Maternidad·Nuestra experiencia

Y la urticaria llegó a su fin (2)

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Hace un par de meses empecé a relatar nuestra experiencia con los problemas de la piel, puedes leer aquí el primer post. Como comentaba en ese primer post, una de las razones por las que me animé a contar esta experiencia, es porque tuve un “momento de iluminación” hace unos meses que me hizo reflexionar mucho sobre este problema. Quería compartirlo contigo. 

En el último post comentaba cómo estábamos a punto de volar a casa de os Avós, y todavía no sabíamos si podríamos hacerlo. Finalmente, fue posible, y el relato de esa visita lo describí brevemente en este post. Fue una visita en la que se pasó todo el tiempo enfermo (tres enfermedades diferentes en tres semanas que estuvimos en casa de os Avós). Por supuesto, además de esas tres enfermedades, de fondo estaba siempre el problema de la piel que, cuando fui al pediatra allá, por fin nombró lo que era: una urticaria. Efectivamente, era una urticaria en toda regla: ronchas en la piel que aparecen y desaparecen, normalmente en las mismas zonas, pero alternando (ahora la pierna, luego la barriga, más tarde la cara… a veces todo junto…) Cuando le salían en la cara, a veces coincidía cerca de un ojo y se le hinchaba todo. El aspecto era desolador, la verdad es que asustaba…

No obstante cuando lo llevé a la pediatra por este problema y me dijo que se trataba de una urticaria, el medicamento que me dio era para una otitis que tenía. Yo supuse que sería porque no me podía dar para las dos cosas y la otitis era más urgente, pero la verdad es que cuando se le curó la otitis, también desaparecieron las ronchas. Entonces lo que pensé fue que la urticaria era una reacción de su cuerpo cuando tenía otra enfermedad. (Como los médicos no me explicaban nada, yo no hacía más que pensar y pensar de qué podía ser dicho problema… Así son las cosas cuando eres mamá y los pediatras no te explican bien lo que pasa… O te lo han explicado pero en ese momento tu bebé estaba gritando en estado de pánico porque les tiene un miedo espantoso a los pediatras y tú estabas sudando intentando tranquilizarlo…)

El caso es que para hacerlo todo más interesante, el medicamento que nos dieron en Alemania para la reacción alérgica por lo visto estaba retirado de la Seguridad Social en España, lo me dijeron que era una muy mala señal, por lo visto. Puede ser señal de que es un medicamento que puede dañar partes del cerebro, o a lo mejor solo tiene que ver con que dicha empresa farmacéutica no ha pagado los sobornos que debería… Sinceramente, no tengo ni idea. No entiendo de esto. Pero lo mejor de todo es que el medicamento que me dieron en España, para no seguir dándole el que me habían dado en Alemania, que era tan dañino… ¡Adivina! ¡Sí, en Alemania prohibido dar ese medicamento a niños de menos de dos años, porque puede tener unos afectos muy negativos en niños tan pequeños… ¡Tachán! Genial, ¿verdad? ¿A que de repente sentís un respeto y una confianza en el sistema de salud impresionante?

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La cosa siguió durante unos meses más. Cada vez que Antek enfermaba, por lo que fuese, la urticaria aparecía y se quedaba unos días o semanas con nosotros. El médico me dijo que en un 70% las urticarias en niños tan pequeños eran debidas a infecciones y solo en un 30% eran debidas a alergias. Supongo que por esa razón no querían hacerle las pruebas de la alergia. Por eso y por lo que había dicho la otra pediatra (aquí en Alemania nos atienden dos, según el día puede estar uno u otro) de que a esta edad son reacciones alérgicas, pero no alergias, y que suelen desaparecer pasados los tres años más o menos.

El caso es que, efectivamente, cuando llegó el verano y dejó de enfermar, la urticaria no volvió a aparecer.

Mi primer pensamiento fue que no había vuelto la urticaria porque había dejado de ponerse enfermo, o sea que el médico tenía razón. Pero cuando volvió el otoño, Antek volvió a coger resfriados, como siempre, y la urticaria no volvió, NUNCA.

El “momento de iluminación”

Como decía en el primer post, la razón por la que decidí escribir sobre este tema fue porque tuve un “momento de iluminación” que me dejó bastante alucinada… Sobre todo porque al principio no me convencía la idea, pero bueno, yo te dejo los datos y luego ya tú decides si quieres creerla y te dejas convencer o no…

Hace unos meses descubrí a Yvonne Laborda por medio de unas conferencias en YouTube que me han encantado y creo que me han ayudado a encontrar un camino para llegar a esa paz interior que necesito en mi intento de crianza consciente y respetuosa (todavía estoy en el camino, y supongo que toda la vida es el camino… porque no es difícil, pero me alegra sentir/creer/esperar que voy bien). En dos de sus conferencias, mencionaba esto que ahora quiero explicar, te dejo aquí enlace a una de ellas por si te interesa (es larga pero no tiene pérdida).

¿Qué fue lo que mencionó que tanto me sorprendió pero que al principio descarté? Que todos los problemas de piel tienen relación con el contacto… ¿El contacto? A ver, lo entenderéis mejor si la escucháis a ella, pero intentaré explicarlo con mis palabras. Si un bebé ha sido cogido poco en brazos, ha sido abrazado poco, ha sido dejado mucho en la cuna o en el carro… Esa falta de contacto puede traducirse en una enfermedad en la piel. Es como una reacción que el bebé tiene, supongo, para forzar que la mamá o cuidadora lo coja y se preocupe por él. La naturaleza es sabia. Esto no es lo único relacionado con el contacto, también puede ser el exceso de este: por ejemplo un niño del cual han abusado, o él así lo ha sentido. Es decir, que le han tocado allí donde no quería, quien no quería.

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Cuando escuché esto en las conferencias (que alguien me corrija si lo he explicado mal, por favor, estaré encantada de editar y corregirlo), no me convenció. Pensé que yo siempre había cogido a Antek cuando había llorado, nunca lo había dejado llorar en la cuna ni en el carro, le había dado muchos más brazos de los que otros bebés seguro que tuvieron… Así que esto no me parecía que pudiese ser la razón. En cuanto al segundo, el exceso de contacto, a lo mejor si lo hubiese metido en una guardería podría haber entrado en dudas, pero no era el caso. Antek siempre había estado conmigo y yo nunca le había tocado donde no quería… Así que pensé que, aunque toda la conferencia de Yvonne me había encantado, no podía estar de acuerdo con sus teorías respecto a los problemas de la piel.

¿Qué fue lo que me hizo cambiar de opinión?

Un día estaba hablando con una amiga sobre lo secos que son aquí los pediatras, que entro con mi peque en la consulta y no le dicen ni hola, ni los buenos días, nada, directamente me miran a mí y me preguntan qué pasa. Siempre me ha parecido algo bastante… no sé… brusco e incluso maleducado. ¿Qué ejemplo le están dando al niño? El de entrar en un lugar y no saludar a nadie… O no saludar a aquellos a los que no te da la gana saludar… En fin, los niños aprenden desde edades muy tempranas, y creo que desde el principio deberíamos tratarlos en cierto modo como a un adulto. Evidentemente no va a preguntarle a él qué pasa o tener una conversación… Pero creo que decirle “hola” a un bebé no les haría perder ni 10 segundos y podría ayudar a que todo el proceso posterior fuese mucho más agradable… Aun a día de hoy, cuando Antek ya habla, la pediatra sigue ignorándolo y dirigiéndose solo a mí durante toda la consulta.

Total, que mientras hablaba con mi amiga, recuerdo mis palabras “es que aquí, no se dirigen a ellos, ni un ‘hola’, nada, y de repente, esa persona extraña que no le ha dirigido ni una palabra, ni una sonrisa, resulta que lo ve desnudo y empieza a toquetearlo por aquí y por allá, ¡a veces incluso en sus partes íntimas!” Y ahí, mientras decía esas palabras en voz alta, me quedé blanca y con los ojos como platos. Mi amiga no sé qué pensaría, porque de repente paré de hablar. Cuando recuperé la voz le dije que acababa de ser consciente de algo… Acababa de ser consciente de que cada vez que Antek estaba enfermo, lo llevaba al pediatra, donde una persona desconocida, que ni le hablaba, empezaba a toquetearlo por todas partes… Acto seguido, en uno o dos días, la urticaria aparecía. Cuando en junio dejó de enfermar, la urticaria desapareció y, cuando en otoño volvió a enfermar pero yo no volví a llevarlo al médico (llegué a la conclusión de que cada vez que lo llevaba al médico volvíamos a casa con algo peor, y decidí no llevarlo si lo que tenía no era grave de verdad o no duraba demasiado…), cuando dejó de visitar a ese extraño que lo toqueteaba, Antek dejó de tener urticaria.

¿Coincidencia? Yo ya no lo creo. Creo que la teoría de Yvonne tiene mucho sentido ya que, al menos en mi caso, coincide a la perfección. Antek, como bebé que desconocía lo que es un médico, la necesidad de ir cuando estaba enfermo y de que este lo examinase desnudo, interpretaba la situación como un desconocido que lo toquetea a pesar de sus gritos de pánico para intentar convencerme a mí de que lo salvase, que hiciese algo para impedirlo. El pediatra era siempre algo espantoso, yo salía de allí agotada, Antek lo pasaba muy, muy mal.

¿Y qué pasó después?

La primera vez que fui con Antek al médico después de tanto tiempo fue en febrero de este año y Antek ya era lo suficientemente grande para entender muchas cosas, así que antes de ir hablé con él y le dije todo lo que iba a hacer el médico (mirarle los oídos, mirarle la boca con “un palo”, “ponerle un círculo frío” en la barriga y en la espalda para oír su respiración…), se lo expliqué varias veces y luego le pedía también que me lo explicara él a mí. Lo entendió a la perfección y, cuando al llegar allí se puso un poco nervioso, le pedí que recordara lo que habíamos hablado y fui diciendo lo que iba a pasar antes de que pasara. Se tranquilizó, y la consulta fue sobre ruedas.

El hecho, además, de que el pediatra mencionase que un 70% de las urticarias de los bebés desaparecen cuando estos cumplen más o menos los 3 años no hace más que confirmar, desde mi punto de vista, esta teoría. Todos los bebés se sienten acosados en los médicos alemanes, hasta que llegan a un punto donde su madurez les permite entender lo que pasa en el médico y dejan de sentir miedo y de sentirse acosados. Entonces, la urticaria desaparece.

Y así terminó la urticaria de Antek. No ha vuelto, después de casi un año desde la última.

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¿Y tú? ¿Has tenido algún momento de iluminación con algún problema de salud de tu peque? 😉
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2 comentarios sobre “Y la urticaria llegó a su fin (2)

  1. :OOO, pues mira que no me parece nada descabellada la hipótesis, la verdad, el cuerpo es sabio y si no puede reaccionar de un modo (digamos que en los bebés no pueden aun hablar como para explicar que sienten) lo hace de otro. Pues pensaba que con este post me iba a sentir mejor pero me temo que va a ser que no, que bordes por dios, ni decir “hola” al peque y dedicarle una sonrisa, como podrán, yo veo un bebé y aunque este tristona como una roca, me sale una sonrisa de forma espontánea solo que lo miro y ganas de hacer el mico si hace falta con tal que el bebé se ría y se relaje. Pero no te preocupes que no va a ser por tu post, el respecto y la confianza en el sistema ya ni recuerdo la última vez que lo tuve :((, triste decir eso, lo se, pero dicen que a base de batacazos….en fin….

    La otra parte de tu post me ha gustado mas, no conozco a Yvonne Laborda pero creo que miraré algo sobre ella 😀 . Claro dicho así de que lo toquen poco o de demasiado y quien no le gusta en una conferencia, pues a veces no caes y sumas dos mas dos, pero desde luego tiene su lógica y mas si tu peke cada vez que ibais cogía una rabieta gigante, por algún lado tenía que salirle luego y mira lo haría en forma de erupción. Me alegro que ya hayas acabado con esa etapa, y que ahora ya puedas contarle las cosas que van a pasar para que luego no entre en pánico 😀
    Besote!!!!!!

    Le gusta a 1 persona

    1. Tengo un post que se titula “cosas que solo me han pasado aquí” (vivo en Alemania) donde comento cómo fuimos 15 minutos en un tren/metro y Antek fue de verdad durante esos 15 minutos echando besos al aire a todos los pasajeros (acababa de aprender a hacer el gesto y le hacía ilusión), tendría entre 1 y 2 años. Pues ni una reacción, ni una sonrisa, ni una mirada… NADA. Yo no me lo podía creer. Cuando por fin alguien reaccionó, era una chica polaca…
      Mi peque lo pasaba fatal en el pediatra, para mí era una auténtica tortura, no sabía cómo tranquilizarlo, se ponía rojo, lloraba sin parar e incluso una vez habíamos salido de allí seguía un rato llorando inconsolable… Era espantoso…
      Besos y gracias por pasarte y comentar!

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