Maternidad·Reflexiones

Yo también fui una ingenua

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Hoy mientras paseaba con Antek me crucé con una mamá embarazada. No es algo que me pase con poca frecuencia, más bien me pasa todos los días varias veces al día. Hay un montón de embarazadas. Y aun así la natalidad va mal, quizá para que fuese bien tendría que estar la mitad de la población femenina embarazada, no sé.

El caso es que cuando la vi tuve uno de esos pensamientos malignos míos de “No sabes la que te espera, guapa”. Es muy probable que estés en una de dos: o sabes a qué me refiero, o estás embarazada o tu bebé todavía es muy pequeño y todavía tienes esperanzas de que sea siempre así de fácil (sí, entonces no parece fácil, pero cuando llegas a los 2, a veces incluso antes, te das cuenta de que la “etapa bebé” estaba chupada…)

Este pensamiento maligno suelo tenerlo tanto con embarazadas como con mamás felices de bebés. No es un pensamiento maligno y pesimista a raíz de que no me guste ser mamá o no quiera a mi hijo. No seamos extremistas, por favor. Es un pensamiento maligno a raíz de que cuando estamos embarazadas o tenemos un bebé todavía estamos en esa nube de felicidad en la que sabemos que va a ser difícil, pero todavía no sabemos hasta qué punto. Por supuesto, compensa, si me lees normalmente ya sabes que soy una enamorada de mi peque y una enamorada de la maternidad. Que sea difícil no significa que yo sea una pesimista. Creo que es algo que compensa con creces y no hay día que no me sienta feliz de ser mamá.

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La razón por la que pienso esto es porque creo que todas somos muy conscientes de los pros de ser mamá, de la felicidad que trae, de lo bonito que es, de que compensa… Pero no todas somos conscientes hasta que no llegan los momentos de crisis de lo difícil que va a ser… Y no lo digo porque falte información, como decía una señora cuyo nombre no mencionaré, ni enlazaré artículos sobre ella (ya sabes a quién me refiero y, si no es así, créeme que ni falta que hace; no haré publicidad de su libro en este post poniendo enlaces a sus entrevistas, ni siquiera mencionando su nombre). Información sobra, basta un par de clics en internet para encontrar miles de blogs con información sobre lo difícil que es la maternidad.

¿Por qué entonces esa ingenuidad y esa sorpresa cuando llegan las crisis, cuando empezamos a desbordarnos, cuando empiezan a faltarnos los recursos, cuando no somos capaz de llevar la teoría a la práctica? No puedo hablar en general, no sé qué les pasa a otras mamás, pero sí puedo decir qué me pasó a mí: que fui una ingenua…

Yo pensaba que las que se quejaban probablemente no habían aplicado la crianza con apego, la crianza consciente, que a lo mejor eran mamás sin paciencia, mamás con mal humor, mamás que querían hijos perfectos, mamás que no respetaban los ritmos de sus niños, mamás que tenían hijos “porque es lo que toca después de la boda”… Sí, yo era así de ingenua… Así que yo pensaba que a mí no me iban a pasar algunas cosas (rabietas, por ejemplo) porque con mi “super método de crianza” y mi “super paciencia” todo iría sobre ruedas… INGENUA.

Pues resulta que no es así. Yo también fui una embarazada super feliz, con un embarazo perfecto, haciendo deporte hasta un día antes del parto, trabajando hasta semanas antes, sonriente, paciente, no deseaba “parir de una vez”, disfrutaba el embarazo, me daba igual cuando llegase el día, no tenía miedo del parto, disfrutaba de sus patadas, dormía bien… Un embarazo ideal.

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Luego de bebé, sí, había días más duros que otros, pero en general yo también era una mamá feliz, lo llevaba en el carro, o lo porteaba, me levantaba por las noches y podía estar horas con él mientras no volvía a dormir, por el día a veces hacía siestas con él, a veces no, lo observaba, lo cogía, le daba teta durante horas, paseábamos, lo besaba una y otra vez mientras lo tenía en el colo… Una mamá feliz.

Y de repente llegó la llamada “aDOSlescencia” y algo cambió. No sé qué fue, pero yo juraría que no fue tanto él como yo… Vale, sí, él cambió, entró en esa edad de frustración en la que quiere hacer todo pero todavía no es capaz de hacerlo todo (unas cosas sí, otras no), esa edad en la que ya tiene más personalidad y más decisión y no siempre quiere hacer lo que tú quieres o tienes que hacer (como vestirse, salir, volver a casa, dormir, comer, lavarse las manos…) Que sí, que él también cambió, pero creo que yo más. De repente se me acabó la paciencia, empecé a sentir mal humor, algunos días apatía, otros agotamiento profundo, otros frustración… Otros todo junto.

Si no fuera porque leo posts de otras mamás y hablo también con muchas otras, ahora mismo me sentiría fatal pensando que soy la peor “madre consciente” del mundo. Por suerte, he descubierto que es normal. Un efecto colateral de vivir lejos de la tribu, de llevar sobre los hombros un trabajo que es propio de toda una tribu y no de una sola persona.

Con el tiempo he descubierto que a veces, para ser mejor persona y mejor madre, necesito darme unos minutos o unas horas de soledad. Salir a pasear, al gimnasio o a tomar algo con una amiga. Separarme de la familia a la que adoro, para respirar y para cargar las pilas, antes de que se descarguen por completo y me convierta en una “bruja curuja”.

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Si estás embarazada o eres la mamá feliz de un bebé, no te culpo si ahora mismo estás pensando “a mí esto no me pasará, soy muy feliz con mi bebé y acepto sus ritmos y…” Es normal. Yo también lo pensé. No hay nada que pueda escribir ahora que te haga entender que es muy probable que no sea así.

Sin embargo, espero que si te pasa, después de la frustración inicial, de la culpabilidad que sentimos en esos momentos, recuerdes este post, recuerdes que es normal, que eres humana, y que nada de eso te hace peor madre. Y lo más importante, si eres consciente, eres una madre genial. Hay madres que son así siempre, y piensan que es normal o culpa de los niños. Nosotras al menos sabemos que no es así y deseamos cambiar.

Y si llegado el momento no te pasa nada de lo que describo aquí, POR FAVOR, déjame un comentario explicándome cómo lo has conseguido. O mejor aún, escribe un post (que seguro que en un comentario no hay suficiente espacio) y déjame el enlace 😉

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13 comentarios sobre “Yo también fui una ingenua

  1. Me gusta leer post así de sinceros, por que yo, que tengo un bebé, y que soy una mamá feliz, necesito esa dosis de realidad para recordarme que los niños cambian, que no siempre es fácil y que como dices, no soy perfecta y más de una vez pasará que pierda la paciencia. Y no quiero sentirme como la peor del mundo llegado ese momento. Así que yo guardaré tu post para cuando lleguen esos días. Gracias. Un abrazo

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    1. Gracias por pasarte y comentar. Yo creo que cuando somos madres felices e ingenuas durante la “etapa bebé” probablemente esta etapa dura de ahora es dura especialmente para nosotras, psicológicamente, porque es como que no entendemos qué nos pasa de repente. Una cosa que ayuda un montón (a mí al menos) es conocer a más madres conscientes en la misma situación, saber que no es que te hayas convertido en bruja curuja, sino que es normal 🙂 Un abrazo

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  2. PUFFFFFFFFF llevamos una semana…. y yo que pensaba INGENUAMENTE que la aDOSlescencia se pasaba al cumplir 3… respira… respira… respira… eso pienso mientras intento tranquilizarme y verlo todo de otro modo… y luego volver a conectar. Que suerte tener redes sociales y conocer a más mamás y leer y aprender y reaprender.

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  3. Mi niño tiene 20 meses y se pilla unas, rabietas ya… Pero si creéis que la aDOSlescencia es dura, ya me Contaréis en la adolescencia… Mi hija mayor va para 15 años y consigue acabar con mi paciencia como todavía no lo ha conseguido el pequeño! No es para desanimados, eeeh? Pasarán unos años buenos cuando se les pase lo de las rabietas…Pero ahora tiene una edad, que pone a prueba mi paciencia cada día. Y la quiero con locura, y no es mala niña, pero a veces es pa darle de comer a parte… Muy buen post!

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    1. Fíjate que yo seguiré ingenua hasta la médula… Todavía tengo esperanzas de que la adolescencia no sea tan mala. Jajajajajajajaja. Aunque debo decir que no creo que lo sea aunque solo sea por el hecho de tener un niño, que yo creo que llevan la adolescencia mejor que las niñas, que no sé que nos pasa pero nos ponemos tontas perdidas (o al menos yo y mis amigas, y en niños no lo he visto, así que no lo digo por machismo sino por observación social 😛 ). Gracias por pasarte y comentar!

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  4. Ay, qué bien sientan posts como éste. Porque yo fui una embarazada muy feliz y aunque en el posparto la cosa se torció, y mucho, ahora vivo una maternidad plena y muy happy pero hay días que me digo a mi misma “ay, que esto también tendrá sus baches”.

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    1. Sí, pero la ingenuidad yo creo que es algo normal… Creo que también se puede llamar optimismo 😉 y por lo tanto no es algo malo. En cualquier caso, cuando llegan estos momentos está bien saber que es normal y contar con otras mamis con quien hablarlo y hacer tribu 🙂

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  5. Maravilloso post, maternidad REAL!! sí señora, la vida de la madre no es todo aroma a colonia de bebé, besitos a media tarde y risas de fondo… Me encantaría ser esa que escribe la clave de la continua mamá feliz y la happy vida de la maternidad, pero va a ser que no… jajaja! Y sí tener a la tribu cerca ayudaría y mucho jajaja!!
    Un besote guapa

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    1. Ojalá fuera así, pero la forma en la que nos vemos obligados a criar y en la que nosotras mismas hemos sido criadas tiene sus consecuencias nos guste o no. Con la lectura de El concepto del Continuum (aun estoy en ello) me ha quedado claro que para ser ese tipo de mamá quizá la única manera es haber nacido en una de esas tribus… Así que ya no es posible 😉 Impresionante el libro, a ver si cuando lo acabe soy capaz de hacer un post sobre él. Si te gusta leer libros que te hacen pensar a todas horas e ir recordando fragmentos cuando vas por la calle o cuando ves cosas, apúntatelo 🙂
      Un beso!!

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