Maternidad·Reflexiones

¿Para quién son los parques?

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Hace ya unos meses presencié una de esas situaciones que me hacen pensar, reflexionar sobre nuestra manía de que los niños se comporten como adultos incluso cuando los llevamos a un sitio como es un parque, para que sean niños. En esta ocasión no me refiero a acciones más “típicas” como trepar a lugares que nos parecen peligrosos, mancharse o similares, sino a nuestra manía de “decirles qué hacer”, como si no les sobrasen a ellos ideas, y especialmente en momentos en los que se están divirtiendo, que no es que estén aburridos y lo necesiten.

Para que sea comprensible lo que intento explicar pondré ejemplos reales: el peque en cuestión quiere ir al columpio, hasta aquí todo normal, el adulto que está con él lo pone en el columpio y lo empuja. El peque se lo pasa bien hasta que el adulto dice “venga, ahora vamos al tobogán” a lo que el peque dice a su manera (no todos saben hablar pero se entiende) “no, quiero más columpio” y el adulto insiste “venga, que ya llevamos aquí mucho tiempo”, “más columpio” “el tobogán también te gusta, es muy divertido”… Seguro que entiendes lo que pretendo explicar y reconoces esta situación que seguro que has presenciado más de una vez.

Por supuesto, es diferente si hay pocos columpios y hay niños esperando, pero si no es este el caso, ¿por qué nos empeñamos en que deje algo en lo que está disfrutando para ir a otra cosa? Vamos a ver… ¿para quien es el parque? ¿Es para nosotros o para ellos? ¿Vamos por nosotros o por ellos? ¿Qué más da qué un día quiera estar solo en el columpio y otro solo en el tobogán? ¿De verdad no les vamos a dejar disfrutar y elegir ni siquiera en los lugares a los que los llevamos para que disfruten?

Alguien podría decirme que estar todo el tiempo en el columpio es aburrido para el adulto. Bueno, pues en mi opinión el adulto puede -DEBE- aprender a gestionar ese aburrimiento del mismo modo que esperamos del niño que gestione el suyo cuando lo llevamos a un sitio un poco lejos en coche, cuando vamos a una tienda o centro comercial, cuando comemos en un restaurante… A veces tengo la impresión de que les exigimos muchas cosas que nosotros no hacemos, o al menos no con frecuencia (como pedir perdón, prestar todas nuestras cosas, comer todo lo que está en el plato, darle besos a desconocidos…) y me parece muy injusto. Creo que debemos intentar ser más conscientes en la crianza de nuestros hijos y tener algo más de empatía, ¿de verdad hemos olvidado todo lo que nosotros sentíamos cuando éramos pequeños?

Ya se pasan la mayor parte del día siguiendo nuestras rutinas, haciendo lo que nosotros queremos, así que en esos momentos en los que les toca a ellos, en los que juegan con sus cosas en casa o los llevamos a jugar al parque, creo que deberíamos dejar que por fin hiciesen lo que les apetece.

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17 comentarios sobre “¿Para quién son los parques?

  1. Me encanta tu punto de vista, yo también me pregunto mucho sobre este tema. Parece que los padres no somo conscientes de lo que es ser niño y somos tan egoístas que queremos niños que se adapten a nosotros, pero nosotros no podemos adaptarnos a ellos. Espero que también seamos muchos los que nos demos cuenta e intentemos cambiar por el bien de nuestros peques!!
    Un abrazo

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    1. Yo reconozco que algunas veces le propongo que vaya a otra cosa, en ocasiones porque no sé si la ha visto, pero si me dice que no desde luego no insisto. Yo creo que con los parques tienen fases igual que con los juguetes, a veces prefieren los de construir y otras solo leer cuentos. Gracias por tu comentario! Un abrazo

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      1. Sí, es cierto. La verdad es que aunque cada vez hay más adultos conscientes la falta de empatía todavía es muy muy grande. Si a eso le sumas el estrés y frustración personal que suele llevar la gente encima… de la mezcla no sale nada bueno… Un abrazo!

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  2. Tienes toda la razón! A mí en el parque no me pasa, pero reconozco que cuando estoy en casa y me hace repetir veinte veces (sin exagerar) el mismo juego, me empiezo a saturar un poquito…

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    1. Eso sí creo que es diferente, porque ahí no está jugando solo sino contigo 😉 Creo que en esas ocasiones sí tienes derecho a proponer jugar a otra cosa porque es mucho mejor que juegues con él con ganas que con aburrimiento (sobre todo cuando ya lo habéis hecho veinte veces, jeje). Yvonne Laborda (en una conferencia en YouTube) y creo que Casiana de Joguines Grapat también (en un post en De mi casa al mundo) decían que era mejor proponer otra cosa si de verdad somos incapaces de disfrutar, ya que entonces no tiene sentido y ellos lo notan (o lo notarán) y se trata de que disfrutemos jugando con ellos y estemos en nuestro 100%. Si nos aburrimos, probablemente nuestra mente empezará a divagar 🙂

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    1. Gracias, ayer también me di cuenta de que esa frase era la que más se me había quedado revoloteando en la cabeza después de escribirlo. Tengo que hacer una de esas cosas que hacen algunos blogs de poner la frase bonita en una imagen, jajaja. Bueno, lo primero, tengo que aprender a hacerlo 😉

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  3. Yo reconozco que intento dirigirle a otras actividades cuando, por ejemplo, esta empeñado en chupar la valla y le he dicho mil veces que no lo haga, o si se ha tirado 20 veces por el tobogán que me estresa a mí porque aún no controla y he de controlar la escalera y el tobogán y hay un momento crítico que he de controlar las dos cosas a la vez…

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    1. Ya, hay situaciones en las que creo que es comprensible. Yo también lo haría. Me refiero sobre todo a esas situaciones en las que se lo está pasando bien, no hay peligro, no molesta a nadie, nadie está esperando para usar lo que ellos… y aun así queremos que cambien porque a nosotros nos resulta aburrido…

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  4. Mas que decirle al niño donde ha de ir o con que ha de jugar lo que mas me ha llamado la atención en tu post es una realidad muyyyy grande, se exige mas de una vez a un niño cosas que nosotros mismos no somos capaces de hacer, que mal no? que fuertes nos sentimos ante el niño. Algo a cambiar, pero que desde luego no es nada fácil, necesitaremos al menos pues ponernos un toque de empatía ? jeje

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    1. Sí, ¿verdad? No es fácil y sin embargo debemos ser conscientes. Yo también veo que a veces queremos hacer algo (por ejemplo, ponerle el pijama) y él está jugando (por ejemplo, haciendo un puzle). ¿Cuántos padres no lo cogen y lo llevan sin dejarle al pobre acabar de hacer el puzzle? Pero luego nosotros si estamos haciendo algo y él nos llama, primero dejamos de hacer esa cosa y luego vamos. Esperamos de él que tenga paciencia y espere a que terminemos… Yo desde que soy consciente de esto siempre espero a que acabe lo que está haciendo (lo que está haciendo en el momento en que le pido algo, si empieza a hacer otra cosa después, esa ya no, jejeje, porque si no es un desmadre!)

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