Mi experiencia·Parto

Mi parto: el desenlace ;) (2)

Si cuando escribí la primera parte no estaba segura de recordar bien el parto, ahora que ha pasado casi un año y medio desde que escribí aquella y casi tres desde que nació Antek, espero no empezar a inventar como una loca… 😀 En cualquier caso, como es evidente que después de tanto tiempo no me acuerdo de los detalles, iré directa al grano (a aquello que recuerdo).

La primera parte de esta entrada la tienes aquí. Si ya la has leído, recordarás que terminaba en el momento en el que el parto se hacía real (nos confirmaban en el hospital que había comenzado) y me tenía que separar de Tata (tenía que ir en coche a casa a buscar la partida de matrimonio).

mi parto mecachismama
Nunca me pinto las uñas y justo me coincidió tenerlas pintadas el día del parto…

Me despedí de Tata bastante tranquila. Lo único que me ponía un poco nerviosa era que no sabía si encontraría la partida de matrimonio. En cuanto al parto, estaba segura de que no iba a ir rápido y llegaría a tiempo (de sobra).

Una matrona me acompañó a la sala de parto. Sinceramente, aquí la memoria ya no me da para mucho. Tata tardó más de una hora en volver y mientras yo estuve en la sala de parto, supongo que observándola, poniéndome cómoda (camisón, zapatillas…), probablemente también jugando con el móvil (al solitario, mi mejor manera en aquella época de hacer que el tiempo de espera pasase más deprisa). También recuerdo que fui mucho al baño, recuerdo que me dejaron una caja con compresas gigantes que cambiaba cada cierto tiempo, ya que estaba sangrando como si hubiese vuelto la regla. No llegué a romper aguas en ningún momento. Tampoco recuerdo el momento de la expulsión del tapón mucoso, creo que fue sucediendo como poco a poco… Fue todo muy raro y muy confuso en este sentido, nada claro. Así que del tema de la rotura de aguas y la expulsión del tapón mucoso no tengo mucho que compartir.

Desde el momento en que llegamos al hospital las contracciones disminuyeron estrepitosamente, ya no sucedían con tanta frecuencia ni intensidad. Hubo un momento en que yo me planteaba si de verdad el parto había empezado. Llegué a quedarme dormida en la camilla de la sala de parto (entre las 9 y las 10 de la mañana, más o menos, lo sé porque por supuesto hay foto que hizo el paparazzi de Tata… que por otra parte no era capaz de dormir como yo 😛 )

reloj tiempo

La dilatación también iba muuuuuuuy lenta. Ahora mismo ya no recuerdo, pero creo que en 13 o 14 horas había dilatado unos 5 o 6 centímetros… Más o menos en este momento las contracciones empezaron a ser molestas y ya no aguanté más tiempo tumbada (hasta ese momento había estado tumbada en la camilla, levantándome de vez en cuando para dar paseos o para ir al baño). A partir de aquí, tuve que levantarme y empezar a lidiar con el dolor de las contracciones, y lo hice principalmente con la pelota gigante de pilates que todos conocemos. Sentada en la pelota, dando pequeños botes y respirando, intentaba relajarme durante los breves espacios sin contracciones. Durante las contracciones aumentaba el rebote en la pelota, agarraba con fuerza a Tata e intentaba controlar mi respiración, que se aceleraba notablemente… Esto duró bastante tiempo, pero más o menos lo iba llevando…

Me había negado a que me dieran nada, ni epidural ni oxitocina ni nada. Pero llegado este momento las matronas me dijeron que necesitaba oxitocina para empezar a dilatar más rápido, que si la dilatación no iba más rápido, iba a pasar demasiado tiempo hasta que por fin pudiese dar a luz y probablemente habría que realizar antes una cesárea… Así que, agotada después de 14 horas de espera, cedí a pesar de que en principio no era algo que me hiciese mucha ilusión. De lo que yo no me había dado cuenta era de que una vez puesta la oxitocina iba a tener que tumbarme en la camilla porque tenían que monitorizar las pulsaciones de Antek (y yo no sé por qué eso no se puede hacer estando de pie…) Cuando fui consciente ya era demasiado tarde.

Yo no me había preparado psicológicamente para eso, me había preparado para un parto activo, de pie, moviéndome, con la pelota de pilates… Cuando de repente me vi tumbada en la camilla sintiendo ese dolor espantoso de las contracciones sin poder luchar con él (botando en la pelota, agarrando a Tata con fuerza…) se me cruzaron todos los cables… El dolor empezó a hacérseme insoportable, no era capaz de luchar con él, no era capaz de distraerme y respirar, simplemente estaba allí, destrozándome… Entiendo que las madres que dan a luz tumbadas pasen tanto dolor, es espantoso estar tumbada cuando tu cuerpo y la propia gravedad te pide que des a luz de pie. De pie (de cuclillas o como sea) la gravedad ayuda, y aunque evidentemente hay que empujar igual, creo que es totalmente diferente. Allí tumbada en la camilla yo simplemente sentía el dolor y no sabía cómo luchar con él.

A pesar de todo, parece que algo de efecto sí que tuvo la oxitocina, porque al cabo de una hora empecé a retorcerme de dolor, a gritar que necesitaba empujar o hacer caca (sí, así de claro lo grité, sin pelos en la lengua), que no sabía qué era exactamente, pero que necesitaba hacer una de esas dos cosas. Las matronas comprobaron los centímetros de dilatación y, efectivamente, había ido más rápido: 8 centímetros (2 más en menos de una hora). Y efectivamente, Antek estaba empujando para salir (por eso yo sentía esas ganas espantosas de empujar). No obstante, con solo 8 centímetros no podían permitirme empujar. Así que llamaron a los médicos.

No sé cuántos médicos vinieron, o cuantas matronas, yo de repente tenía la impresión de que la sala de parto se había llenado de personal que hablaban entre ellos mientras yo gritaba… Tata mojaba una toalla que habíamos traído nosotros con el agua que habíamos traído para beber y me la ponía en la frente. Los médicos seguían a lo suyo (o al menos así lo sentía yo en mi estado). Las matronas de vez en cuando volvían a comprobar cómo estaba todo, pero la dilatación seguía sin aumentar, me mantenía en los 8 centímetros. Este momento lo recuerdo de una forma muy caótica, ya que como se puede observar yo recuerdo estar pasando dolor y gritando, sentir ganas de empujar, recuerdo a Tata mojándome la frente y un montón de médicos y/o matronas delante, discutiendo qué hacer (a lo mejor ni siquiera eran tantos, así es como yo lo recuerdo, simplemente…)

Entonces, me comunicaron que a Antek le estaban cayendo las pulsaciones y que no sabían a qué era debido, pero que les parecía que era arriesgado seguir esperando a que dilatase los 10 centímetros y que lo más seguro era realizar una cesárea. Me preguntaron si estaba de acuerdo y yo les dije gritando (sí, se lo dije gritando): “¡Lo que sea, pero ya!” Me dijeron que antes tenía que cubrir un formulario y firmarlo (Are you f*** kidding me??“) Por supuesto lo cubrió Tata y me lo dio a mí para que lo firmara.

firmar documento

Sobre esto debo decir que, en primer lugar, aquello que hice allí es imposible que fuese mi firma, porque el dolor no me dejaba el pulso suficiente como para poner mi firma en ningún lugar. En segundo, posteriormente me informaron de que cualquier documento que te hagan firmar en un momento de dolor absoluto en el que no eres plenamente consciente de lo que haces, no tiene valor. Es decir, que bien podían haberse ahorrado el documento de los co**ones porque de haber tenido lugar algún problema podría haberles denunciado igual…

Total, que una vez firmado, me ayudaron a levantarme y me ayudaron a ir hasta el quirófano en el que me realizarían la cesárea. Me despedí de Tata en la puerta, él se quedó fuera y, según dice, oyó absolutamente todo lo que pasó dentro y lo pasó fatal durante todo el tiempo que duró.

En el quirófano pusieron eso que ponen para que no vea lo que hacen (menos mal, porque ni loca querría ver cómo me cortaban la barriga, sinceramente…) Me pusieron anestesia, lo cual agradecí porque ya no aguantaba más el dolor. Recuerdo que la anestesia hizo efecto bastante rápido y en breve empecé a sentir cómo me serraban la barriga (así lo sentí, en serio, no de dolor, sino la sensación que yo tenía mientras lo hacían, mientras sentía que mi cuerpo se movía, a pesar de no sentir nada en él). La verdad es que yo creía que si me tenían que hacer una cesárea iba a sentir miedo (nunca me habían operado, me daba pánico la idea de que me abriesen) y sin embargo en el momento en que me la propusieron no lo dudé y mientras lo hacían lo único que quería era que sacaran a Antek y que todo estuviese bien. No sentí miedo por mí.

Iban relatando todo lo que hacían, para que yo lo supiera o para informarse entre ellos, ni idea. De repente, se oyó un llanto y vi asomar su cabeza (la sombra que se veía tras esa tela-plástico que tapaba lo que hacían) y entonces lo subieron más y me lo enseñaron por encima de la tela. Me dijeron que tenían que lavarlo un poco porque al no romper aguas había estado en el líquido amniótico incluso después de hacer caca, pero lo limpiaron super rápido y me lo trajeron. Pusieron su cabecita al lado de la mía y le di todos los besos que me dio tiempo a darle antes de que se lo llevaran otra vez, a la vez que lloraba sin parar (empecé a llorar cuando oí su llanto y me dijeron que todo estaba bien y no pude parar durante un buen rato; era una mezcla de llanto de alegría y de impotencia de no poder cogerlo, no poder hacer piel con piel, no poder irme con él…)

Yo me quedé en el quirófano mientras me cosían y luego me ponían en la que sería mi cama de hospital los siguientes días. Recuerdo que cuando me cogieron en peso y me pasaron de la camilla a la cama me sentí como una muñeca, no sintiendo absolutamente nada de cadera para abajo.

A Antek se lo llevaron, invitando a Tata a ir con ellos y observar todo el proceso, pero Tata estaba en tal estado de shock que incluso unos minutos después, cuando nos vimos, no supo explicarme bien lo que había pasado. De hecho a mí me llevaron a la habitación y allí tuve que esperar yo sola un buen rato, hasta que por fin llegó Tata solo y le pregunté dónde estaba Antek y él me dijo que no lo sabía (yo flipando). Estaba en tal estado de shock que no tenía muy claro qué había pasado y por qué lo habían mandado a él solo a la habitación (a lo mejor solo le preguntaron si quería venir y él vino sin más, quién sabe…) Su frase a día de hoy es que él lo pasó peor durante la cesárea porque yo al menos tenía anestesia… Ejem… Total, que durante ese tiempo supongo que lo lavaron y le hicieron algunas pruebas porque además de haber tragado líquido amniótico con caca, tenía el cordón umbilical enroscado dos veces alrededor del cuello. No sé si le pusieron entonces también alguna vacuna, o eso fue más tarde…

Cuando por fin lo trajeron, me pareció el ser más precioso y perfecto del planeta y supe que había merecido la pena, TODO. Y supe también que quería hacerlo otra vez en el futuro, porque era algo demasiado bonito para vivirlo solo una vez.

Moje doświadczenie z cięciem

Me parece muy importante compartir este tipo de experiencias, de modo que quienes quieran puedan tener acceso a experiencias de partos reales (muchas veces conocemos los de las pelis y poco más), así que quería compartir con vosotras más entradas de otros blogs que vaya descubriendo en las que también hayan compartido su experiencia. (Si tienes un blog en el que has contado tu experiencia, déjame el enlace en los comentarios). Hoy os dejo la primera, de mano de Mama Lanuguita:

“Mi parto normal sin analgesia (Parte 1)”, por Mama Lanuguita.

 

Yo tuve la suerte de adorarlo desde que lo vi, de sentirme enamorada y la persona más feliz del mundo, pero desgraciadamente eso no siempre sucede así. Seguro que has oído hablar de la depresión postparto. Yo no la tuve, pero estoy segura de que es terrible, sobre todo sentirse sola e incomprendida. Así que en esta entrada quiero compartir también enlaces de posts de madres que la tuvieron. Por si la tienes, que sepas que no eres un bicho raro, que es normal, y que aunque es duro, se te pasará

“No estás loca, se llama ansiedad o depresión postparto”, por Mami Rebelde

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6 comentarios sobre “Mi parto: el desenlace ;) (2)

  1. Me gusta conocer las experiencias de parto porque son siempre únicas y personales.
    También me preparé para un parto activo y, afortunadamente, pude disfrutar de ello pero recuerdo los momentos en que me monitorizaron y tuve que estar tumbada, eso es un horror. Entiendo que muchas mujeres pidan a gritos la epidural cuando las dejan tumbadas durante la dilatación, además de prolongarse los dolores se duplican. Lo que a mi no me sirvió mucho fue la pelota de pilates, la cogí con muchas ganas y tras dos intentos la lancé volando de una patada porque me dolía más cuando me levantaba. Eso sí, lo de agarrar al marido para pasar la contracción a tope, creo que le hice cardenales 😄
    Gracias por compartir mi propia experiencia en tu post. Besotes.

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