Crianza consciente · Maternidad · Reflexiones

Sobre las rabietas, emociones y otras cosas de esas difíciles de explicar

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Muchas veces nos veo (a mí también) buscando cuentos para explicar las emociones… No me malinterpretes, me encanta leer y también lo utilizo como herramienta para apoyar algunas de mis explicaciones o integrar situaciones que podemos vivir (de forma habitual o puntual), pero a veces tengo la impresión de que queremos buscar cuentos para explicarlo todo…

Yo, personalmente, como madre y con más de 30 años, a veces tengo grandes dificultades para explicar o entender MIS emociones, lo que me pasa… ¿Pretendo que un niño pequeño sea capaz y, encima, pienso que con un cuento lo va a aprender? A ver, seguro que algo le llega del libro… Pero, como ya comentaba en este post, creo que la mejor forma de “enseñar” las emociones es dejándonos sentirlas y siendo un ejemplo… ¿Acaso las cosas que nos han explicado en el colegio, en la universidad o en cursos, las hemos aprendido bien cuando simplemente no las han leído? No sé tú, pero yo no… Yo he necesitado experimentar, hacer algo, ver cómo otro lo hacía… Que me lean sobre algo a mí nunca me ha llegado, así que me atrevo a decir que con las emociones puede pasar lo mismo… Leer está bien, pero no puede ser el único recurso, también es necesario experimentar.

No basta con leer libros sobre emociones, hay que ver cómo gestionan las emociones los demás y permitirnos tener nuestras experiencias con ellas también… Y aunque nos cueste, creo que también tenemos que permitir a los niños que poco a poco vayan aprendiendo ellos mismos a gestionar las suyas… Imagina que cuando empiezan a dibujar nos pasamos el rato diciéndole cosas como “no, así no, hazlo bien, eso no es un círculo, mal, no, a ver que te lo hago yo, mejor así no lo hagas si no sabes hacerlo…” Si lo hacemos así, probablemente el niño se frustre y no quiera volver a dibujar… Me atrevo a decir que con las emociones es algo así… No podemos enfadarnos cuando no las gestionan como nos gustaría a nosotros, es algo que también necesitan experimentar y aprender muy poco a poco… Pedirles que dejen de llorar, o dejen de gritar, o dejen de estar tristes, simplemente porque nosotros no queremos verlos así y preferiríamos verlos siempre felices, no les ayuda en absoluto a aprender a gestionar sus emociones… De esa manera solo conseguimos que las repriman… No sé si conoces las consecuencias de reprimir emociones… Yo personalmente creo que es mejor permitirles que las tengan, que las experimenten, por mucho que nos duela a nosotros presenciarlo, y permitir que aprendan poco a poco… Porque no nos engañemos, lo que ahora repriman, algún día explotará… Yvonne Laborda dice que a mayor represión, mayor explosión… Podemos estar o no de acuerdo… Yo lo estoy…

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Personalmente, creo que la mejor forma de que aprendan a gestionar sus emociones es, por una parte, permitirles que las sientan y que las gestionen como ellos saben, incluso si no es de la manera que a nosotros nos gustaría. Por otra parte, que vean cómo nosotras gestionamos las nuestras (incluso si no siempre lo hacemos como nos gustaría…) ¿De qué nos sirve leerles “El monstruo de colores” si luego nos escondemos en el baño para llorar, nos enfadamos cuando están tristes o cuando ellos se enfadan, no entendemos que se frustren con algo o decimos que “ya están haciendo el tonto” cuando se están tronchando de risa con algo que a nosotras no nos hace gracia?

Hace unos meses, una amiga me compartía que su hijo empezaba a tener rabietas fuertes, de esas que incluso sentimos agresivas. Me salió comentarle lo que hice yo en su día con Antek, y también me apetece compartirlo por aquí contigo.

Cuando Antek empezó a tener reacciones emocionales que yo sentía como agresivas, o incluso en las que me quería pegar, una de las cosas que yo le propuse fue que pegase a un cojín. No me limité a decirle “no se pega”, no juzgué con un “te estás portando mal” e intenté no enfadarme con su reacción (esto no siempre lo conseguí)… Intenté darme cuenta de que las emociones, muchas veces, tienen una respuesta física en nuestro cuerpo que es mejor dejarla salir (como ya he dicho, reprimir no es bueno, y me atrevo a decir que reprimir emociones puede tener consecuencias super negativas). Así que acepté su necesidad de golpear algo y le expliqué de qué manera podía canalizarla. Reconozco que al principio se me hacía algo violento verlo aporrear el cojín, pero también me parecía que si él sentía esa necesidad, tenía que dejarla salir, expresarla. Y ya puestos a expresarla, mejor hacerlo con un cojín que conmigo o algo duro con lo que se pudiese hacer daño él. Utilizó esta técnica durante una temporada, yo siento que no duró mucho, no sé si es porque era una necesidad temporal o porque aprendió a canalizar esa emoción por otro lado.

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Todavía no he tenido en mis manos este libro, pero solo he oído buenas críticas de él. Imagino por el cojín que está muy relacionado con lo que comento 😉

Antes del cojín, si en una rabieta me intentaba pegar a mí, yo le cogía las manos o me iba a otro lugar diciendo “no puedo permitir que me pegues” o “no puedo permitir que me hagas daño”. Como ya he dicho, no le decía cosas como “te estás portando mal” sino más bien un “entiendo que ahora te sientes mal pero no puedo permitir que canalices ese sentimiento pegándome a mí” (estas cosas se las decía con más o menos calma según cómo me cogiese él a mí también emocionalmente). Entonces, le agarraba las manos para que no me pegara o me iba a otra habitación si estábamos en casa.

Otra cosa que también solemos hacer es hablar sobre el enfado, sobre la reacción emocional. Si no está receptivo, no intento hablar con él en ese momento (me atrevo a decir que no lo hago nunca en el momento), sino que espero (horas, días…) y le recuerdo aquel momento en que pasó aquello y lo hablamos. Esto a mí me parece muy útil porque nos sirve para reflexionar sobre ese enfado, sobre lo que ha pasado… Pero siento que es imprescindible hacerlo en un momento en que está receptivo y dispuesto a hablar del tema, forzar esta conversación no tiene sentido, desde mi punto de vista. A mí este tipo de conversaciones me han llegado a demostrar lo maduro que puede llegar a ser y lo mucho que ya va entendiendo del mundo emocional… Un día montó un espectáculo increíble en el parque, era un día en el que todo estaba nevado y él lloraba diciendo que no había nieve. Yo no entendía nada, alucinaba, estábamos rodeados de nieve… Cuando llegamos a casa, en el ascensor, me dijo “Mamá, ya estoy tranquilo, si quieres podemos hablar”. Aluciné cuándo me dijo eso, pero la verdad es que yo me sentía tan cansada aquel día (acompañarlo cuando se pone así me agota) que le dije que yo no tenía ganas de hablar (!) Lo único que le pregunté fue por qué había dicho que no había nieve si estábamos rodeados de nieve, que no podía entenderlo… Y me dijo, con toda tranquilidad y naturalidad “Es que estaba enfadado mamá. Es normal”. Y… pues sí… Es normal, cuando nos enfadamos, muchas veces, decimos cosas que no tienen sentido, solo porque estamos enfadados y necesitamos “escupir” fuera el enfado… Algunos adultos sueltan tacos… Él dijo que no había nieve…

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También he visto lo importante que es aceptar sus enfados, intentando no poner el foco en que el enfado se acabe, en cortarlo, sino en acompañarlo hasta que termina. Las emociones hay que sentirlas; cuanto menos resistencia ponemos, antes se nos pasan. Cuanto más queremos reprimirlas, más las sentimos. O al menos así lo siento yo en nuestra experiencia. En una ocasión, volviendo a casa, Antek se enfadó conmigo porque quería algo dulce y yo le dije que ya era tarde (sabe que le dejo tomar dulce hasta cierta hora y que luego ya no) e íbamos de camino a casa e iba llorando y gritándome super cabreado. Yo le dije lo que sentí que podía decirle (que era muy tarde y eso) y cuando ya no sabía qué más decir me callé y dejé que él tuviese su reacción… Siguió un rato llorando, quejándose y gritándome mientras paseábamos. De repente, se hizo el silencio. Yo seguí sin decir nada. Los silencios también son necesarios. Unos minutos más tarde empezó a hablarme como si nada hubiera pasado. Él necesitaba tener su reacción de rabia y enfado y yo se lo permití, sin juicios, sin represiones… Gracias a eso, en unos minutos estaba bien.

Hoy en día, cuando soy yo la que me cabreo, él se va a otra habitación y me dice “bueno mamá, cuando te tranquilices hablamos”. Reconozco que, en el momento, suele cabrearme aun más que me diga esto, jejeje, pero cuando ya estoy más tranquila, su reacción me parece fantástica. Es capaz de ver que estoy cabreada, de no tomarse mi cabreo como algo personal contra él, sino que ve que es algo mío, y no le presenta ninguna dificultad verlo y entender que necesito mi tiempo a solas para “recuperarme”. Tampoco intenta “animarme” o convencerme para que deje de estar cabreada. Lo acepta y me deja mi espacio. Personalmente, me parece bastante impresionante para un niño de 5 años.

En una ocasión, tuve un momento de bajón de esos en los que me siento mal conmigo y con cómo estoy haciendo las cosas (sí, soy humana, madre real, cansada…) y dije “soy una madre horrible”. ¿Qué dijo Antek? “Mamá, no eres una madre horrible, eres una buena madre, lo que pasa es que ahora estás enfadada y por eso piensas así”. Ya, la primera parte la habría dicho cualquier niño, pero… ¿la segunda? A mí la segunda me impresionó bastante, que sea capaz de darse cuenta de que cuando nos sentimos mal, decimos cosas que no necesariamente pensamos, que cuando nos sentimos mal nuestra forma de ver las cosas es diferente, como si tuviéramos un velo oscuro delante de los ojos, que no nos permitiera ver bien la realidad… Y él, con 5 años, lo sabe.

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Últimamente también me dice que cuando yo me enfado tardo mucho en tranquilizarme y que él se tranquiliza mucho más rápido que yo. Tiene razón. Cuando yo me enfado, me quedo mucho ahí, en el enfado, casi regozijándome en lo mal que me siento, lo enfadada que estoy o lo que quiera que sea que estoy sintiendo… Es algo que estoy trabajando para cambiar, pero también me resulta curioso que él ya se haya dado cuenta de esto.

Tiene unas reacciones en cuanto a las emociones que me impresionan muchas veces, ya no solo por cómo maneja sus emociones sino también las mías.

Otro día que me dio un “cortocircuito” mientras estábamos ordenando y limpiando la casa antes de una visita y empecé a decir que no sabía por qué invitaba a gente si me generaba mucho estrés limpiar la casa antes de la visita, coge y me dice super tranquilo “Ya, pero piensa lo bien que te vas a sentir cuando estén aquí”. 5 años, insisto, tiene 5 años.

O un día que quería que le buscara juguetes y tenía que hacer la comida y me cabreé con él y me puse en plan niña pequeña y víctima “Ala, pues buscamos el juguete y hoy no comemos y cuando tengas hambre, vas a tener que esperar a que haga la comida y no vas a poder comer otra cosa” (sí, yo a veces soy lo peor, no vayas a creer que siempre soy esa madre paciente y amorosa que QUIERO y me estoy trabajando para ser, también te hablo de mis momentos de sombra, maternidad real pura y dura) y va y me suelta todo tranquilo “Mira, tengo una idea, vamos a buscar ahora otro juguete que sí sabemos dónde está, y así lo encontramos rápido, luego vas a hacer la comida y después de comer buscamos ese otro que no sabemos dónde está. Es una buena idea, ¿no?” Vamos, que básicamente dijo él lo que podía haber dicho yo… Me atrevo a decir que en esta anécdota yo tuve la rabieta y él la solución y gestión de emociones…

¿Cómo ha llegado Antek a este punto? Pues a base de mucha paciencia por mi parte, de hacer lo posible por no reprimir sus emociones, de respetarlas, de validarlas, de buscar soluciones juntos, de hablar después de cada episodio sobre lo que había pasado… De normalizar las emociones, sin hablar de malas y buenas, de reacciones malas y buenas… Todos estamos aprendiendo. También ha llegado ahí a base de YO mostrar mis emociones, de no esconderlas, de llorar delante de él, de enfadarme, a veces incluso gritar, y luego hablarlo también, igual que hablamos de lo que le ha pasado a él cuando ha tenido una reacción emocional, también hablamos de las mías… Insisto: TODOS estamos aprendiendo.

A veces, mamás con hijos más pequeños que Antek, me preguntan cuánto tiempo duran las rabietas, si se acaban a alguna edad… Mi respuesta suele ser un tanto cómica, pero sincera:

“No lo sé, yo tengo ya 36 años y sigo teniendo rabietas…”

 

¿Y tú? ¿Sigues teniendo rabietas o ya has pasado esa fase? 😉

5 comentarios sobre “Sobre las rabietas, emociones y otras cosas de esas difíciles de explicar

  1. Me encanta, me da esperanza leer post así!!
    La verdad que es la misma conclusión sobre la gestión emocional a la que he llegado yo después de darme cuenta que no tenía ni idea de cómo hacerlo. Sólo que aún me queda integrarlo mejor. Y sí, sigo teniendo rabietas también, y no pocas.

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    1. Yo también estoy ahí, viendo la manera de integrarlo mejor… A veces, cuando siento que hay algo que no lo he gestionado como me habría gustado, intento visualizarme gestionándolo mejor (por ejemplo por la noche, en cama). Guardo la esperanza de que a base de visualizarme mucho, un día me empiece a salir de una forma más natural y sin que me cueste mucho, ji ji ji. No es fácil porque con nosotras no se hizo así, y muchas veces nos salen automáticos o simplemente respondemos con una rabieta nuestra a una rabieta suya… O al menos a mí me pasa… También me voy dando cuenta de que esos momentos más bajos me pasan más cuando no me he estado cuidando o cuando estoy en esa parte del ciclo menstrual… Supongo que también merece la pena ir viendo la manera de sacar provecho de esa información, pero todavía no sé cómo o no tengo la cabeza para pararme a pensarlo demasiado en estos momentos…

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