Así lo pasamos · Crianza consciente · Maternidad · Otoño

Así lo pasamos (un día de otoño) – Mindfulness, gestión de rabietas, parques alemanes… Todo en un día ;)

Hacía ya meses que no hacía un post de Así lo pasamos. Me ha apetecido hacer uno de forma improvisada, como siempre, de un día cualquiera de nuestro día a día. Esta vez ha tocado un viernes y ahora Antek ya tiene 3 años y todavía no va al cole. Estamos todos los días juntos. Algunos se preguntan qué hacemos. Realmente nada fuera de lo normal, porque desde mi punto de vista está en un momento en el que lo que de verdad necesita es jugar, explorar, aprender él solo por medio de la interacción y el juego con el medio que lo rodea (tanto si es fuera de casa como en casa con sus juguetes). Total, que este es un día cualquiera de nuestro día a día.

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Nos despertamos y lo primero que hizo al despertarse fue preguntar si Tata iba a trabajar. Le dije que sí y me dijo que entonces quería ver la tele. Últimamente cuando se levanta suele ponerse a jugar con sus muñecos o pedirme que le ponga la tele (vídeos de Youtube).

Después desayunamos. A él le hice un “potito do avó”, que es una papilla que le hace el abuelo que le encanta y yo tomé unos trozos de bizcocho que había hecho el día anterior. Yo pensaba que le iba a gustar porque lo hice “goloso” y lo cubrí con sirope de chocolate casero… Pero él se empeñó en que no era sirope de chocolate sino uvas pasas y no quiso ni probarlo. En fin, tampoco iba a insistir, que no era sano precisamente (y el potito sí). Así que se lo hice, y los dos contentos.

Después de desayunar, mientras él seguía viendo un vídeo que había dejado en pausa para venir a desayunar, yo hice una meditación de 5 minutos (he decidido aprovechar la tele a mi favor y usar esos minutos mañaneros no solo para hacer el desayuno y recoger la cocina, sino también para esos minutos de meditación que me dan paz para el resto del día). Nunca me habían gustado estas cosas (las meditaciones), no las entendía… No obstante, desde hace ya meses empecé a practicar Mindfulness en un intento de aprender a gestionar algunas emociones que sentía que se me estaban yendo de las manos y la verdad es que estoy muy contenta con los resultados, siento que me ha ayudado incluso a llevar mejor la pérdida gestacional que tuve hace unas semanas. Creo que me ha ayudado con mis emociones y también en muchos otros aspectos.

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Cuando terminé le pregunté si le apetecía ir a Fitness, porque el último día que fuimos no le gustó y quiso salir a mitad de la clase, así que no pensaba insistir. Si me decía que no, pues no íbamos y hacíamos otra cosa. Sin embargo, me sorprendió respondiéndome que sí.

Nos vestimos y fuimos a Fitness (es para ir las mamás con los niños, en el gimnasio hay colchonetas y otras cosas colocadas tal manera que parece un parque interior; los niños juegan, escalan, saltan…) En esta ocasión estuvimos más de media hora y se lo pasó muy bien, pero también acabamos saliendo antes de tiempo porque en un momento en que hice algo que no le gustó, su reacción fue totalmente exagerada y supe que eso significaba que tenía hambre…

Últimamente me he dado cuenta de que siempre que tiene ante algo una reacción que a mí me parece exagerada, que no es la que tiene normalmente, es porque tiene hambre (o sueño). Aunque había tomado el “potito” para desayunar, en ese momento en que se puso así ya habían pasado casi dos horas desde el desayuno. Me he dado cuenta de que le pasa mucho últimamente y después de que come algo se tranquiliza y vuelve a ser él, con su buen humor. Lo peor es que me cuesta mucho evitarlo porque normalmente antes de que le pase no nota que tiene hambre y simplemente no quiere comer… Para cuando la siente ya es demasiado tarde y entramos en “conflicto” con una reacción totalmente fuera de lo normal (llora y a la vez grita).

Normalmente en esta situación suelo limitarme a abrazarlo y mientras llora y grita no digo nada porque tampoco tendría sentido (no me escucharía). Cuando ya no grita, valido la razón “de fuera” que ha provocado ese momento (en este caso, que él quería bajar de una forma del tobogán y yo “lo ayudé” a bajar de otra manera, y le pareció mal). Por ejemplo: “Querías bajar por un lado, no querías bajar de frente. No lo sabía, pensé que querías bajar igual que antes. La próxima vez antes de “ayudarte” te preguntaré si necesitas ayuda”. Después de que hemos aclarado este malentendido (o el que sea) y cuando ya está más tranquilo, paso a la razón “de dentro” que ha provocado el conflicto: “¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo?” Entonces, suele decirme que sí, le digo qué es lo que tengo y le pregunto qué quiere y lo toma. Es ya tan consciente de que lo que de verdad provoca ese humor es tener hambre, que después de comer lo que le he dado me dice “ya me siento mejor Mama, ya estoy contento” 🙂

Después de esto y con unas galletas, fuimos a la tienda y luego al parque mientras saciaba su hambre de camino.

En el parque, por supuesto, lo primero es lo primero: el columpio. Ahora mismo le vuelven a encantar los columpios, puede estar columpiándose muchísimo tiempo. Le gustan tanto que cuando está en otro sitio y ve que solo queda un columpio libre va corriendo antes de que lo coja otro niño y se quede sin él… Cuando se quedan vacíos, ya puede ir a los toboganes (su nueva pasión; le gustaban mucho de pequeño, luego los dejó durante unos meses y ahora ha vuelto a por todas 😉 ). Después estuvo en una de esas zonas del parque en las pueden subir/trepar, como este (no fue este en el que estuvimos, pero en uno muy similar porque es muy popular esta construcción por aquí):

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Para niños más grandes, los parques tienen zonas más complicadas. Una cosa que me gusta mucho aquí es que en esas zonas para niños más grandes los pequeños no son capaces de acceder, ya que el acceso es más complicado (nada de escaleras). De esta manera, sabes que cuando un niño es capaz de subir, es porque está preparado para acceder a esa otra zona del parque 🙂 Aquí dejo un ejemplo:

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Después, Antek decidió dar un paseo investigador por…

 

¿La montaña? ¿Un bosque?

Con observación de frutos incluida, en la que aprendimos que aunque se parecen a los arándanos, no los podemos comer…

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Pero… ¿dónde estábamos?

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Pues ahí, al ladito del parque… Esto es algo que me gusta mucho de la zona en la que vivimos, que es que no se han cargado todo cuando espacio verde hay, ni siquiera si está en medio de la ciudad. Este parque está en una urbanización de edificios bastante altos (creo que de los más altos de la ciudad), entre dichos edificios y una carretera de bastante tráfico, de estas de 4 carriles… Cualquiera lo diría, ¿no?

Mientras estábamos en el parque a mí también me entró el hambre, así que para no estropear la diversión de Antek diciendo que tenemos que marchar porque necesito comer, cogí mi taper de frutos secos 🙂

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Esto es algo que he empezado a hacer no hace mucho, llevar también cosas para mí. A veces pensamos tanto en ellos que nos olvidamos de nosotras… O al menos a mí me pasa… Antes comía de sus cosas, pero ahora ya no le gusta tanto compartir (quizás también influye el hecho de que yo como más rápido y siente que me estoy acabando su merienda 😀 ), así que ahora me llevo mi propio taper. El de hoy estaba mejorado, porque llevaba también almendras y piñones 🙂

Después, por supuesto, columpió un poco él mismo el columpio. A veces veo a padres que no les permiten que hagan esto por miedo a que el columpio les golpee. Es un miedo que entiendo, la verdad, también estuve ahí. No obstante, hoy en día pienso que realmente la mejor forma de aprender a que el columpio no le golpee quizá sea dejándole probar… Y ya puestos a que le golpee, pues casi mejor cuando no hay un niño en él 😉 Tata se pone nervioso cuando hace esto, también es de los que creen que se va a golpear. Yo, desde que lo observo en silencio sin decirle nada, me he dado cuenta de que controla muy bien el columpio y no le golpea nunca (quizá una vez, pero hace ya mucho tiempo).

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Cuando ya nos acercábamos a ese momento en que podíamos tener más hambre, y no nos quedaban muchas más cosas en la mochila, nos fuimos a casa a preparar la comida. Mientras yo la preparaba, él estuvo todo entretenido metiendo y sacando los muñecos de una caja (se escondían, por lo visto).

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Y más tarde, mientras se hacía la comida (en el horno) jugué un poco con él. El juego fue de lo más simple y lo repetimos una y otra y otra vez… (A veces me resulta increíble lo que le gusta repetir… A mí entonces se me hace más aburrido, pero a no ser que no pueda soportarlo, lo acompaño sin decir nada y le dejo repetir las veces que quiera). El juego consistió en que los muñecos se pusieron en fila para ir al tobogán… Cada uno se tiraba cuando le tocaba y el resto daban un paso hacia delante (y movía los muñecos uno a uno y colocaba el que se acababa de tirar al final para volverse a tirar). A mí me parece que es un juego muy educativo, en el que aprende sobre la importancia de esperar en la cola cuando quieres ir a un lugar al que quieren ir otros, a esperar tu turno… De todos modos la idea fue suya, no vayas a pensar que lo propuse yo 😉 No es la primera vez que hace una fila para algo, hace tiempo en Instagram mostré una foto de una cola que hacían los muñecos para coger el tren (su otra pasión).

En la foto además se puede observar que a Antek le gusta mezclar los muñecos… Tenemos desde los muñecos del Lidl de la casa de madera hasta una tortuga que era de un llavero, pasando por un perro que es de un juego de mesa y un muñeco de Playmobil… A veces también participan los muñecos de Lego, figuras de los huevos Kinder o incluso pompones (sí, y se mueven y hablan como si fueran muñecos…)

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Cuando la comida estuvo preparada fuimos a comer y luego, mientras yo recogía la cocina, él volvió a jugar solo. Guardó los muñecos otra vez en la caja y se puso a jugar con otra cosa, ahora mismo no recuerdo con qué, pero creo que con los toboganes de Little People.

Tata llegó antes de lo normal y Antek se puso a ver con él la tele.

Más tarde, preparé un batido para merendar y después de tomarlo nos fuimos a una heladería a tomar un helado (prefiero que tome algo antes cuando vamos a tomar algo “menos sano” porque si no come con ansiedad y más de lo que me gustaría…) Luego, fuimos a un parque que estaba al lado de la heladería.

Finalmente, cuando volvimos a casa, jugamos un poco más, cenamos, vio un poco la tele (ahora mismo siempre quiere tele antes de dormir, yo estoy esperando pacientemente a que vuelva a querer cuento…) y a dormir.

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Una nota importante: No hacemos lo mismo todos los días, más bien nuestros días son bastante diferentes en cuanto a rutinas, horarios, el orden en el que hacemos las cosas… Dejamos un poco que el día fluya y nos vamos guiando también según el tiempo (¿llueve? ¿hace frío a estas horas y más tarde no? ¿ahora hace sol y luego puede llover?…) En parte por eso decidí crear esta sección, por mostrar ejemplos de nuestros días, que aunque suelen tener elementos en común, no suelen ser exactamente iguales casi nunca (cuidado, que digo “exactamente”, claro que se parecen y claro que hay cosas que sí se repiten).

Dime qué piensas, me encantará leerte :)

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