poco a poco se ven los resultados.
    Un besote.

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    1. Pues sí, se ven casos como el que describes a diario. Yo los tengo visto también con Antek, un día estaba “en el medio” del camino de una señora en el banco, lo único que tenía que hacer la señora era rodearlo! Y se me queda mirando con mala cara, llamo a Antek para que se acerque a mí y la deje pasar y ella aún pasa resoplando… Yo alucinando. O un día que me trajeron un paquete y no entendí bien a la mensajera por el telefonillo (mi alemán es de risa) y también subió cabreadisima a traérmelo y cuando mi marido quiso comprobar que el paquete era para nosotros (era una sorpresa, no lo habíamos pedido nosotros) la tía resoplando con una cara de mal humor increíble y se fue diciendo pestes supongo porque se fue diciendo algo entre dientes. La verdad es que en vez de enfadarme me dio algo de pena pensar en la vida tan triste que debía de tener si se había puesto así por semejante chorrada… Un besito

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