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Educar en el asombro

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¿Conoces este título? Si no lo conoces, ya lo estás apuntando con letras grandes, para comprártelo tan pronto como puedas. No solo si eres padre/madre, también si eres educador o tienes contacto con niños. Es un libro que ofrece una información que, aunque ya deberíamos saber todos -pues una vez que la lees parece muy lógica- por alguna razón la sociedad parece que la ha eliminado de nuestro cerebro o de nuestra memoria.

En él su autora, Catherine L’Ecuyer, nos recuerda la importancia del asombro en los niños pequeños, lo importante que es mantenerlo, pues gracias a él los niños son capaces de encontrar solos la motivación necesaria para aprender, para entretenerse, para disfrutar de la vida con los pequeños detalles.

Cuando lo tuve en mis manos, lo abrí y leí la primera cita que nos trae el libro en la primera página, antes incluso del prólogo o del índice, ya supe que me iba a gustar:

Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos. La vida es de por sí bastante interesante. A un niño de siete años puede emocionarle que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero a un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta.

G. K. Chesterton

¿No te parece absolutamente genial? Y es que muchas veces se nos olvida que cuando los niños son tan pequeños les alucina absolutamente todo. ¿No te has dado cuenta de lo que le gusta un colador, un rodillo, una batidora, unas llaves, que te escondas debajo de una manta y de repente aparezcas…? En esta edad, todo les sorprende, todo es genial, desde una pluma cayendo lentamente hasta una mariquita, con sus pequeños puntitos negros en ese fondo rojo.

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Es una edad en la que no necesitan casi nada para entretenerse y a veces, los adultos, pensando desde nuestro punto de vista de persona que ya lo ha visto todo y necesita más, les damos más de lo que realmente necesitan. ¿Cuál es el riesgo que esto conlleva? Está claro, ¿no? Si a una edad en la que necesita 1, le damos 5, en la edad en la que “querría 5”, acostumbrado ya a “ese nivel”, querrá 10, y en la edad en la que necesitaría 10… pues quizá quiera 20… Y a lo mejor “20 no existe”… No sé si me explico…

Hoy en día parece que queremos saltarnos etapas, y eso no solo no es conveniente, sino que además puede ser muy dañino para los más pequeños. Catherine L’Ecuyer lo explica de una forma muy clara y muy simple en su libro, que devorarás en un par de horas si tu peque te lo permite (y si no podrás disfrutarlo más lentamente).

En él nos explica los riesgos que puede suponer que un niño sea sobreestimulado, los riesgos de una exposición frecuente a la televisión a edades tempranas (muy bien explicados y con mucha lógica, las razones con más lógica que he visto hasta el momento), así como la importancia de los juguetes que escojamos para los niños que, en la medida de lo posible, no deberían tener ni pilas, ni botones.

Las pilas tienen que nacer desde dentro del niño. No es el juego el que tiene que funcionar, sino que es el niño el que se tiene que poner en marcha a través del juego. El niño debe tener espacio para pensar, sin recibirlo siempre todo masticado.

(…)

El entretenimiento y la diversión -películas, videojuegos, pantalla de ordenador, etc.-, aunque sea con fines educativos, hacen que el niño se vuelva más pasivo, apalancado, distraído, puesto que se le exige poco esfuerzo mental, por lo que la mente se vuelve vaga y se acostumbra a no pensar.

(Todas las citas de este post, salvo que indique lo contrario, son de dicho libro, Educar en el asombro, de Catherine L’Ecuyer).

Minipost: porządek_w_domu - koszyki na zabawy
Antek concentrándose en la tarea de colocar los coches dentro de la caja 😉

En este libro, Catherine L’Ecuyer también nos recuerda la importancia del silencio, eso a lo que parece que hoy en día tenemos tanto miedo. ¿Qué pasa si hay silencio? ¿Qué pasa si en un momento no le estamos diciendo algo a nuestro hijo? ¿O no está escuchando nada? Pues a lo mejor piensa (sí, los niños también piensan), o se concentra en algo, u observa algo… A veces, con nuestro miedo al silencio interrumpimos momentos en los que los niños están concentrados, a veces lo hacemos incluso con mucha frecuencia, mermando poco a poco la capacidad de nuestros hijos para concentrarse, para observar o para pensar… y luego nos quejamos, decimos que no son capaces, que en seguida dejan una cosa para ponerse con otra… ¿Te habías parado a pensar alguna vez en esto? Yo reconozco que esto lo descubrí ya antes de leer a Catherine, gracias a este post de Montessori en casa, al que también te recomiendo que le eches un vistazo.

Por último, porque no quiero “destriparos” el libro con este post, quisiera mencionar unos datos muy curiosos que menciona sobre la manía que tienen algunos padres en enseñarles a usar la tecnología a edades tempranas, objetos como móviles, tabletas u ordenadores. Padres que comentan orgullosos lo bien que se defienden sus hijos, tan pequeños, con dichos aparatos tecnológicos… ¿De verdad es necesario que aprendan a usar la tecnología a edades tempranas? Creo que esta información no necesita muchos comentarios, así que te la dejo sin más:

(…) altos directivos de empresas multinacionales establecidas en el Silicon Valley -lugar conocido por ser la cuna de las invenciones tecnológicas y epicentro de la economía tecnológica a nivel mundial- mandan a sus hijos a un colegio de élite que hace bandera de no utilizar tecnología en sus aulas. Los padres trabajan en eBay, Google, Apple, Yahoo y Hewlett-Packard. Y sus hijos nunca han utilizado Google… Escriben con lápiz y papel y sus profesores utilizan una pizarra tradicional. No hay ni una pantalla en todo el colegio y el colegio desincentiva su uso en casa. ¿El argumento? El ordenador impide el pensamiento crítico, deshumaniza el aprendizaje, la interacción humana y acorta el tiempo de atención de los alumnos. (…)

Sin tratar de demonizar las nuevas tecnologías -quién habla en estos términos ha entendido bien poco de lo que está en juego al intentar retrasar su uso en la infancia-, hemos de ser muy cautos con todo aquello que ahogue el asombro, este empuje que nace desde dentro del niño y que le hace cuestionarse, interesarse, imaginarse, buscar, averiguar, inventar… en definitiva, capaz de pensar, que es lo propio de la persona humana.

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Antek entretenido con utensilios de cocina

Sé que hoy en día es difícil evitar la tecnología, y tampoco creo que se trate de eso, no nos vamos a convertir en Amish, pero sí creo que deberíamos ser conscientes del daño que un exceso de esta puede provocar a los más pequeños y hacer lo posible para que la presencia que tenga en sus/nuestras vidas sea la justa y necesaria.

Además, hoy en día los comentarios tipo “yo veía la tele en mi infancia y no me ha pasado nada” y similares en la mayoría de los casos no sirven, pues no sé tú, pero yo recuerdo cuando solo había programas a ciertas horas del día, o cuando había solo tres canales en la televisión… Y si lo recuerdo, eso significa que cuando tenía dos años es muy poco probable que viese ningún tipo de programa en ella, porque probablemente no había, y si había sería como mucho media hora. (O a lo mejor yo soy una viejuna y tú sí eres de una generación que se pasó su tierna infancia viendo la tele… En ese caso puedes comentar qué tal te ha ido 😉 )

¿Y tú? ¿Me recomiendas algún libro que creas que todo padre/madre debería leer?

 

Edito (el mismo día que publico, por la tarde): me encanta este tipo de casualidades. Resulta que Homo Primerizus publicó ayer en su blog un post sobre este mismo libro, ¿por qué? Porque fue a una conferencia de la autora y le gustó tanto que no pudo salir sin comprarlo. Si te has quedado con ganas de saber más, si mi post te ha sabido a poco, no te pierdas el suyo 😊

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8 comentarios sobre “Educar en el asombro

    1. Yo después de leer este libro corté por lo sano, luego volvió a verla cuando fuimos a casa de la familia de mi marido porque allí estaba todo el día encendida. Al llegar de vuelta a nuestra casa estaba otra vez enganchado. Estuvo otra vez bastante tiempo hasta que volví a hablar con mi marido y a leerle unos fragmentos del libro y volvimos a cortar por lo sano. Es que a él le engancha y le atonta mucho, no soporto ver lo hipnotizado que la ve, me pongo muy nerviosa. Pero respeto a los padres que se la ponen, no soy radical. Simplemente no quiero que mi hijo la vea, prefiero que haga otras cosas. Cuando no le ponemos nada de nada juega muchísimo, lee, dibuja… Cuando se la ponemos se pasa el día pidiéndola, no quiere hacer otra cosa. Como si se olvidará de que tiene juguetes, libros y otras cosas en casa. Por eso tomamos la decisión de cortar por lo sano. No me parecía una forma sana de verla la que él tenía.

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      1. Perdona. No sé qué ha pasado. Decía que payasote se queda embobado sólo si es pocoyo o canta juegos. ..si es algo “de mayores” pasa por completo. Pero hay veces que necesito mantenerlo quieto 15min para ir al baño, básicamente, y se lo pongo

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Dime qué piensas, me encantará leerte :)

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