Maternidad · Nuestra experiencia

Y el miedo (nocturno) llamó a nuestra puerta…

miedo nocturno mecachismama

Hace ya más de medio año, Antek empezó a tener sus primeros miedos nocturnos. Digo “miedos” y no “terrores” porque no se trataba de terrores nocturnos, sino de pesadillas, pero como en general tenía miedo, pues he decidido llamarlo así. Si no sabes cuál es la diferencia entre los terrores nocturnos y las pesadillas, te aconsejo que lo consultes (por ejemplo en este post de Así piensa una mamá) porque me parece que es importante reconocerlos, ya que la forma de actuar ante uno u otro no es la misma.

Como ya he dicho en otra ocasión, soy una mamá ingenua y siempre estoy pensando que hay cosas que quizás no nos pasen… De todos modos, por si acaso, sí había leído sobre el tema antes de que pasase, con tal suerte que lo había leído un par de días antes de que tuviese la primera pesadilla…

Como ya hay en la red muchos posts sobre las diferencias entre terrores nocturnos y pesadillas y también con información sobre lo que se debe hacer ante ellos, este post no tratará de eso. En este post lo único que quería hacer es compartir mi propia experiencia, explicar qué fue lo que hice yo cuando aparecieron las pesadillas en nuestra familia, cómo lo afrontamos… Por si hay algo en mi historia que te inspira y te da alguna idea sobre cómo hacerlo en tu caso.

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Gato Pelado, nuestro objeto de miedo

¿Conoces el cuento Cocorico? En él hay un gato, el Gato Pelado, que se quiere comer al pollito Cocorico (de un bocado). A Antek le encantaba el cuento, quería que se lo leyéramos muchas muchas veces. Nada parecía indicar que podía acabar dándole miedo, incluso recitaba las líneas del gato… y alguna que otra vez dijo que él era el gato… No obstante, cuando llegó la época de los miedos, llegó con miedo al Gato Pelado (que días antes había estado acariciando tan tranquilamente en casa… -sí, Antek acaricia a gatos imaginarios, ahora también tiene perros… los de la Patrulla Canina).

Todo empezó con una obsesión que se me hacía rara, pero a la que no le di mucha importancia, de guardar muchas cosas en armarios o cajones diciendo “para que no lo coja Gato Pelado”. Yo le seguía el juego a veces y otras veces simplemente le decía que Gato Pelado no iba a coger nada de eso… No tenía muy claro cómo actuar porque era algo nuevo…

De repente, un día, se despertó muy asustado, llorando sin parar, desconsolado… Nos costó un montón tranquilizarlo, la verdad es que era horrible verlo tan asustado… No conseguimos que nos explicase qué había pasado, qué había soñado… No insistimos mucho. En estos casos el miedo suele bloquearlos y me parece que es mejor esperar a que estén más tranquilos. Supimos que se trataba del Gato Pelado porque se lo dijo a Tata al día siguiente por la mañana, le dijo que en su sueño estaba conmigo en Fitness, aparecía el Gato Pelado y teníamos que escondernos de él…

El miedo aparecía normalmente por la noche, no quería ir a dormir porque tenía miedo. Además, cada vez que tenía una pesadilla, por supuesto, no quería volverse a dormir ni de broma y como tardaba en entender que no había pasado de verdad, nos costaba muchísimo tranquilizarlo… Teníamos que hacer algo al respecto.

Ahora que ya conoces el contexto, comparto qué fue lo que hice yo ante este panorama…

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Mis estrategias

Guardar el libro que produjo el miedo, sacar libros que tratan el miedo

Lo primero que hice fue guardar el libro del Gato Pelado en un sitio donde no pudiera verlo, para dejar de leerlo mientras este miedo duraba. Y en su lugar, saqué Yo mataré monstruos por ti La manta que abraza, dos libros para trabajar los miedos con los niños pequeños.

No sabría decir si los libros ayudaron o no, pero puedo decir algo con total seguridad, le encantaron los dos y los leímos los dos un montón de veces. Así que tanto si ayudan como si no, son lecturas que recomiendo.

 

Humanizar el objeto de miedo y empatizar con él

A pesar de haberlo guardado, un día no sé si vio el libro de Cocorico donde lo había puesto o simplemente se acordó de él, que me dijo que quería leerlo… Así que lo cogí y se lo di… Y decidí aprovechar el cuento para cambiar un poco la visión que tenía del Gato Pelado. Esta vez, lo leí sugiriendo que el Gato Pelado en el fondo no era malo, simplemente tenía mucha hambre y quería la mitad de ese bizcocho tan rico que iba a preparar Cocorico con su mamá. Además, insistí en cómo antes de entrar en casa hizo “toc toc”, porque era un gato muy educado y no entraba en una casa sin antes ser invitado. Como me dijo una amiga con la que hablé sobre este tema, “la magia de contar cuentos es que al final puedes darle tú el toque que quieras” 🙂

 

Mostrar su fortaleza frente a la debilidad de aquello que temía

Le dije también que Cocorico le tenía miedo al Gato Pelado porque Cocorico era muy pequeño (le enseñé el huevo y le dije “¿Ves? Es del tamaño de un huevo, por eso le tiene miedo al gato. Tú eres más grande que el gato y yo creo que en realidad el gato te tiene más miedo a ti que tú a él…”) Al final, hice hincapié en cómo el Gato Pelado, cuando se le rompió un diente, marchó corriendo y llorando con mucho miedo de Cocorico.

 

Demostrar que me tomo su miedo en serio y tomar medidas al respecto

Por la noche, cuando ya estábamos todos en casa y ya no íbamos a salir, cerré la puerta con llave y le dije “Ya he cerrado con llave cariño, ahora no puede entrar el Gato Pelado, ¿vale?” Cuando Tata me oyó decir esto se sorprendió mucho, me preguntó para qué lo había dicho si Antek estaba muy tranquilo y no parecía acordarse. Le expliqué que realmente él no solía mostrar mucho miedo antes de acostarse, el miedo surgía sobre todo con la pesadilla que tenía cuando ya estaba durmiendo. Yo quería adelantarme a un posible acontecimiento ofreciéndole un sentimiento de seguridad. Tata no se mostró muy convencido.

Un día después, mientras jugaban, Antek le dijo a Tata que Gato Pelado ya no podía entrar en casa porque Mama cerraba la puerta con llave. Esto se lo dijo mientras yo estaba en el gimnasio y cuando volví me lo confesó, dándome la razón de que había sido una buena idea.

 

Usar amuletos o luces mágicas

Por la noche, además, puse la luz que poníamos siempre para dormir (una quitamiedos de esas que alumbran un poco la habitación, pero tan poco que no ves nada hasta que no se te acostumbran los ojos a esa semioscuridad), pero en vez de ponerla donde antes, que quedaba tapada, la destapé de manera que la viera bien y le dije que Gato Pelado le tenía mucho miedo a ese tipo de luces y, por lo tanto, no se atrevería a entrar en la habitación si esa luz estaba encendida.

Lo bueno de los miedos sobre cosas que no existen (como los personajes de un cuento) es que también puedes usar lo que no existe para luchar con dichos miedos 😉 No soy partidaria de mentir a los niños, pero tampoco me parece una buena idea que nos limitemos a decirles en casos como estos “mira, el Gato Pelado no existe”, que fue lo que hice yo al principio… Al decirle eso no solo no empatizamos, sino que encima es casi como decirle que su miedo es una tontería… Además, si él cree que existe, por mucho que le digamos que no, su miedo va a seguir ahí. Es él quien tiene que darse cuenta de que no existe y perder el miedo, no somos nosotros quienes tenemos que intentar convencerlo con argumentos que pueden servir con adultos, pero no con niños.

Nosotros usamos una luz de Chicco que no sé por qué razón en Amazon cuesta 38 euros (¿estamos locos?). Esta es más barata, aunque sigue pareciéndome un poco cara… Pero tiene buena pinta, que conste. Te dejo enlace de asociado por si te decides y quieres que me lleve una pequeña comisión (tú pagas lo mismo): Baby moov lámpara nocturna.

luz antioscuridad

 

Tenía también un plan en la manga que al final no llegué a utilizar, porque Antek dejó de tener miedo y las pesadillas desaparecieron, pero lo cuento por si a alguien le inspira:

Mascota protectora

En casa tenemos un peluche de Desdentado, el dragón protagonista de la película de dibujos Cómo entrenar a tu dragón. Mi idea era buscar algún capítulo de la serie (la película era demasiado larga para que la viera entonces, que no aguantaba vídeos de más de 10-20 minutos) en el que Desdentado salvase a alguien, pero que no hubiese en ese capítulo otras cosas a las que les pudiese tener miedo y al final acabasen sustituyendo al Gato Pelado. Mis intenciones eran que viese que era un dragón bueno y valiente y poderoso, y colocarlo en la habitación en un lugar en el que nos protegiera en el caso de que, a pesar de todo, Gato Pelado entrase en casa.

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Como ya he dicho, al final esto no fue necesario porque con todo lo anterior fue suficiente y dejó de tener pesadillas y de tener miedo.

Personalmente, me parece que lo que mejor funcionó fue el cerrar la puerta con llave y lo creo básicamente porque él mismo dijo, como ya mencioné arriba, que gracias a que yo cerraba la puerta con llave, Gato Pelado no podía entrar. Fue una estrategia sencilla, en la que validé su miedo, no lo ridiculicé ni lo negué, ni le dije que no existía; acepté que le tenía miedo y busqué una opción realista para evitar que entrara (cuando no quiero que extraños entren en mi casa cierro la puerta con llave). Al final ni los cuentos ayudaron (tampoco hicieron daño y le gustaron mucho, así que la lectura la recomiendo de todos modos), ni el amuleto hizo mucho efecto… La realidad ganó: cerrar la puerta con llave.

¿Y tú, cómo gestionas los miedos de tu peque?
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2 comentarios sobre “Y el miedo (nocturno) llamó a nuestra puerta…

Dime qué piensas, me encantará leerte :)

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