Maternidad · Reflexiones

Una decisión muy personal

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Creo que todas sabemos a estas alturas que en la crianza de los hijos casi todo son decisiones muy personales, y en la mayoría de los casos, todo vale. Pecho o biberón, colechar o dormir separados, ir a la guardería o quedar en casa, BLW o papillas… Probablemente todas tienen sus pros y sus contras y cada familia debe elegir aquellas con las que se sienta cómoda (más que dejarse llevar por aquellas que otros les dicen que son las que tiene que hacer). Elijamos lo que elijamos, siempre va a haber quienes opinen que lo estamos haciendo mal. No quiero ser negativa, creo que es así y por lo tanto lo que quiero decir con esto es que es mejor hacer aquello que queremos hacer, ya que al final hagamos lo que hagamos siempre vamos a tener detractores… Ya se lo decía el conde Lucanor a Patronio en su cuento “Lo que sucedió a un hombre bueno con su hijo”: Por críticas de gentes, mientras que no hagáis mal, buscad vuestro provecho y no os dejéis llevar. ¿También lo leísteis en el cole?

Algo que a mí se me hace muy curioso, no obstante, es como en muchas ocasiones la gente te ofrece su opinión como si fuese una verdad absoluta y te mira con los ojos como platos por hacer algo que ni siquiera era consciente de que se podía hacer de otra manera… Hoy vengo a contar una de estas decisiones muy personales, porque la reacción que recibí de algunas personas me llegó a hacer dudar durante algunos días, si es que me había vuelto loca y realmente estaba cometiendo un fatídico error…

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El caso es que aquí en Alemania, las pruebas para comprobar si el feto puede tener síndrome de Down o alguna enfermedad similar, esas que se hacen en España creo que en la semana 11 de embarazo, aquí son de pago. Y yo, sin pensarlo demasiado, decidí no hacerlas.

En algún momento, alguien me dijo que estaba loca, que cómo no me las iba a hacer, que podía venir el bebé con Síndrome de Down o algo, que mejor saberlo… Empecé a dudar muchísimo, a pensar si realmente estaba tan loca por no haberme preocupado por esto… En parte no me había preocupado porque no creía que hubiese riesgo, ya que en ninguna de nuestras familias había “antecedentes”. Pero el discurso de esa persona y sus palabras, que resonaban en mi cabeza, me hicieron entrar en un océano de dudas y empecé a ver si me sería posible hacerla todavía…

En medio de esa búsqueda casi frenética, porque yo ya me había pasado de la semana en la que había que hacerlas, y por lo tanto tendría que hacerla muy rápido y eso era complicado, empecé a sentir una ansiedad que nada tenía que ver con las pruebas, empecé a darme cuenta de algo… ¿Qué pasaba si en las pruebas me decían que había posibilidades de tener un bebé con síndrome de Down? ¿Detendría entonces el embarazo? El simple pensamiento de detener mi embarazo me generaba una sensación en el cuerpo de todo menos agradable… Y como llevo ya unos años intentando escuchar las señales de mi cuerpo, entendí que algo me estaba diciendo…

De repente, un día, dejé de buscar frenéticamente un ginecólogo que pudiese hacerme esa prueba y empecé a buscar otras cosas… Hasta que di con este vídeo…

Después de echar una buena llorera (imagino que las hormonas ayudarían, pero solo un poquito, porque es un vídeo muy emotivo) lo vi clarísimo. No me importaba si el bebé que llevaba dentro tenía síndrome de Down. Era mi bebé y lo quería, viniese como viniese. Interrumpir el embarazo por eso, para mí estaba totalmente descartado…

Así que dejé de buscar, acepté esa realidad, acepté que si venía con síndrome de Down, seguiría siendo mi hija, y el embarazo seguiría adelante, por lo tanto no tenía sentido hacerme esa prueba.

Uno o dos meses más tarde, en Alemania me dieron la opción de hacer una ecografía adicional en un hospital donde tenían mejores instalaciones y la ecografía sería de mejor calidad. Esta ecografía me la ofrecían de manera gratuita por el hecho de que cuando el bebé naciera yo tendría más de 35 años, y por lo tanto ya estaba en algún tipo de grupo de riesgo. La acepté, aunque en este caso más pensando en que quizá me pudieran confirmar el sexo y porque pensé que podía ser chulo verla en una ecografía de mejor calidad que la que tenía el ginecólogo del pueblo en el que vivimos.

Si no fuera porque intento aprender de las meteduras de pata y no me gusta arrepentirme, me habría arrepentido de esta decisión… La ecografía duró muchísimo, parecía que no se acababa nunca. Para mí fue super incómodo tenerla tanto tiempo apretándome la barriga con el aparato ese, y además había momentos en que tenía la impresión de que estaba molestando mucho al bebé, que se movía como si estuviese diciendo “dejadme ya tranquila”… Antek también estaba con nosotros y para él también fue excesivamente largo (estuvimos no sé si una hora o más, nunca lo habría imaginado…) Y encima, al final, nos dicen que hay algo que se ve en la ecografía que podría ser señal de que la bebé tiene síndrome de Down. Y nos dicen que si queremos confirmarlo, tendríamos que hacer otra prueba (supongo que nos hablaba de la amniocentesis y de otra prueba de sangre; nos dio el precio de ambas y ninguna bajaba de 300 euros). También nos dicen que podemos volver dentro de una semana (o dos, ya no me acuerdo) a hacer la misma que acabábamos de hacer para ver si había cambiado algo. Mi marido dijo que ese detalle del que hablaban, ese que decían que podía ser indicador de Síndrome de Down, que era algo que él también tenía. Entonces el tocólogo dijo que en ese caso era muy probable que se tratase de algo genético, pero que solo tendríamos seguridad haciendo las pruebas. Preguntamos qué información nos darían esas pruebas y solo nos daría información de si tenía Síndrome de Down (no de algún defecto que a nosotros nos pareciese que sí podía restarle calidad de vida) y en un porcentaje (o sea, no era un sí o no, sino un porcentaje de probabilidades).

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Yo salí de allí muy tranquila, pero a Tata le afectó más de lo que imaginaba… Durante unos días estuvo bastante nervioso y yo casi arrepentida porque él no quería hacer aquella ecografía y la habíamos hecho porque yo había insistido… Le recordé lo que habíamos decidido apenas hacía un mes, que si tenía el Síndrome no íbamos a abortar, por lo tanto no tenía sentido hacer esa prueba. Y le dije también que yo estaba segura de que la niña salía a él, y que eso que habían visto era “el sello de Tata”, nada más.

Si habéis visto alguna foto de ella, aunque no se le vea la cara (no suelo publicar de frente) y aunque tampoco hayáis visto la de Tata, seguro que a pesar de todo diríais que salió más a él que a mí 😉 Pelo claro como Tata (bueno, él es pelirrojo, ella lo tiene castaño claro) y ojos claros (aunque no del mismo color). En alguna ocasión incluso me han preguntado con incredulidad si era mi hija, o me han dicho directamente que salía al padre sin conocerlo…

No hay como la intuición de una madre, ¿eh? 😉

De todos modos, con este post no pretendo decir que mi decisión sea la correcta. Solo pretendo mostrar que es posible tomar una decisión que no es la típica y que es tan respetable como cualquier otra. Quienes no se sienten capaces o preparados para tener un niño con Síndrome de Down, o quienes creen que la gente con ese síndrome no tienen una vida plena, están en su derecho a decidir interrumpir el embarazo, al fin y al cabo ELLOS van a ser los padres de ese bebé.

Yo, como madre de mi bebé, también tenía derecho a elegir, a decidir si me importaba o no que tuviese ese síndrome. Y no me malinterpretes tampoco, que no es que “me diese igual”. Claro que prefería que no lo tuviese, básicamente porque creo que la vida es más fácil cuando no lo tienes. Pero de la misma manera que prefiero tener un hijo que no es ciego, ni sordo, ni mudo, pero si lo tengo seguiría amándolo y a su lado siempre, para conseguir que la vida fuese lo más fácil posible dentro de sus circunstancias.

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Conozco a gente con Síndrome de Down, a gente ciega, a gente muda y a gente sorda que llevan vidas muy plenas y que son unas personas fantásticas. Es posible que eso influyese en mi decisión, no solo la campaña que compartí antes.

Como ya sabes, mi hija al final no tuvo síndrome de Down, y yo soy muy feliz de no haber dudado ni por un instante de que quería verle la cara a esta pequeñaja 🙂

2 comentarios sobre “Una decisión muy personal

  1. Permitimos que la gente quiera imponernos sus criterios, compartan sus miedos haciéndolos nuestros sin mala intención pero entramos en un bucle. Hay una historia muy bonita del famoso Andrea Bocelli con respecto a la decisión de su madre de tenerlo aún sabiendo de su ceguera. Sin juzgar a nadie, esto que nos cuentas me emociona, te hace sentir orgullosa y privilegiada de ser la madrina de tu hija .y lo habria sido igualmente y con el mismo agradecimiento por poner tu confianza en mí si tuviera Sindrome de Down.

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    1. Gracias por tu comentario y por todas tus palabras, me has sacado una sonrisa y mi corazoncito ha sentido algo agradable (no sé cómo describirlo, jeje). Hacía tiempo que no pensaba en esta anécdota, me acordé el otro día observando mi pie (fíjate) porque lo que vieron en Ana era “algo” en su pie… Y ahí está, ahora, correteando con su precioso pie 🙂

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