Maternidad · Mi experiencia

Mi pérdida gestacional

perdida gestacional

Hoy me apetece hablar de un tema bastante íntimo, como es la pérdida gestacional, también teniendo en cuenta cómo lo llevé con Antek… Me atrevo a decir que de una forma poco “tradicional”, pero era la que tenía sentido en mi cabeza, la que a mí me resonaba…

Como han pasado ya casi tres años desde entonces, he decidido añadir a este post escritos que hice en los días en los que dicha pérdida tuvo lugar, para aportar también la visión que tuve en aquel preciso instante, ya que hay sentimientos que se pueden expresar mucho mejor en el momento en que se tienen, que casi tres años más tarde.

Para empezar, supongo que para muchas será extraño que estando de poco más de cinco semanas, mi hijo de tres años supiera que estaba embarazada (o incluso que yo lo supiera… aunque seguro que las que han buscado un embarazo esto último lo entienden). Digamos que intento llevar con Antek, dentro de lo que me es posible, una relación de sinceridad. Suele ser lo que me sale, no fuerzo nada. Y no me salía no decírselo, no me salía ocultárselo. Para mí era extraño y artificial ocultar a la persona con la que compartía casi todas las horas de mi día, la persona más importante en mi vida, que llevaba una personita en mi barriga.

Quizás algunas personas me podrían decir que a esa edad le podría costar procesarlo, o que se le podría hacer muy dura la pérdida, que mejor no hacerle pasar por eso… Bueno, esa es una de las razones por las que decidí compartir nuestra historia…

¿Qué hizo Antek cuando le dije que tenía un bebé en la barriga? Me dijo que él también, y desde entonces estuvimos embarazados al mismo tiempo, yo con mi bebé, y él con el suyo…

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Cuando estaba de cinco semanas, a pesar de que aún era pronto y sin ni siquiera esperar a tener un retraso claro con la regla, me hice un test de embarazo que dio positivo. En aquella época estaba en la Tribu de Madres Conscientes de Yvonne Laborda, donde recibí mucho apoyo emocional durante toda mi estancia y en especial cuando esto sucedió. Y todavía tengo los textos que escribí esos días y que son precisamente los que quería compartir en este post. Eran textos muy íntimos, pero he decidido compartirlos porque me gusta compartir estas historias tan reales, porque creo que hay mamás que las han vivido y no son capaces quizá de compartirlas, y les reconforta leer sobre historias similares, con la que quizá puedan sentirse identificadas, nos hace sentir acompañadas (a mí me ayudó mucho en su momento leer la historia de Aguamarina de De mi casa al mundo).  También me apetece compartir estos textos porque hoy la historia la cuento desde mucha distancia en el tiempo (pasó hace casi 3 años) y me gustaría añadir en el post algo escrito en su día. No solo lo que recuerdo, sino lo que sentí de verdad. Como decía, el texto que sigue lo escribí para anunciar el test positivo que hice en la quinta semana y en él comentaba lo siguiente:

Desde que ha salido el test positivo me he llenado de miedos. Entre ellos miedos de que el embarazo no llegue a su término o de que el bebé llegue con problemas o enfermedades… [Estos miedos eran porque unos días antes de hacer el test, un médico le había dicho algo sobre su salud a mi marido que nos dejó un poco preocupados. Resultó no ser cierto, pero entonces no lo sabíamos].

Por la noche decidí, mientras pensaba en pedir ayuda para luchar con este miedo, que en realidad no tengo que luchar con él, sino aceptarlo. Tengo miedo, mucho. Pero también tengo un ser creciendo dentro de mí que me necesita, y para quien quiero ser el mejor hogar posible pase lo que pase, tanto si llega a estar en mis brazos como si tengo que despedirme de él en unas semanas, tanto si llega sano como si no… Es mi bebé.”

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Cinco días después, escribía:

Querida tribu. Hoy por la mañana he tenido unos pinchazos muy fuertes. Tenía ya la cita para el ginecólogo a las 15 y se lo he comentado. Me ha dicho que podía no ser nada o podía ser una pérdida gestacional. Luego me ha hecho una ecografía y ha dicho que parecía que había un embarazo, pero no podía asegurarlo por estar de muy pocas semanas. El lunes me lo confirma. [Esto fue un jueves]. Mientras tanto, no voy a pensar que lo he perdido porque eso no ayuda a nadie. Mientras nadie demuestre lo contrario, tengo un bebé que sigue creciendo dentro de mí, sin prisas pero sin pausa…”

Un día después, cuando aun no eran ni las 8 de la mañana, escribí:

Desde ayer estoy sangrando como si me hubiese bajado la regla. Estoy muy asustada. No siento fuerzas para seguir positiva. Siento que lo estoy perdiendo. Estoy triste. No encuentro fuerza…

Creo que lo peor es que me estoy juzgando por sentirme débil, y creo que en cierta manera me pregunto si ha sido mi culpa, o sea que me estoy culpabilizando. Estoy haciendo todo lo que sé que no debería hacer… ser negativa, juzgarme, culpabilizarme… Me siento pequeñita…”

Antek entonces no iba al cole, mi marido se fue a trabajar y yo me quedé en casa, sangrando, desconsolada, y con Antek haciéndome compañía… ¿Y qué pasó? ¿Disimulé? ¿Me fui a llorar al baño? ¿Me animé para no preocupar a mi hijo? No… Lloré, lloré sin parar durante al menos dos horas. Estaba perdiendo a mi bebé y tenía todo el derecho del mundo a llorar. Habría estado bien poder hacerlo con cierta intimidad, y que alguien hubiese estado con Antek, pero no pudo ser. Le puse la tele, él se puso a verla por ratos, otros ratos se puso a jugar, y así fueron pasando las dos horas en las que yo no podía parar de llorar y tampoco lo intentaba. Me lo permití, me lo permití con total conciencia, estaba perdiendo un bebé que deseaba, tenía todo el derecho del mundo a sentirme triste y mi tristeza deseaba salir en forma de llanto. Lloré hasta que no me quedaban más lágrimas…

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Puedo añadir que cuando fui a la consulta de mi ginecólogo para explicar lo que estaba pasando, no fui capaz de decir mi nombre y apellidos, entré en la consulta y cuando iba a hablar me eché a llorar, y no era capaz por más que lo intentaba de decir quién era. Tuve que sacar un documento de mi cartera y entregárselo para que pudiese ver en ella mis datos y buscase mi historial… Me dijo que fuese a las 12, cuando iba a cerrar. Me atendería al final. Volví a casa, por suerte estaba a 5 minutos andando.

También supongo que merece mención el hecho de que Tata se fuese a trabajar y me dejase sangrando y llorando en casa… Es posible que a mucha gente le parezca algo terrible, a mí misma me lo pareció al principio… Pero al final no me enfadé. En la tribu en un comentario a mi propio post expresé: “Acepté su manera de llevarlo, tan extraña para mí, y busqué la compañía donde sabía que la encontraría, en vez de buscarla en él como siempre, para luego enfadarme al no recibir de él lo que deseaba… Esta actitud de comprensión hacia él también me ha permitido no enfadarme por algo que no tenía sentido. Él lo ha vivido de una forma diferente, y ha intentado acompañarme como ha podido.” A pesar de estar en un momento tan duro, fui capaz de ver que él no podía sentir mi dolor, y no busqué apoyo en él, sino en personas (madres) que sí pudiesen entender lo que estaba pasando. ¿Cómo podía entenderlo él? Para él solo había sido una rayita en un test de embarazo, ni siquiera había visto una ecografía, ni notado la barriga más grande, casi no había tenido tiempo ni de hacerse a la idea… (esto pasó 7 días después del positivo).

Cinco horas después, volví a escribir en la tribu:

He ido al médico, hay un 98% de posibilidades de que estoy perdiendo a mi bebé. Sé que si lo pierdo será porque tenía que pasar, porque no estaba preparado para este mundo, solo vino a estar conmigo un poquito en mi barriga. Estoy triste, muy triste, no lo voy a negar, pero acepto lo que sea que venga. Gracias por acompañarme . Un abrazo

Una cosa curiosa, que no recordaba del todo bien (y para esto me ha venido muy bien tener estos textos) es esta que escribí sobre Antek este mismo día en un comentario a las respuestas que había recibido en el mensaje anterior: “Aquí tengo a Antek animándome sin ni siquiera proponérselo. Me ha dicho que tenía un bebé en la barriga pero que lo perdió, se le cayó en las escaleras [sí, eso me dijo]. Lo más curioso de esto es que me lo dijo ayer. Me ha hecho reflexionar mucho, casi como si hubiese podido predecir lo que iba a pasar. Pero me ha sacado una sonrisa lo de que su bebé se le cayó de la barriga en las escaleras, y por eso ya no tenía bebé en la barriga.”

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Por otra parte, comentar que mientras yo lloraba y Antek esperaba pacientemente, en algún momento me preguntó qué me pasaba y le expliqué que estaba triste porque estaba perdiendo al bebé, a lo cual él me recordó que él también había perdido al suyo. Esa fue más o menos toda la conversación que tuvimos sobre el asunto, sobre mi llanto. No tuvo ningún tipo de trauma porque su madre estuviera llorando durante dos horas sin parar, no tuvo ningún tipo de trauma porque el bebé anunciado no iba a llegar… Lo aceptó con toda la naturalidad del mundo, con toda esa naturalidad con la que nos encantaría a todos ser capaces de aceptar las pérdidas. Y siguió tan tranquilo haciendo sus cosas y con una conciencia especial que hizo que a penas me pidiese presencia, que entendiese que no podía dársela… Esta es solo una de las miles de veces que Antek me ha demostrado ser un maestro que viene a enseñarme tantas, tantas cosas…

Dos días después, el domingo antes de ese lunes en el que me confirmarían la pérdida, escribía nuevamente en la tribu para compartir cómo me sentía:

Sé que el médico me dijo que parecía un aborto pero no podía confirmarlo hasta que no fuese de verdad, que era probable en un 98 % (no sé de dónde salen esos porcentajes) y todo eso… Pero realmente yo sé que el bebé no venía a quedarse. Lo siento, lo siento en el cuerpo, se está yendo. Me ha costado, pero por fin lo he aceptado y lo he entendido. El bebé no venía a quedarse y yo lo sabía desde el día en que vi las dos rayitas y me inundó un pánico que no era normal. Sabía que no venía a quedarse y me asustaba no saber qué hacer para cambiar eso, para que se quedara a pesar de todo… Ahora entiendo que no tenía que intentar cambiarlo, tenía que aceptarlo. Desde que lo he aceptado, me siento bien y me he dado cuenta de todo lo que necesitaba aprender, de todo lo que este bebé me ha traído con su breve visita. Me ha enseñado, entre otras cosas, que no tengo que tener miedo de algo que todavía no ha pasado, porque ese miedo no solo no me ayuda a llevar mejor eso cuando pase, sino que me impide vivir y disfrutar el presente (esto lo sabía, pero se ve que necesitaba recordarlo…)

He entendido que este bebé no venía para estar con nosotros, sino para enseñarnos, comunicarnos, muchas cosas. Entre ellas también el hecho de que soy capaz de aceptarlo, soy capaz de aceptar que un bebé no venga a quedarse. No me creía capaz, y sin embargo resulta que lo he sido. Pasé más miedo mientras creía que me dejaría que cuando supe que lo haría. Entonces entendí que solo tenía que aceptarlo, aceptar que no estaba en su destino llegar a mis brazos…

Venía a enseñarnos que se puede querer a alguien a quien no se ha podido ver, solo sentir. Que el amor va más allá de lo que nos traen los cinco sentidos. Y que el amor también implica saber aceptar, aceptar que no se quede, aceptar que no haya venido para quedarse, aceptar que nos deje…

Este fin de semana me he dado unos caprichos, no para anestesiar mi pena, sino para celebrar el amor, no para llorar que se fue, sino para celebrar que ha estado.

Ha sido muy duro, pero hoy me siento bien, me siento fuerte, me siento como si mis ojos se hubieran abierto un poco más y pudieran ver cosas que antes no podían. Y esto se lo debo a ella (era una niña). Gracias.”

 

El sábado, un día antes de escribir ese mensaje, paseando por un parque salió este arcoíris. A mí me gusta mucho ver señales, sobre todo si estas me reconfortan (nunca veo señales que no lo hagan, al fin y al cabo soy yo la que las elige y la que elige verlas como señales), y para mí fue una señal clarísima de que mi bebé arcoíris no tardaría en llegar. Llegó a mis brazos exactamente un año, un mes y 4 días después de ese arcoíris. A mi barriga llegó mucho antes 😉

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A día de hoy, Antek no recuerda mi pérdida, no fue un acontecimiento que lo marcase. Sé que no la recuerda porque alguna vez le he preguntado. No tengo intenciones de dejarlo en el olvido y no mencionarlo nunca, porque es algo que pasó, y también está bien que él (y en su día mi pequeña arcoíris) lo sepa, que hubo otro embarazo, que hubo otro bebé, que no llegó a nuestros brazos, que no vino para quedarse… Es una lección de vida, mucho más interesante que cualquiera que nos explican los libros de texto de la escuela. Es real, es la realidad, y los niños aprenden de la realidad más que de ninguna otra cosa.

Espero que mi relato sirva a alguna mamá, y si no es así, de momento me ha servido a mí, ha sido incluso bonito recordar todo esto mientras creaba este post.

Por si te interesa, te dejo enlace a este otro que escribí poco después de la pérdida. Muy breve, ya que entonces no me apetecía todavía escribir sobre el tema en plan extenso de forma tan pública (como ahora). Aquí lo tienes:

7 días

Gracias.

 

4 comentarios sobre “Mi pérdida gestacional

  1. Es muy emocionante leer sobre ésos días, de algún modo yo también los sentí contigo y ahora los vuelvo a recordar cómo se fuese ayer. Gracias por compartir de nuevo esa parte de tí, la serenidad y la tranquilidad que desprendes son siempre maravillosas. Aprendo mucho de tí.

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