¡Mecachis Mama! · Crianza consciente · Mamá de dos · Maternidad

Amar a dos es posible

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Seguro que a más de una mamá le ha pasado, antes de tener a su segundo hijo, esa mezcla de sentimientos, esos sentimientos tan contradictorios… Es algo que sabes que te va a pasar, lo has leído, te lo han explicado tus amigas que ya tienen más de uno, pero aun así es imposible imaginarlo. Supongo que igual que tener hijos, no imaginas lo que es hasta que los tienes…

Mientras estaba embarazada de mi preciosa bebé arcoíris, muchas veces me sentía, casi sin quererlo, como si estuviese a punto de ponerle los cuernos a Antek, como si estuviese a punto de serle infiel. Había incluso momentos en los que pensaba que él podía sentirse triste cuando la cogiese en brazos, la llenase de besos, le dijese que la quería, la llamase “mi amor” o “mi cariño”, me preocupase por ella, fuese corriendo cuando llorase… Pensaba que quizá al verme tan preocupada por ella podría sentirse desplazado, podría sentir que mi amor por él había disminuido, que mi amor se había centrado más en ella…

¡Cuánto me equivoqué!

Cuando mi pequeña arcoíris llegó al mundo resultó que yo no era capaz de no ser así, de no hacer todo eso, no era capaz de disimular ante Antek lo mucho que la adoro… E hice todas esas cosas, todas, repetidas veces, una y otra vez, no podía parar… Sí es cierto que los primeros días, cuando él llegaba a vernos al hospital, yo me sentía super rara y veía que él también, y había momentos en que casi se me hacía raro mirarla o cogerla, quería mirarlo a él y abrazarlo a él y hablar con él… No quería que se sintiera más desplazado de lo que yo pensaba que ya se estaría sintiendo. Por primera vez nos habíamos separado por tanto tiempo, por primera vez nos habíamos separado por las noches, primeras noches durmiendo sin mí… Y mientras, yo, con su hermana…

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Sin embargo, él lo entendía todo. Yo se lo había explicado muchísimas veces, que cuando llegase el momento tendría que estar varios días en el hospital, que tendría que dormir allí, que él podría dormir con la abuela… Se lo expliqué tantas veces para estar segura de que lo entendía que llegó a decirme “Ya me lo dijiste un montón de veces mamá, ya lo entiendo” (sí, mi hijo de 4 años…) Entendió que tenía que quedarme en el hospital, aunque no le gustase. Cada día me preguntaba si ya podía volver, le explicaba que no y lo aceptaba, no protestaba ni insistía. Se comportó de una forma tan madura, fue tan impresionante, que incluso lloré lágrimas de… No sé de qué, de “mi hijo ya es un hijo ‘mayor’, ya lo entiende todo…”

¿Y qué pasó con todo eso que yo sentía que quizá podía hacerle sentir mal? Los abrazos, los besos, ir a junto ella cuando llora, llamarla “mi cariño” o “mi amor”, preocuparme cuando llora… Todo eso que yo creía ingenuamente que quizá debía disimular, pero que llegado el momento no podía, no era capaz, no me salía y, además, mi instinto me decía que no era lo correcto, que no era lo que debía mostrarle a Antek… Qué razón tenía mi instinto… Porque le hubiera mostrado a Antek que no me importaba el bebé, que no era tan importante, que no pasaba nada si lloraba… ¿Y qué habría hecho Antek? Lo mismo, porque los niños a esta edad son nuestros espejos, nos toman como modelos, lo que nosotros hacemos para ellos siempre “está bien hecho”, así que habría visto mi comportamiento normal y habría aprendido de él…

mi espejo

¿Qué le enseñé a Antek con un comportamiento que mostraba que quería al nuevo bebé igual que lo quise a él? ¿No es obvio? Cuando la peque llora, Antek dice que tenemos que ir a ver qué le pasa, o me dice que le tengo que dar teti; cuando hace caca, me dice que tenemos que cambiarle el pañal; cuando la pongo en la cama tumbada se tumba a su lado, le habla con cariño, le sonríe; cuando ella le sonríe él se emociona, me dice muy contento que le ha sonreído y cuando le habla, además de “chavala” como le decía Avoa, jeje, también le dice “mi cariño” y “mi amor”, como le digo yo 🙂

Los niños no son celosos por naturaleza. Los niños por naturaleza sienten apego y aprecio por los bebés, sienten cariño… Pueden sentir lo que llamamos celos si cuando llega el bebé se sienten apartados, sienten que se les hace menos caso, sienten que molestan… Pero no tiene por qué ser así. Podemos dejar que nos ayuden (a echar la ropa sucia del bebé al cesto de la ropa sucia, o el pañal sucio a la basura), jugar con ellos al tiempo que le damos el pecho al bebé (Antek ha inventado un montón de juegos para jugar en el sofá mientras le doy la teti a su hermana, creo que hasta le gusta el momento de la teti porque es un momento en que me tiene “acorralada”, sabe que no voy a levantarme de repente para ir a limpiar algo aquí o preparar algo en la cocina o recoger eso de allá, jejeje), y si porteamos al bebé además podemos seguir haciendo muchas cosas que ya hacíamos antes con el grande, mientras el bebé duerme plácidamente en el fular o mochila.

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Claro que habrá momentos en que sientan que mamá está poco, está menos, y habrá malestar… Es inevitable hoy en día, en la soledad en la que vivimos, sin tribu… Pero si en esos momentos no nos enfadamos, los seguimos queriendo (quiéreme cuando menos lo merezco porque es cuando más lo necesito), les explicamos que entendemos lo que les pasa, los validamos (“entiendo que te gustaría jugar ahora conmigo, pero en estos momentos tengo que hacer X, tan pronto como acabe jugamos, ¿vale?) en lugar de enfadarnos, etiquetarlos (de pesado, de caprichoso, de celoso, de repugnante, de impertinente… es increíble la de etiquetas que se les ponen a los niños cuando lo único que piden es algo que necesitan…) y si además los integramos en las nuevas rutinas y el nuevo día a día, al menos los primeros meses del bebé no tienen por qué ser tan difíciles. Luego ya cuando el bebé gatee, ande, le empiece a quitar sus juguetes y todo eso, ya tendremos que volver a reinventarnos, una vez más, pero ese es un problema del futuro. Al menos ese principio que a veces se nos presenta tan caótico en la cabeza, en nuestra querida imaginación (al menos en la mía), no tiene que ser tan tremendo. Para nada…

Es duro, y más si lo vives en cierta soledad, sin tribu, sin familia cerca… Pero es precioso, y una experiencia de la que se puede aprender tanto, tanto, tanto… Cada día estoy aprendiendo un montón con mi hijo y recordando muchos aprendizajes que ya había tenido con la pequeña. Disfrutando de una segunda maternidad quizá más difícil en algunos aspectos por tener a otro pequeño al que cuidar, pero mucho más relajada en muchos otros, por tener la experiencia del primero y todo lo que se ha aprendido en el camino…

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La maternidad, una experiencia preciosa, que te abre los ojos hasta tal punto que creías haber vivido con ellos cerrados hasta entonces, que te descubre el verdadero significado de muchas palabras, pero sobre todo de la palabra amor. La “bimaternidad”, que te sigue enseñando tantas cosas, como que es posible amar a dos personas de la misma manera, con la misma intensidad, y que te descubre tantas otras formas de derretirte de amor y de felicidad en tu día a día (sí, de caos y nervios y saturación y estrés y desesperación también, pero quedémonos con lo bueno 😉 ).

La bimaternidad, o cómo amar a dos personas de la misma manera, sin infidelidades 😉

 

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Crianza consciente · Maternidad · Nuestra experiencia

No llueve eternamente

no llueve eternamente

Creo que una de las dudas que tenemos en muchas ocasiones en la crianza es “¿cuánto va a durar esto?” referido a diferentes períodos, etapas, costumbres… A veces creo que he perdido el tiempo haciéndome esta pregunta, planteándome cuándo sería el final de algo en lugar de aceptarlo y disfrutarlo mientras dura, porque en el fondo muchas de esas cosas acaban siendo de las que echamos de menos, de esas en las que luego pensamos con cierta nostalgia…

En cierta medida creo que también afecta la sociedad, el ambiente que nos rodea, las opiniones de vecinos, médicos, otras madres en el parque, las cajeras del súper… Sigue leyendo “No llueve eternamente”

Maternidad · Minipost · Reflexiones

¿Guardería o escuela de autodefensa?

guarderia vs autodefensa

Hace una semanas una amiga volvió a mencionarme como buen motivo para que los niños vayan a la escuela infantil el hecho de que puedan aprender a defenderse en ella…

Ya dije mi opinión sobre esto en este otro post, pero la verdad es que he sentido la necesidad de volverme a pronunciar otra vez sobre este tema…

Vamos a ver…

¿Van a la escuela o al servicio militar? Sigue leyendo “¿Guardería o escuela de autodefensa?”

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Minipost: Lo importante es probar

En breve espero publicar por fin el post con las actividades de invierno… ¡Esta vez me está costando más que ninguna! De todos modos, ya estoy haciendo actividades y usando el hastagh #eninviernomedivierto (que es el del año pasado) en mis publicaciones de Instagram. Si quieres compartir tus fotos haciendo actividades de invierno con tu peque usando el hastagh puedes hacerlo ya, no tienes que esperar por el post 😉

La semana pasada hicimos una actividad que estará en la lista: patinar sobre hielo.

si no pruebas no sabes

Sinceramente, no pensaba hacerla. Yo no sé patinar, me da miedo, tanto que me bloquea, así que ir a patinar con él no me parecía una gran idea porque temía transmitirle mi miedo. No obstante, como teníamos una pista de hielo cerca de casa, durante semanas estuvo viendo patinar a niños y adultos y finalmente empezó a pedirme que él también quería. Yo intentaba ignorar su petición a ver si paraba, pero seguía y seguía, todos los días… Así que empecé a planteármelo… Por un lado pensaba que seguro que le daba miedo y no duraba la cosa ni 10 minutos… Pero había una Paula que decía “¿Y si no es así? ¿Y si te equivocas? Además, si es así, ¿qué importa? Al menos lo habrá probado y sabrá que no quiere; sin probarlo seguirá deseándolo…” Así que finalmente pregunté si yo podía ir con mis botas y él con los patines y me dijeron que sí, así que me armé de valor y fui con él… Sigue leyendo “Minipost: Lo importante es probar”

Crianza consciente · Maternidad · Reflexiones

¿Criamos de forma coherente y consciente?

 

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Hace unos días estaba en un grupo de juegos con Antek y había un niño que quería coger un camión con el que estaba jugando él. A Antek esto por supuesto no le gustaba, verlo al acecho, como un águila, mirando como jugaba con él, pero al menos sin lanzarse a cogérselo (que es lo que habrían hecho muuuuuuuuchos otros niños). De todos modos, a Antek no le gustaba, de vez en cuando me pedía que lo cogiese yo, como si tuviese miedo de que a él se lo quitase pero pensase que a mí me iba a respetar más y no me lo iba a quitar. Le dije que me parecía que solo estaba mirando como jugaba, que podía seguir jugando con él y cuando se cansase dejárselo.

No, no lo forcé a dejárselo al otro niño porque no me parecía justo. En el grupo de juegos hay muchos juguetes, y Antek eligió precisamente ese porque le encanta. No me parecía justo forzarlo a dejar su juguete preferido solo porque lo quería otro niño. Además de que no estoy de acuerdo con lo de “hay que compartir”, como ya expresaba en este otro post, no le veía sentido porque en muchas ocasiones los niños simplemente quieren un juguete con el que está jugando otro niño porque está jugando otro niño con él y si el juguete no lo estuviese usando nadie, no lo querrían. Entonces, a cada dos por tres tendría que decirle a Antek que le diese el juguete con el que juega a otro niño. ¿Qué sentido tiene eso? Sigue leyendo “¿Criamos de forma coherente y consciente?”

Así lo pasamos · Crianza consciente · Maternidad · Otoño

Así lo pasamos (un día de otoño) – Mindfulness, gestión de rabietas, parques alemanes… Todo en un día ;)

Hacía ya meses que no hacía un post de Así lo pasamos. Me ha apetecido hacer uno de forma improvisada, como siempre, de un día cualquiera de nuestro día a día. Esta vez ha tocado un viernes y ahora Antek ya tiene 3 años y todavía no va al cole. Estamos todos los días juntos. Algunos se preguntan qué hacemos. Realmente nada fuera de lo normal, porque desde mi punto de vista está en un momento en el que lo que de verdad necesita es jugar, explorar, aprender él solo por medio de la interacción y el juego con el medio que lo rodea (tanto si es fuera de casa como en casa con sus juguetes). Total, que este es un día cualquiera de nuestro día a día.

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