Maternidad · Reflexiones

Reflexiones sobre lo que de verdad importa

 

familia feliz

Hace ya unos meses, una amiga nos compartía en un grupo de amigas de Whatsapp lo mal que se sentía. A su vecinita de 8 años le detectaron un tumor y, en 11 días, se la llevó. Tenían mucha relación y nos contaba cómo se derrumbó al contárselo a sus hijos (los dos son más pequeños que Antek, o sea, menos de 5 años) y tuvo que salir de casa para que no la vieran tan mal.

Después de leerla, me salió compartirle algunas cosas. Por un lado no estaba segura de que fuese el mejor momento para decir ciertas cosas, por otro lado, era lo que me nacía decir en ese momento…

Al día siguiente por la mañana, mi amiga me agradeció mis reflexiones y me dijo que la habían ayudado. Leerla me emocionó y me dejó pensando que por qué no compartirlo con más gente, por si pueden inspirar a alguien más… Así que las dejo por aquí, porque qué otro lugar para compartir que mi blog que tengo medio abandonado…

Por respeto a la privacidad de mi amiga, la llamaré María, para evitar poner su verdadero nombre. Ya si ella quiere delatarse, que lo haga en comentarios, y si no, que quede en el anonimato.

“María, no hay palabras. Te mando un super apapacho.”

¿Conoces la palabra “apapacho”? Significa “abrazar con el alma”. Desde que la conozco, la adoro. Sigo…

“Yo últimamente intento acostarme o levantarme (o ambas) con un sentimiento de agradecimiento que casi siempre acaba siendo agradecer que estamos bien y juntos… Todo lo demás al final es lo de menos…”

Esta práctica empecé a hacerla una vez a raíz de un curso de Mindfulness que hice. A veces estoy sin hacerla durante una temporada, luego vuelvo… A veces la hago por escrito, a veces simplemente formulo el agradecimiento en mi mente… Es una práctica que me gusta mucho, es una forma de poner los pies en la tierra cuando estamos en alguna de esas épocas o días en los que lo vemos todo negro, nos sentimos saturadas, frustradas, enfadadas… Pararme a agradecer es un ejercicio muy bonito, me ayuda a poner el foco en lo bueno, en lo positivo, en todo eso que SÍ tengo, en todo lo que SÍ va bien… Y cuando te pones a agradecer muchas veces te das cuenta de cuánto hay que agradecer… A veces cosas tan simples como el hecho de estar, de despertarse cada mañana, de tener un trabajo, una casa, de estar todos bien, de estar juntos… Cosas que sin querer vamos dando por sentadas, como si fuera lo normal que fuesen así… Pero no, no lo son, no necesariamente… Hay quienes ya no están, hay quienes no están juntos, hay quienes ya no tienen un trabajo, quienes no tienen una casa, quienes no se despiertan una mañana… Por eso a día de hoy me parece tan importante recordarlo y agradecerlo, si es posible cada día.
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Sigo:

“Aquí la semana pasada una madre estaba esperando por su hijo a la salida de taekwondo, en el coche, y alguien le pegó un tiro por la ventanilla (en un pueblo vecino). Me quedé fatal ya no solo pensando en ella sino en ese hijo que sale de taekwondo y se encuentra con algo así… Al que le arrebatan así sin más a su madre… 😞

En cuanto a tus reacciones [porque mi amiga decía que había tenido que salir de casa para que no la viesen tan mal], si tú te sientes mejor teniéndolas en soledad, hazlo, permítetelo, pero no lo hagas para que no te vean. Las emociones se aprenden así, no leyéndole El monstruo de colores (u otros libros de emociones). Lo que ha pasado es una tragedia, tu reacción es normal y ellos pueden y quizá incluso deben saberlo, que hay noticias que provocan esas reacciones. Somos humanos, no robots. Yo lloré muchísimo cuando perdí el embarazo y cualquiera que hubiera visto la imagen no se la habría creído, yo desencajada llorando sin parar y Antek tan tranquilo, paciente, haciendo sus cosas esperando a que se me pasara… No compartía ni entendía mi dolor, pero yo creo que fue un aprendizaje para él de todos modos…”

Y no, no se asustó, como a veces piensa la gente. “No llores así, que lo vas a asustar”. No, no se asustan, aprenden. Cuando alguien está triste, llora; cuando está muy triste, llora mucho… Y no dejamos de llorar hasta que no deseamos dejar de hacerlo. Yo ese día no me permití frases del tipo “Venga, ya está, vamos a sentirnos bien. Venga, por Antek, anímate” ni nada por el estilo… Lloré simple y llanamente hasta que ya no me salió llorar más… Muchas veces creo que ahí estuvo la clave de lo rápido que lo acepté y empecé a sentirme mejor. No reprimí nada. Lo dejé salir todo y cuando ya sentí que así era, volví a hacer mi vida… A veces parece que nos forzamos a levantar cabeza cuando lo que en realidad necesitamos es tocar fondo, porque cuando ya lo tocamos podemos levantarla pero de verdad, sin que se nos vuelva a caer a cada dos por tres…”

Mi amiga también comentó que se sentía mal al pensar que sus hijos saldrían a la calle, jugarían y se reirían, y esa mamá oiría esas risas… Pensar esto le hizo sentirse también mal este día que recibió la noticia y se sentía tan mal.

“Que tus hijos se rían es normal, no pueden entender lo que ha pasado y a esa mamá no le va a parecer mal.

El dolor va a estar ahí tanto si se ríen como si lloran, pero porque su hija ya no está para reír y llorar, no porque ellos estén…”

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También quise agradecer a mi amiga su confianza en nosotras, en el grupo. A veces no queremos compartir ciertas cosas, cómo nos sentimos, quizá por no “molestar” a otros. Cuando en realidad cuando compartimos es casi como un regalo que le hacemos a otros, el regalo de depositar en ellos confianza y darles la oportunidad de acompañarnos en un momento en que necesitamos sentirnos acompañados, no deseamos sentirnos solos…

“Yo te agradezco María que compartas esto con nosotras, no sólo por la confianza que depositas en nosotras sino también porque creo que de vez en cuando, al menos yo, necesito un golpe de realidad… Que aunque ya lo tuve la semana pasada con lo que le pasó a esa mamá que contaba, no sé, sí siento necesario recordar que lo que tenemos es algo de lo que estar agradecidos… Cada día… Y saber de estas situaciones es una forma de recordarlo muy dura, pero al menos nos ayuda a sacar algo “bueno” de una situación de la que la familia y amigos cercanos no pueden… Nos recuerda la necesidad de hacer dentro de lo posible que cada día nuestros hijos se sientan queridos, de no poner peso en detalles como la limpieza, la puntualidad, la opinión de los demás, o cualquier otra cosa que nos moleste en el día a día… Porque lo único y lo que de verdad importa es el aquí y el ahora y el hecho de que en el aquí y en el ahora estemos bien… Y si lo estamos, todo lo demás da igual…”

Y para terminar y a modo de excepción, me animo a compartir unas fotos de mis peques para terminar el post con algo bonito y positivo. Te animo a compartir alguna foto de tus peques (o si no los tienes, de alguien a quien quieras mucho) con alguien (por WhatsApp, Facebook, e-mail, o enséñasela a quien tengas ahora al lado desde tu móvil). “Recordemos y agradezcamos que están aquí con nosotras y están bien. Tanto si lloran, patalean, tienen rabietas, se manchan, manchan la casa, comen porquerías, ven más tele de la que nos gustaría, se pelean… Pero también están para reír, jugar, abrazar, besar, correr, saltar, emocionar, derretir corazones… Agradecer que están tanto para lo “menos bueno” (que no malo) como para lo bueno ❤ Y que estén por MUCHISIMOS años más…”

Un comentario sobre “Reflexiones sobre lo que de verdad importa

Dime qué piensas, me encantará leerte :)

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